Sarasa y Presupuesto: Martín Guzmán desnudó necesidades y contradicciones para reanimar la economía

ECONOMÍA Por Eduardo AULICINO
El ministro sostuvo en Diputados que el proyecto para el 2021 es una apuesta a la credibilidad. Más allá de críticas puntuales, es presentado como un primer lineamiento económico. Pero la estrategia de confrontación domina la realidad y juega en contra. Sólo aumenta la incertidumbre
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Si no fuera por la alusión a la sarasa, con micrófono abierto y en un imprudente gesto de autosuficiencia como expositor, la presentación de Martín Guzmán en Diputados habría abierto y cerrado de acuerdo al plan oficial, es decir, con un discurso prolijo y apoyado formalmente en la necesidad de generar credibilidad para recuperar la economía. No convencen varias proyecciones de sus números, según la crítica opositora, aunque el problema central en la exposición del ministro de Economía fue la contradicción que representa alertar una y otra vez sobre la gravedad de la crisis –con registros inéditos de caída- y al mismo tiempo suponer que el Presupuesto es un remedio en sí mismo, ajeno a la política.

Resulta extraño que una caída de la economía como la que registran los datos oficiales siga suponiendo para el Gobierno que todo es fruto de la herencia y de la pandemia, sin registro de la cuarentena en continuado y sin contar los capítulos aportados con letra propia, como el manejo del cepo al dólar en los últimos días. No hubo reflexión sobre el sustento político para salir de la crisis. El ministro expuso formalmente la necesidad de un diálogo serio y responsable, tal vez con cierto delay en el discurso, y fue a la vez repetitivo para cuestionar la gestión macrista.

El clima para acompañar la exposición de Guzmán fue generado por la puesta de Sergio Massa. Aseguró un ámbito prolijo –no sólo físico- para la exposición del ministro y sostuvo que el Presupuesto 2021 debería generar “certezas” y “previsibilidad” para reanimar la economía. Una manera de reconocer, quizá, el panorama de incertidumbre que el Gobierno no logra despejar, ni siquiera con resultados como la renegociación de la deuda, por efecto de su propia política.


La presentación del ministro fue conversada de manera informal varias veces en los últimos días, sobre todo después de que el anuncio del envío del Presupuesto al Congreso en “tiempo y forma” fuera sepultado por la puesta en marcha de nuevas restricciones a la compra de dólares, con impacto de entrada en las empresas y aún sin superar insólitas trabas para los ahorristas. ¿Sólo impericia?


Guzmán se vio además en la urgencia de recomponer su lugar luego de haber sido superado en la pulseada interna por el presidente del Banco Central. Miguel Angel Pesce venía insistiendo con un impostergable freno a la salida de dólares, con reservas en zona de alarma. Y a pesar de las resistencias del ministro, Alberto Fernández resolvió reforzar el cepo, revirtiendo incluso declaraciones suyas y exponiendo la estrategia fallida del jefe de Economía.

Desde ese día, el discurso sobre el dólar se hizo público y lineal. El Presidente repitió la consigna de cuidar los dólares para la producción y no para guardar, algo que Guzmán tradujo en Diputados como el objetivo destacado de recuperar las reservas. Allí dejó dudas sobre la extensión en el tiempo de las restricciones, a pesar de que las consideró excepcionales.

Ese tramo del discurso asomó como un remedio para mostrar manejo de los lineamientos económicos después de varios contrapuntos con Pesce, que en general y hasta ahora el Presidente había saldado a su favor. No es ese el único punto de referencia: son varios los funcionarios vinculados de un modo u otro a la economía que dejan trascender algún cuestionamiento al ministro, algo que antes evitaban porque estaba en juego la renegociación con los acreedores externos. En todo caso circulaba una ironía: lo limitaban al cargo de “ministro de la deuda”.


El tema de la credibilidad, a pesar del disgusto en su propia y cercana experiencia en la materia, expresó una limitación conceptual extendida en el oficialismo. El ministro sostuvo que la credibilidad sería fruto de la “consistencia” técnica en los lineamientos económicos. Reconoció el respaldo del Congreso al modo de encarar las tratativas con los acreedores externos, pero no parece haber sacado conclusiones sobre por qué el resultado de la negociación se diluyó rápidamente, sin generar la sostenida reacción positiva que él mismo pronosticaba.

Precisamente, en la discusión interna sobre las medidas para frenar el drenaje de dólares, Guzmán había sostenido que esa tendencia iba a ser revertida por la confianza que generaría el éxito del canje. No ocurrió, pero el ministro insistió ayer con conceptos siempre vinculados a medidas prácticas –en este caso, las metas del Presupuesto- para proyectar estabilidad macroeconómica. Todo, ajeno al contexto y al sustento político.

Eso último expone seguramente la mayor contradicción frente a la realidad en sentido integral. Al menos en público, Guzmán y el Gobierno en general prefieren no evaluar el impacto del rumbo político decidido finalmente por el Presidente con fuerte impronta de Cristina Fernández de Kirchner.

Ayer mismo, un rato antes de la presentación del ministro en Diputados, se conocía que la Corte Suprema había resuelto analizar la semana que viene el reclamo de los jueces Leopoldo Bruglia, Pablo Bertuzzi y Germán Castelli, desplazados de sus cargos por impulso de CFK y con decreto del Presidente apenas resuelto el trámite en el Senado. Es probable que la Corte no resuelva el fondo de la cuestión y que la cuestión se demore en el tiempo. En cualquier caso, las lecturas incluirán en lugar destacado el juego de presiones que coloca en el foco al máximo escalón de la Justicia.

Por supuesto, gravitan también la interna oficialista sobre la centralidad en el poder y el quiebre profundo en la relación del Gobierno con la oposición, con otra derivación en la Corte por la poda de recursos a la gestión porteña y con conflicto creciente en el Senado, algo que por ahora parece más contenido y manejado en la Cámara de Diputados. Visto así, la repetida historia en torno del dólar es síntoma de un problema mayor. Y lo que ocurre en política no es una anécdota, sino más bien un motor central de incertidumbre. Difícil apostar a la credibilidad, como dijo y reiteró el ministro, sólo con los apuntes del Presupuesto.

Fuente: Infobae

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