La sustitución de importaciones por producción nacional y la cultura de la dádiva destruyeron la Argentina

OPINIÓN Por Roberto CACHANOSKY
Una revisión histórica del Banco Mundial y de la Fundación Norte y Sur permite observar el pobre ciclo económico del país
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Un trabajo del año pasado en base a datos del Banco Mundial, muestra que Argentina fue el país que más tiempo estuvo en recesión entre 1961 y 2018, fueron 22 años de los 57 años considerados, seguido por la República Democrática del Congo; Zambia, Haití, Chad, Burundi y Guyana.


Este dato genera el disparador para remontarse a datos más antiguos en base a las estadísticas de la Fundación Norte y Sur. Si se toma desde 1880, el año en que se coincide en que se logra la consolidación nacional, hasta 2003 porque se pueden hacer cortes históricos que, como tales, pueden ser discutibles y para el debate, pero sirven para ubicar diferentes reglas de juego, se observa un claro período expansivo hasta 1916, que fue el período en que gobernó lo que se conoce como la generación del 80 o el Partido Autonomista Nacional.

Luego viene el corte entre 1916 y 1945 en que gobiernan radicales, militares y conservadores. El otro corte es el que corresponde a los dos primeros gobiernos de Peróny, luego de 1955 a 2003, que se lleva el podio con más tiempo en recesión.


Como puede verse en el cuadro precedente, el porcentaje de años en recesión va creciendo a los largo del siglo en estrecha relación con el abandono de las políticas que inspiraron la Constitución de 1853/60 y a medida que el Estado fue adquiriendo mayor intervención en la economía y el populismo fue tomando cada vez más fuerza.


Pero también se advierte que en la medida que la Argentina estuvo más abierta al mundo tuvo menos impactos recesivos y, por el contrario, en el período que fue al modelo de sustitución de importaciones por producción nacional, para “vivir con lo nuestro”, el tiempo de recesión aumenta, lo cual parece desmentir que una economía abierta al mundo es más frágil a los problemas internacionales.

En el gráfico precedente se puede ver con claridad como entre 1900 y mediados del siglo pasado, las exportaciones argentinas representaron entre el 2% y 3% del total mundial. A partir del momento que el país se cierra y pretende “vivir con lo nuestro”, esa participación baja hasta representar actualmente apenas 0,3% del total.

Obviamente la inseguridad jurídica, la falta de moneda, de crédito y el apuntar a un mercado interno hicieron que declinara la tasa de inversión en relación al PBI, y con ello la productividad y competitividad de la producción nacional con el resto del mundo.


La inversión es la clave del crecimiento económico

Durante el período de la generación del 80 la Inversión Bruta Interna Fija con relación al PBI se ubicaba en un piso del 20% y un techo del 40%, con años en que lo superó.

Luego, con la Gran Guerra se frena ese proceso, para recuperarse por un tiempo, pero posteriormente desciende a un rango del 10% al 20% del PBI.


La serie de tiempos revela que con la llegada del populismo y su inseguridad jurídica, más el cierre de la economía, la inversión bajó a la mitad, y paulatinamente comenzaron a subir sostenidamente los niveles de pobreza, indigencia y desocupación, con tasas de dos dígitos altos en el primer caso.


De lo todo lo anterior surge entonces que no es casualidad que el período de mayor crecimiento se haya registra durante la generación del 80, hoy tan atacada o ignorada por los progresistas y populistas que quieren esconder los valores republicanos liberales que imperaron en esos años, aun con sus defectos, pero que lograron transformar un desierto en un país próspero, al punto que en 1895 y 1896 Argentina tuvo el ingreso por habitante más alto del mundo, de acuerdo a los datos del proyecto Angus Maddison.


Obsérvese que con el viento a favor de la soja del 2003-2016 solo se logró crecer al 2,4% anual y tener una tasa de inversión que en el mejor momento llegó al 20% del PBI, el piso de tasa de inversión que lograron las condiciones institucionales que rigieron cuando imperaba la Constitución de 1853/60.

Es más, la tasa de crecimiento de la era K, con el viento a favor, solo alcanzó a la mitad de lo que se se registró entre 1880-1916 cuando rigió la república liberal que diseñó Juan Buatista Alberdi y llevaron a la práctica hombres como Julio Roca, Carlos Pellegrini, José Uriburu, Manuel Quintana y Roque Sáenz Peña, por citar a algunos de ellos y sin olvidar a sus antecesores como Bartolmé Mitre y Nicolás Avellaneda.


En síntesis, no solo Argentina batió récord de períodos de recesión entre 1961 y 2018 como muestra el primer gráfico, sino que la historia muestra que también batió récord de decadencia cuando se sustituyó la cultura del trabajo por la cultura de la dádiva y se decidió abandonar la incorporación al mundo y empezar a sustituir importaciones.


El camino para salir de la larga decadencia es muy claro. Lo que falta son políticos de la talla de Mitre, Sarmiento, Avellaneda, Roca, Pellegrini, Uriburu, Quintana, etc. que tuvieron estatura de estadistas y ninguno de ellos buscó la reelección, salvo Roca que fue dos veces presidente dejando pasar dos períodos antes de volver a asumir.

Es decir, fue una generación que se dedicó a construir un país y, desde hace décadas, tenemos políticos que se dedican a hacer un negocio de la política y a hacer tabla rasa con los principios republicanos de la Constitución de 1853/1860 para poder implementar el negocio de la política en base al populismo clientelar.

Fuente: Infobae

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