Emigraron en 2002 a España y dan su veredicto: “No es el paraíso, pero si trabajás podés ahorrar”

CIUDADANOS Por Camila HERNÁNDEZ OTAÑO
Gladys (58) y Miguel Ángel (73) se fueron de la Argentina hace 18 años. Aunque se sentían grandes para dejar su vida acá, el hastio de un contexto social y económico agobiante los impulsó a buscar un nuevo horizonte y su propia tierra prometida. Sin embargo, y a pesar de estar contentos con su presente, aclaran: “No hacemos apología de dejar el país”
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“Vivo en Palencia, no en Valencia. Lo aclaro siempre porque no es un destino español tan conocido, pero es el lugar que adoptamos como propio, como nuestra casa”, le cuenta a Infobae Gladys Bolano (58).

Gladys es argentina, fisioterapeuta, no tiene hijos, y está casada desde 1993 con Miguel Ángel. Creció en Capital Federal, se formó en Buenos Aires e hizo su cartera de clientes por la zona de Devoto, donde tenía su casa. Pero un día se cansó de la ciudad, del caos, de la inseguridad y en 2001 analizó seriamente emigrar. El contexto socioeconómico de ese momento la empujó a dejar el país.

“La decisión fue 100% personal, por hastío. La tomamos en conjunto con mi esposo aprovechando que él tenía la posibilidad de tramitar el pasaporte comunitario europeo. Nos sentíamos un poco grandes porque yo ya tenía 40, pero lo hicimos”, reconoce.

El primer paso -decidir dónde echar nuevas raíces- fue relativamente sencillo. Eligieron España. “Tomamos la decisión por compartir la lengua. Italia hubiera sido más sencillo por los contactos familiares, pero no nos animamos por miedo a quedarnos afuera por la barrera idiomática”, completa.

Lo que vino después fueron trámites... y más trámites. “Hacer los papeles, investigar el destino y organizar la vida en la Argentina por la familia, amigos, y los hijos de mi marido. Aunque una vez que te afianzás en una postura, volcás todas las energías en ese rumbo. Y nos salió bien”.


La previa a la mudanza fue movilizante a nivel emocional. El desarraigo es duro, y la sensación de incertidumbre por lo que vendría también. “Volé a Europa sola. Llegué a principios de 2002. Precavido, Miguel Ángel viajó antes para analizar la situación, conseguir trabajo y elegir una vivienda”.


Miguel Ángel es técnico gasista, plomero y electricista, ahora jubilado. Ni bien se mudaron a El Barraco en Ávila -un pueblo de 2.165 habitantes donde se instalaron por casi 17 años-, tuvo que revalidar su matrícula para poder ser contratado por Repsol. En paralelo tramitó su ciudadanía italiana, lo que les facilitó su residencia permanente en España. “Tuvo muchos años de trabajo productivo y rendidor. Siguió con su actividad hasta los 70”, cuenta Gladys.


Ella, por su parte, a pesar de contar con la formación recibida en nuestro país, no pudo convalidar su formación terciaria, pero siguió perfeccionándose en España con cursos relacionados con fisioterapia y quiropráctica. Con esfuerzo y dedicación pudo construir una cartera de clientes y montó un consultorio en su casa. En resumen, se sincera, “Argentina nos dio las herramientas para trabajar en Europa".
Antes de la pandemia: mudanza a Palencia

Hace un año que eligieron a la ciudad de la comunidad autónoma de Castilla y León como su hogar para volver a empezar de cero. Es un sitio tranquilo. Una zona de montes y ríos, a 260 kilómetros de Madrid, que combina la calma de convivir con pocos habitantes con la naturaleza, y el gran atractivo de tener actividades sociales y culturales.

“Aquí nadie te regala nada, no es el paraíso. Los euros no crecen debajo de los árboles, pero si trabajás podés tener una buena vida”, refuerza la idea que su dedicación laboral es recompensada..

El matrimonio reside en un piso de 80 metros cuadrados, por el que pagan 470 euros de alquiler. Sumando otros gastos fijos, calculan, necesitan en total 1200 euros “para estar tranquilos”. Dependiendo del caudal de trabajo, sumado a la jubilación de Miguel Angel, llegan a los 1800 euros de ingresos mensuales, “Siempre queda algo para ahorrar, para las vacaciones o algún imprevisto, algo que en la Argentina era imposible”. La salud fue otro tema clave al decidir emigrar: “Con el pago de autónomos o la jubilación tenés el sistema de salud pública, que funciona. No hace falta tener un prepaga, es otra ventaja”.

Como además son una pareja viajera, recorrieron el continente. A España la conocen de punta a punta. También estuvieron en Portugal, Suiza, Italia y anduvieron algo por Austria. Desde que se fueron, a la Argentina regresaron muy poco, sólo por alguna circunstancia familiar o algún trámite impostergable. La última vez fue en el 2018, “Había fallecido mi padre, y aunque murió en España, quisimos depositar su cenizas en Buenos Aires. Fue un viaje especial. Ver a la familia es lindo, es alegre,.. pero ahora no es nuestra casa”, dice Gladys.
En la Argentina están los afectos importantes, y según dice ella con cierta nostalgia, eso no se reemplaza. Pero en el exterior, no obstante, “te hacés de amigos, de grupo de un pertenencia... amigos que pasan las buenas y las malas”, destaca.

“Aquí nos recibieron muy bien, la gente es súper amable y no hay tanta burocracia... las cosas funcionan de otra manera, ni mejor ni peor”, dice Gladys, que hace una pausa y pide dejar en claro que de ninguna manera quiere hacer apología que es mejor dejar nuestro país. Por eso explica la situación que tenían ellos: “Con papeles y sin hijos todo es más fácil. Es una elección de vida, con sacrificios”.

De hecho, no descarta regresar algún día. “Nunca digas nunca, pero por el momento no está en nuestros planes. Yo sigo siendo argentina. Sufro y me duele cuando veo que hay una crisis. Me da pena que se hayan perdido libertades…Un país que tenía todo para hacer...ahí quedó”.

Fuente: Infobae

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