La UE planta cara a Putin y exige una transición democrática en Bielorrusia

INTERNACIONALES Por Bernado DE MIGUEL
El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, convoca este miércoles una cumbre extraordinaria para exigir una salida de la crisis sin violencia ni injerencias exteriores
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Ni Bruselas ni Moscú parecen dispuestos a perder la pieza bielorrusa. El presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, ha convocado una cumbre europea extraordinaria para este miércoles con el objetivo de “enviar un potente mensaje de solidaridad al pueblo de Bielorrusia”, según indican fuentes comunitarias. Bruselas, según esas fuentes, exige una transición democrática que “dé al pueblo bielorruso la posibilidad de elegir libremente a sus líderes”.


La convocatoria de la cumbre llega pocas horas después de que el presidente ruso, Vladímir Putin, haya ofrecido ayuda, incluida la militar, al régimen de Alexandr Lukashenko, tambaleante desde las elecciones del pasado día 9. Las multitudinarias manifestaciones de este domingo en Minsk y las huelgas en las principales empresas del país han puesto contra las cuerdas al autócrata que ha gobernado el país durante 26 años.

La disputa sobre el futuro político de Bielorrusia puede deteriorar aún más la relación entre la UE y Rusia, muy tensa desde que Putin invadió y se apoderó de Crimea en 2014. En los últimos meses, algunos socios europeos, con el presidente francés Emmanuel Macron al frente, abogaban por pasar la página del choque sobre Ucrania y buscar un nuevo entendimiento con el presidente ruso. En la misma línea se encuentra el presidente de EE UU, Donald Trump, que ha intentado este verano, sin éxito, el relanzamiento del G8, que volvió a ser el G7 tras la expulsión de Rusia por su agresión a Ucrania.

La cumbre europea de este miércoles, que se celebrará por videoconferencia, permitirá a los 27 socios de la Unión demostrar a Putin que no están dispuestos a aceptar sin más que Moscú decida el futuro de Bielorrusia sin tomar en cuenta la opinión de su población. “La situación ha evolucionado muy rápidamente y es necesario que los líderes de la UE tomen las riendas”, indican fuentes diplomáticas.

La reunión permitirá a Bruselas elevar el tono y cerrar filas con los socios que habían liderado hasta ahora el rechazo a Lukashenko, en particular, Polonia, Lituania y Letonia. Lituania ha dado refugio a la líder de la oposición bielorrusa, Svetlana Tijanóvskaya, y se ha mostrado dispuesta a abrir sus fronteras si se produce un éxodo masivo de opositores al régimen de Lukashenko.

El todavía el presidente de Bielorrusia atribuye la revuelta popular a una conspiración internacional para derrocarle, teoría compartida por Moscú. “Hasta que me maten no habrá otras elecciones”, ha asegurado este lunes Lukashenko frente al abucheo de decenas de trabajadores. El domingo, tras una conversación telefónica entre Lukashenko y Putin, el Kremlin se mostró dispuesto a “resolver los problemas” de Bielorrusia a la vista de “la presión ejercida desde el exterior”.

El abrazo de Putin podría evitar la repetición de elecciones. Y frustrar una transición que Tijanóvskaya está dispuesta a liderar “hasta que el país se calme”, según ha indicado este lunes la líder de la oposición en un vídeomensaje dirigido a sus seguidores.

Fuentes europeas en Bruselas defienden “una salida de la crisis a través del fin de la violencia, la desescalada y un diálogo entre las fuerzas bielorrusas sin interferencias internas”. Esa será la fórmula que, previsiblemente, defenderá la cumbre del miércoles convocada por Michel. La cumbre también condenará “la violencia desproporcionada e inaceptable” desplegada por el régimen de Lukashenko. Y pedirá la liberación “inmediata y sin condiciones” de todas las personas detenidas desde las elecciones del pasado día 9. Los 27 también dejarán claro que no reconocen el resultado de unos comicios celebrados sin presencia de observadores internacionales y sin cumplir, según Bruselas, los estándares internacionales de transparencia y garantías democráticas. La cumbre pondrá así el punto final a la relación de la UE con un líder al que había concedido un cierto reconocimiento en los últimos años.

Lukashenko se había aproximado a la Unión Europea, más que nada por contar con un contrapeso a las ansias de expansión del Kremlin. Bruselas alentó esa deriva occidental con el levantamiento de casi todas las sanciones, un aumento de la ayuda financiera a Minsk y un acuerdo para facilitar la concesión de visados de entrada en territorio comunitario.

El extraño coqueteo de la UE con el régimen bielorruso llegó a su fin con el presunto pucherazo de las últimas elecciones, en las que Lukashenko se atribuyó la victoria con un 80% de los votos. El Alto Representante de Política Exterior de la UE, Josep Borrell, ha asegurado que los comicios “no fueron ni libres ni justos”. Y los ministros de Exteriores de la Unión, en una reunión de emergencia, acordaron el pasado viernes poner en marcha nuevas sanciones para castigar a los responsables del fraude electoral y de la violencia del Estado contra las manifestaciones posteriores de protesta.

Fuente: El País

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