El drama de los pueblos que viven del turismo y aún no saben cuándo podrá comenzar la temporada

ECONOMÍA Por Gustavo Alzirac
Lugares como Iguazú, Ushuaia, Calafate, Chaltén y Villa La Angostura reflejan lo que sucede en muchas localidades del país. Según la Cámara Argentina de Turismo, 15% de los hoteles se cerraron y 100.000 empleos se perdieron definitivamente.
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La cuestión es urgente, se trata de la sobrevivencia de empresas y empleos, del presente, el futuro y la viabilidad de pueblos dependientes del turismo, como Iguazú, Ushuaia, El Calafate, El Chaltén, Villa la Angostura y tantos otros del noroeste, el Litoral, la Costa Atlántica, Cuyo, las Sierras. En fin, de toda la geografía argentina.

Desde el mirador de la presidencia de la Cámara Argentina de Turismo, Aldo Elías traza una evaluación de daños no de la pandemia de coronavirus, sino de la cuarentena con la que el gobierno intentó sin éxito contenerla vedando desde marzo la actividad turística, hotelería y gastronomía incluidas, cerrando los Parques Nacionales, clausurando los cielos y restringiendo los medios de transporte, a lo que provincias y municipios sumaron barreras (o zanjas) de acceso para que no entrara el virus.

Un 15% de los establecimientos hoteleros del país, dice Elías, no volverán a abrir, y 100.000 empleos en el sector turístico (hoteles, gastronomía, agencias de viaje, guías, etc) se perdieron definitivamente. Es la consecuencia, señala, de 6 meses sin ingresos y soportando gastos fijos.

“El 90% del mundo está abierto. Hay algo que estamos haciendo mal; somos uno de los cuatro o cinco países sin vuelos. Hay destinos que estuvieron cuatro meses sin casos y sin actividad. Ahora tenemos más contagios y resulta que el aumento de las camas de Terapia Intensiva fue de sólo 8.300 a 11.300”, precisa Elías, citando datos del ministerio de Salud. Es una pérdida no sólo para el sector. En 2019 el turismo “receptivo”, recuerda, aportó USD 5.400 millones a la Argentina. Este año la cifra no llegará a los 800 millones de un insumo clave –el dólar- para el funcionamiento de la economía en su conjunto.

En los lugares que viven del turismo, la situación se siente en las calles, se refleja en cortinas que no se levantan, empleos que no están y es dudoso que vuelvan y manifestaciones como las que el jueves hubo en localidades tan distantes entre sí como Iguazú y El Calafate, sede de los dos Parques Nacionales (Iguazú y Los Glaciares) más visitados de la Argentina.

Un estudio sobre el “potencial turístico de la naturaleza en Argentina”, de Luciano Cohan y Rosario Campos, resalta la importancia de los Parques Nacionales y el efecto del turismo en lugares pequeños y alejados. “El 20% de los turistas se dirige a pueblos y zonas rurales de menos de 5 mil habitantes, que representan el 9% de la población. El 50% del gasto turístico y el 55% de los visitantes se dirigen a ciudades con menos de 50 mil habitantes, que explican el 31% de la población”, dice un pasaje. Para muchos pueblos, se trata “del” sostén, en todo sentido. Así, por ejemplo, mientras la población nacional se duplicó entre 1960 y 2010, la de Iguazú se multiplicó por 17, la de San Martín de los Andes por 7 y la de El Calafate por 30. El turismo también explica el crecimiento más reciente de poblaciones como El Chaltén (3800% entre 1991 y 2010), Purmamarca (216%) Epuyén (47%) o Ubajay (226%), todos muy por encima de la suba de 23% de la población nacional en esos 19 años.

Iguazú

“La situación es desesperante, algo que nunca se vivió, el sector está destruido, llevamos 6 meses sin ingresos; la única ayuda fue el pago del ATP para los empleados, que también recibieron otros sectores que sí pudieron trabajar; cuando volvamos a la normalidad se verá una ruptura total de la cadena comercial”, dice Santiago Lucenti, titular de la Asociación Hotelera-Gastronómica y Afines de Iguazú (Ahgai) y dueño de los hoteles Complejo Americano y Pirayú.

Jorge Antonio (ninguna relación con el histórico financista ligado a Perón), que tiene dos locales gastronómicos en la localidad, de cerca de 60.000 habitantes, explica que el Parque Nacional Iguazú recibía un promedio de 1,5 millones de visitas (casi 1,7 millones en la última temporada) y por el puente Tancredo Neves pasaban 15 millones de personas al año, básicamente brasileños -muchos de Foz do Iguazú, pero también de Cascabel y otras ciudades de Paraná, Río Grande do Sul y Santa Catarina, tres estados del sur de Brasil- que iban a comer, hacer compras, libar unos ricos vinos, “disfrutar” Iguazú. Todo se cortó el 20 de marzo. Fue un doble mazazo.

Y la situación no cambiará a corto plazo, reconoce Antonio: en Foz hay 5.000 casos de coronavirus. E Iguazú, que hasta el último y espectacular verano recibía 20 vuelos diarios, ahora recibe ninguno. Tampoco se sabe cuándo volverán. “No tendremos turismo internacional hasta octubre de 2021”, anticipa. La provincia abrió el turismo interno, pero no alcanza. “El fin de semana tuve 8 cubiertos, cuando antes nunca hacía menos de 200 y podía llegar a 300”, precisa.

Posadas, dice Antonio, apuntando a la capital provincial, está cómoda con ese status. “Tienen la administración pública y con la frontera cerrada la gente que antes iba de compras a Encarnación o Ciudad del Este, ahora gasta todo en Posadas. Para Iguazú, en cambio, “esto es de una gravedad superlativa, y la provincia nos sigue cobrando Ingresos Brutos y el Municipio la tasa Municipal de Comercio. Si no tenés venta te cobran un mínimo, pero te cobran”.

Iguazú tiene hoteles y restaurantes de alto nivel, gracias al trabajo de su gente y un fuerte nivel de inversión. La calidad subió, para satisfacer y atraer visitantes. “Y quienes lo hicimos la estamos pasando mal. Lo único que nos ofrecen es crédito y diferir impuestos: un salvavidas de plomo, si no sabemos cuándo volveremos a trabajar”, dice Antonio, escéptico sobre la reciente ley “de sostenimiento y reactivación del turismo”, aprobada en Diputados en la polémica sesión donde los diputados de cuerpo presente fueron considerados ausentes y votaron los asistentes virtuales.

“Lo único taxativo de la ley es que mantendrán el ATP hasta diciembre, todo los demás es facúltase, instrúyese, se dispondrá, etc. No dicen en concreto qué medidas van a tomar; hablan de reducción de cargas sociales, pero necesitamos que nos eximan; no pagar impuestos y cargas sociales por un tiempo. Que el ATP vaya a los empleados: a mí, déjenme al menos no perder, no me obliguen a pagar lo que no puedo endeudándome más”, dice Antonio.

“Necesitamos que vuelva la actividad y con el flujo provincial no alcanza. Tenemos unos 300 hoteles y 15.000 camas registradas y el sector gastronómico tiene gran dependencia de la gente de Brasil y Paraguay, que hace meses no llega. El turismo sostiene unos 11.500 empleos directos entre hotelería, gastronomía, agencias, taxis y remises (2.500 registrados), fotógrafos, y encima hubo una fuerte caída de la construcción”, dice Lucenti, el titular de Ahgai. “Sería triste que terminemos enfrentados empleadores y empleados sin que ninguno tenga la culpa”, agrega. Hay ya un incipiente exilio, al menos sectorial. Cocineros dedicados al delivery, empleados que buscan trabajo en otros sectores y difícilmente vuelvan. “Para Iguazú, esto es una catástrofe. Yo creo que nuestra situación sólo es comparable a Calafate”, resume Lucenti.

El Calafate y El Chaltén

A más de 4.000 kilómetros de Iguazú, Oscar Souto, secretario de Turismo de El Calafate, responde al llamado de Infobae. “Hay una alta preocupación”, reconoce. “Cuando en marzo se cerró el Parque Nacional los Glaciares (PNLG, el más grande de la Argentina, que incluye al Glaciar Perito Moreno y muchos más, que conforman una de las mayores masas de hielo del planeta) pensábamos que esto se terminaba en agosto. Pasó agosto y se volvió más complejo; se fueron cayendo alternativas”, enumera.

Primero se pensó abrir el PNLG a los locales, luego a toda Santa Cruz y luego a Chubut, pero la capital provincial, Río Gallegos, tuvo un fuerte brote y el Comité que debe autorizar la apertura del Parque se demora porque, entre otras razones, renunció el ministro de Salud provincial, Juan Carlos Nadalich, hombre de máxima confianza de la gobernadora, Alicia Kirchner. Hace mes y medio, rememora Souto, hablaron con la low-cost Jet Smart, para que volara desde Rosario, pero hubo rebrote en la provincia de Santa Fe y Rosario volvió a cerrarse. Sin aviones, además, imposible reactivar el triángulo “Patagonia Fantástica”, con vértices en El Calafate, Puerto Madryn y Ushuaia, otra alternativa caída.

“Estamos muy preocupados, como toda localidad que depende pura y exclusivamente del turismo, como nosotros y El Chaltén”, dice Souto, por el pueblo más joven de la Argentina, fundado en los 80s a poco más de 200 kilómetros de El Calafate y que cada año recibía decenas de miles de extranjeros, principalmente europeos, fascinados por su belleza natural y los imponentes cerros Fitz Roy y Torre, todo un desafío para escaladores profesionales.

“Esperamos que en octubre haya vuelos, primero personal esencial, luego visitas familiares y que al final del mes las cosas mejoren en Buenos Aires. Por ahora solo hay vuelos para el personal de mineras y represas”, dice, por las obras sobre el río Santa Cruz. Sobre la situación de hoteles y gastronomía, Souto acota: “cada empresa es un mundo; hasta ahora no escuche hablar de quiebras, pero es una posibilidad cierta en un futuro cercano”.

La ley sancionada en Diputados, dice, ayudará, y los ATP llegaron, pero se necesita “temporada”. Que al menos comience en diciembre o enero. “Las dos últimas fueron muy buenas, la 2019/20 no fue record histórico porque en marzo se truncó (normalmente, se estira hasta Semana Santa). “Necesitamos que el turismo se abra para oxigenar y que empresas y trabajadores lleguen en pie a la temporada 2021/2022”, concluye Souto. Es decir, de acá a un año.

Adolfo Jansma, presidente de la Cámara de Comercio local y dueño de Nibepo Aike, una estancia turística que mantiene junto a una actividad agropecuaria, se siente desorientado con tanto anuncio y contra-anuncio. “Nos habían dicho que en septiembre arrancábamos y teníamos 60 días para organizarnos. Ahora hablan de noviembre. Además, tuvimos un cierre temprano del verano. Ahora tenemos que llamar a los trabajadores de temporada y si los despedimos tenemos que pagarle doble indemnización. Nos obligan a emplearlos para una actividad que un DNU presidencial prohíbe”, dice Jansma, planteando un intríngulis de muchos destinos turísticos que tienen trabajadores permanentes “de temporada”, una de las cuatro variantes de la ley de Contrato de Trabajo. Al terminar cada temporada, les liquidan todos los ítems, como marca la ley. Fuera de temporada, no les pagan nada, pero están obligados a convocarlos para el inicio de la siguiente. Si no se presentan, pueden despedirlos, pero si se presentan, están obligados a darles un trabajo que hoy no hay. Es un problema también para los trabajadores, que este año en muchos casos no tendrán cómo llegar.

“Este lugar es netamente turístico e internacional. Mucha gente ya cerró, te das cuenta cuando recorrés las calles del centro. A muchos le rechazaron el ATP; a mí me lo rechazaron por doble actividad: tenia 30 personas en la actividad turística y 3 en el rubro agropecuario, y después de cuatro meses me lo negaron por “doble actividad”, algo que en el F931 (un formulario) estaba clarísimo”, lamenta Jansma, y cuenta que a empleados de otros establecimientos les pagaron dos meses del ATP, pero ya no el tercero. “A muchos la espalda no les da para mantenerse. Cada retraso en la apertura es un problema mayor”, dice Jansma, y recuerda que 65% de los turistas que llegaban a El Calafate eran extranjeros. “Los de afuera no van a venir hasta la próxima temporada (a partir de septiembre) y de los argentinos vendrá el 20%. Con lo cual sería apenas el 7% del total”, hace números.

Mientras tanto, prosigue Jansma, la provincia sigue cobrando el adelanto de Ingresos Brutos (Sicreb) y el Municipio dio crédito fiscal para cuando retome la actividad. “Necesitamos vuelos y trabajar con protocolos. Cerramos todo e igual tenemos tantos contagios; ponele que la vacuna esté en 2021, ¿cuántas empresas van a llegar? Un empresario puede aguantar con ahorros una vez que cerró, ¿pero los que se quedan sin trabajo?”, dice Jansma, para quien recién en octubre de 2021 se sabrá cuántos hoteles y restaurantes siguen en pie. Y nota un fenómeno similar al de Iguazú con Posadas. “Los pueblos estatales, como Río Gallegos están en contra de la apertura. Antes los de allí iban a Punta Arenas, ahora todos se quedan en Gallegos”, dice.

En El Chaltén, la “capital nacional del trekking, en tanto, Gerardo Mirvois, que fue intendente del pueblo y participó hasta hace poco de un Bed & Breakfast familiar, reconoce un panorama complejo. “Chaltén depende mucho del turismo internacional, que este año no va a volver”, dice. La módica apuesta es a la reactivación del turismo nacional y regional en una temporada corta, enero-marzo, para tener algo de ingresos y aguantar hasta la primavera 2021. “En parte estamos acostumbrados a esta dinámica de varios meses sin actividad”, reconoce. Y como fortalezas de El Chaltén apunta que los dos últimos años fueron muy buenos y que la gran mayoría de los emprendimientos del lugar son familiares, sin tanto costo de estructura.

Ushuaia

Aún más al sur, en Ushuaia, Dante Querciali, presidente del Infuetur (Instituto Fueguino de Turismo) cita que la ciudad más austral del mundo, que supo tener entre 12 y 15 vuelos diarios, ahora tiene uno cada 14 días, y solo de “repatriación” para residentes. La apuesta, dice, es recuperar “conectividad”, pero allí todo es incertidumbre. El turismo interno está habilitado entre Ushuaia y Tolhuin, dos de las tres localidades fueguinas. La tercera, Río Grande, está cerrada, porque hay “circulación comunitaria” del virus. El Cerro Castor está abierto, cuenta, y también el Parque Nacional Tierra del Fuego, con un cupo de hasta 300 visitas simultáneas, que sobran para un universo tan reducido. Querciali cree que la reciente ley “está bien” y ayudará, aunque “resta ver la reglamentación”. Quienes “compren” paquetes turísticos ahora tendrán una yapa del 50% para disfrutar en 2021, y podrán cambiar fechas, sin costo. Querciali cuenta también que en la última edición de Hot Sale Ushuaia fue -con 11.000 pasajes, el segundo destino turístico más vendido por Aerolíneas Argentinas, detrás de Bariloche.

“El de los empleados de temporada es un tema serio, que tenemos que volver a hablar con la Nación”, dice Querciali, haciéndole eco a la inquietud de Jansma, el emprendedor de El Calafate. “En Cerro Castor los llamamos, pero muchos no se presentaron”, cuenta. De todos modos, la cuestión de fondo es recuperar los vuelos comerciales. “Para Tierra del Fuego el turismo representa 16.000 empleos y a diferencia de El Calafate y El Chaltén, Ushuaia tiene “doble temporada”: verano e invierno, por el esquí. Desaparecido el turismo de Cruceros, la apuesta es atraer aquellos turistas nacionales que solían viajar al exterior. “Esta temporada llegaremos en el mejor de los casos al 30% de ocupación”, dice Querciali. Nuestra esperanza es tener un vuelo diario en noviembre y con suerte llegar a 2 ó 3. Traerían básicamente turistas “nacionales” en el primer semestre 2021, con la esperanza de recuperar los internacionales en la segunda mitad del año. “Tenemos a Brasil en situación crítica, y los brasileños eran el 20% del nuestro turismo invernal”, precisa Querciali.

Villa la Angostura

“En abril vi la que se venía y no renové el alquiler de la Hostería”, dice el ex administrador de un establecimiento de 12 habitaciones en Villa la Angostura, que va al grano. “Lo más importante es la liberación de rutas y el reinicio de vuelos. Sin eso, nada se puede hacer: no hay demanda y sí un riesgo cada vez mayor de desaparición de la oferta. Hace meses que intentamos convencer a la provincia que deje llegar a quienes tienen aquí segunda residencia. Son unas 1.000 casas: para un pueblo de 15.000 habitantes es un extra de demanda que ayudaría y serviría para ir probando protocolos: cómo llegan, cómo los recibís, e ir generando confianza. Si la apertura es todo a la vez, puede ser un desastre”. le cuenta a Infobae. Y reitera un fenómeno con cierto resabio a Posadas y Río Gallegos. “Hay gente que no quiere que venga nadie; empleados públicos que cobran su sueldo todos los meses y gente que vino a lugares como este a retirarse y quiere estar lo más tranquila posible”.

La iniciativa para permitir el ingreso de quienes tienen “segunda residencia” en Angostura no pasa, sin embargo, el filtro del ministerio de Salud provincial. “Si yo puedo entrar y salir, ¿por qué no alguien que tiene acá su segunda residencia?”, se pregunta la fuente, y refiere la circulación habilitada entre la Angostura, San Martín de los Andes y Junín de los Andes, la “microregión Sur” por la que pueden circula libremente los locales. “Exíjanle que hagan cuarentena, pero déjenlos entrar”, enfatiza sobre la anomalía de que el Estado impida a alguien acceder a su propia vivienda, mientras en lugares como la Costa Atlántica se usurpan viviendas y cerca, en Villa Mascardi, hay masiva ocupación ilegal de tierras.

Alejandro Kuryluc, el secretario de Turismo de Villa La Angostura, es aún más claro: “es muy sencillo -le dice a Infobae- o nos alineamos con el mundo y empezamos a abrir, o morimos como destino”. El funcionario turístico enfatiza la necesidad de que vuelvan a funcionar micros y aviones “siendo conscientes, cuidándonos; somos un pueblo que depende en un 80% del turismo y la circulación de la microregión sur no alcanza: el último fin de seman entraron 244 personas y tenemos 4.900 camas, necesitamos movernos hacia una apertura real. Lammens (Matías, el secretario de Turismo) habló de la posibilidad de vuelos en octubre; ojalá, tenemos el aeropuerto de Bariloche a 80 kilómetros y el de Chapelco a 125. Hay que salvar lo que todavía queda abriendo a partir de octubre, pero hay gente que resiste, quiere preservar al pueblo sin casos”.

Mientras tanto, enumera Kuryluk, en Cerro Bayo, el centro de esquí de la localidad, quedan apenas 140 de los 300 empleados que había. Kuryluk reconoce que la mayoría asume como “norte” la apertura a partir del 1 de diciembre, pero teme que muchos no puedan llegar en pie a esa fecha. Y se entusiasma con el hecho de que hay 50% de reservas internacionales para el 14 de diciembre, cuando desde la Angostura se podrá observar “en un 97%” un largo eclipse de sol.

Kuryluk recuerda las adversidades que debió atravesar la Villa: hantavirus, la caída de una gigantesca piedra que cortó la ruta de acceso y, este año, la suspensión de una fecha del campeonato mundial de Motocross una semana antes del día en que debía realizarse, por el coronavirus, que también privó al pueblo del empujón final de la temporada estival: la semana santa. La reciente ley del Congreso, señala, “es un paliativo, pero lo que necesitamos es empezar a movernos”.

Ley sí, emergencia no

Respecto de la ley recientemente aprobada por el Congreso, el diputado radical Alfredo Cornejo, ex gobernador de una provincia de alta circulación turística, como Mendoza. recuerda que “no decretó la emergencia turística; en diciembre, antes de la pandemia, el gobierno declaró 9 emergencias, pero ahora se niega a declarar la emergencia turística. La nueva ley, dice, que su alianza votó a favor en el Senado y él hubiera también votado a favor en Diputados, “porque es mejor que nada”. es básicamente la continuidad de un plan político: “que todos dependan del Poder Ejecutivo”. Cornejo dice que su proyecto “planteaba beneficios fiscales concretos, como no pagar impuestos por 180 días, mientras el texto aprobado prorroga plazos de pago, incluso para sectores que estuvieron meses sin actividad”. Todo el proyecto es “facultativo”, dice Cornejo, y deja amplio espacio a la discrecionalidad del jefe de Gabinete y otras agencias del Poder Ejecutivo.

Con información de www.infobae.com sobre una nota de Sergio Serricchio

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