Trump afirma que hará su propuesta para el Supremo la semana que viene y que apostará por una mujer

INTERNACIONALES Por Pablo XIMÉNEZ DE SANDOVAL | Pablo GUIMÓN
Solo 24 horas después de la muerte de la magistrada Bader Ginsburg, el presidente anuncia a sus seguidores el nombramiento, convertido en una batalla de cálculo electoral
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El presidente estadounidense, Donald Trump, anunció solo 24 horas después de la muerte de la magistrada Ruth Bader Ginsburg que la semana que viene propondrá un nuevo nombre para el Tribunal Supremo del país y que apostará por “una mujer”. Lo hizo en un mitin ante sus seguidores en Carolina del Norte, jaleado por unas bases electorales que ven la posibilidad de escorar el último dique judicial del país hacia la derecha durante décadas. El anuncio de Trump es el primer movimiento de peón en una batalla fenomenal que se va a librar en los 45 días que quedan para unas elecciones que, ya antes de esta situación, ambos partidos veían como existenciales.


La compostura de Trump cuando elogió el día anterior a la juez Ginsburg, con aire apesadumbrado y en términos respetuosos, duró exactamente un día. El sábado por la mañana, despejó cualquier duda sobre sus intenciones al pedir por Twitter a los republicanos del Senado iniciar “sin demora” el proceso de sustitución de la magistrada progresista por un magistrado conservador. El primer paso lo tiene que dar él. Y por la tarde, en un mitin de campaña, anunció que ese nombre estará sobre la mesa la semana entrante. Sus seguidores lo recibieron al grito de: “Fill that seat!” (¡cubre esa vacante!). La campaña de Trump empezó a vender camisetas con ese lema.


Trump ya venía jugando la baza de un nuevo nombramiento del Supremo para animar al votante republicano en estas elecciones. El pasado 9 de noviembre, presentó una lista con 20 candidatos entre los que estaría su elección en caso de renovar mandato en la presidencia. Al anunciar que será una mujer, esa lista queda significativamente reducida. Las especulaciones se centraban en Amy Coney Barrett, una juez conservadora de 48 años que actualmente sirve en un tribunal de apelaciones, puesto para el que fue nombrada por Trump. Barrett ha escrito contra el aborto tal y como está legalizado actualmente en el país.

La política de Estados Unidos vive sumida en un torbellino de hipótesis, especulaciones e interpretaciones desde la tarde del viernes. El nombre de la candidata es solo una de ellas. De pronto, una elección que trataba sobre el rechazo a Trump, trata sobre el futuro del Tribunal Supremo. Todo forma parte del cálculo electoral. En la práctica, el proceso está en manos de pocas personas. El primero es Trump, y ya ha dejado claro que va a cumplir su parte.

El segundo, pero más importante que el primero, es Mitch McConnell, líder de la mayoría republicana en el Senado, el órgano que debe confirmar la nominación. De él depende que se vote o no la candidata de Trump antes de las elecciones, o después, o nunca. En su primera reacción a la muerte de Ginsburg, McConnell ya despejó las dudas en este sentido y dijo que el Senado “votará al nominado del presidente Trump”. Pero no dijo cuándo.

McConnell tiene en sus manos las decisiones que pueden permitir a los republicanos sacar el máximo partido electoral al nombramiento del Supremo. Él fue el autor de la inaudita chicana parlamentaria por la que los republicanos se negaron a votar al hombre propuesto por Barack Obama en 2016. Dejó la vacante abierta durante 10 meses con el argumento de que era año electoral y debían pronunciarse los votantes. Esa estrategia fue fundamental para unificar el voto conservador alrededor de un candidato como Trump, solo por la esperanza de poder nombrar un magistrado conservador en el Supremo. Ya han logrado dos y van a por el tercero. Cuál es el cálculo electoral que están haciendo McConnell y los republicanos, se verá en los próximos días. Una confirmación apresurada puede incrementar la sensación de atropello y atizar todavía más la movilización demócrata.

Después de McConnell y Trump, están los senadores republicanos que deben votar la confirmación del nombramiento. Los republicanos tienen una mayoría de 53 senadores frente a 47. El nombramiento se debe aprobar por mayoría simple. La oposición de cuatro senadores republicanos haría fracasar la votación. Por eso, igual que todo EE UU está pendiente del Twitter de McConnell, también está pendiente de algunos senadores clave, especialmente aquellos que se juegan la reelección el 3 de noviembre.

Entre ellos, la senadora Susan Collins, de Maine, anunció el sábado su posición: se debe votar el candidato que proponga el presidente salido de las urnas el 3 de noviembre. Es decir, no votaría por la candidata de Trump. A Collins se la considera moderada y peligra su escaño. Lisa Murkowski, republicana por Alaska y también moderada, dijo en una entrevista horas antes de conocerse la muerte de Ginsburg que se opondría a una confirmación tan cerca de las elecciones. El senador Chuck Grassley, de Iowa, también dijo recientemente que se opondría. Pero estos dos no se han pronunciado desde el viernes.

Hay 23 senadores republicanos que se juegan el escaño en estas elecciones, entre ellos McConnell y el presidente del Comité de Justicia, Lindsey Graham, que sería el encargado de organizar la comparecencia de la candidata. Desde el viernes, todas sus carreras electorales dependen de su posición sobre votar o no la propuesta de Trump, del efecto que eso tenga en los suyos y el efecto que tenga en los demócratas.


El último actor en este huracán político es el partido demócrata. En la práctica, apenas pueden oponerse a nada si el procedimiento sigue adelante. Si Trump, McConnell y los republicanos deciden cubrir la vacante, solo pueden protestar. Incluso si ganaran las elecciones a presidente y recuperaran la mayoría en el Senado, hasta enero no tomarían posesión, por lo que tampoco podrían oponerse. Lo que sí pueden hacer, como los republicanos, es utilizar al máximo la situación creada para movilizar el voto. “Lo que está en la papeleta es el Tribunal Supremo”, tuiteó Biden el sábado. “El resultado va a impactar en todo, desde la sanidad hasta los derechos civiles, y afectará a futuras generaciones”. La muerte de Ginsburg ha sido un recordatorio muy crudo de lo que está en juego.

Fuente: El País

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