El desempleo prende luces amarillas: el Gobierno invitará a la CGT a sumarse al gabinete socioeconómico

POLÍTICA Por Gustavo Alzirac
Los números de la desocupación, que son los más altos desde 2004, sorprendieron hasta a la Casa Rosada. Por eso la central obrera espera una convocatoria oficial para analizar la situación. Mientras, la cúpula cegetista y los empresarios de AEA avanzan en propuestas
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Hasta el Gobierno se sorprendió con las últimas cifras del desempleo: se elevó al 13,1% en el segundo trimestre, la cifra más alta desde 2004, y afecta a 2,3 millones de argentinos. Quizá por eso Alberto Fernández podría concretar una de las promesas más postergadas que le había hecho a la Confederación General del Trabajo (CGT): la participación sindical en la próxima reunión del gabinete socioeconómico para analizar la situación socioeconómica y definir medidas en forma conjunta.

Si finalmente se concreta (no sería la primera vez que el sindicalismo queda desairado por los zigzagueos de la palabra oficial), el encuentro simbolizará una suerte de reconocimiento implícito de la Casa Rosada de que debe salir del aislamiento en que se encuentra para intentar dar respuestas eficaces al desplome de la economía.

“¿Si vamos a ir con alguna propuesta? Queremos ver el clima y cuál es la mirada que tienen en el gabinete que maneja los números reales de la economía y administra los recursos”, dijo a Infobae uno de los dirigentes que conduce la central obrera.

Hace meses que la CGT insiste ante el Presidente en que deberían abrirse las puertas del diálogo tripartito, que incluye a los empresarios, pero los dirigentes gremiales se quejan de que el Gobierno reconoce la importancia de esa iniciativa, pero que nunca fueron convocados.

Por eso la cúpula cegetista decidió no esperar más y comenzó contactos con distintos sectores empresariales para empezar a buscar consensos para salir de la crisis. Su expectativa era iniciar conversaciones bilaterales a la espera de un llamado del Gobierno, que finalmente nunca llegó.

Uno de los encuentros más impactantes de la central obrera fue el que mantuvo con los dueños de las grandes empresas agrupados en AEA. Y fue también el más criticado por los representantes del oficialismo, que decodificaron esa videollamada como una conspiración antigubernamental: quizá contribuyó a eso que en el documento conjunto ambos sectores coincidieron en “el papel clave de las empresas privadas especialmente para la salida de esta crisis” justamente poco después de que el Presidente anunció que quería expropiar la cerealera Vicentin.

Pese a los cuestionamientos, que provinieron sobre todo del kirchnerismo, la dirigencia cegetista no abandonó el diálogo con AEA. Es más, lo profundizó: equipos técnicos de ambas entidades están trabajando en propuestas vinculadas básicamente con dos temas, la cuestión tributaria y la formación profesional.

¿Lo volverá a sentir el Gobierno como una jugada opositora? Algo de eso quedó en el ambiente: cuando los recibió hace 20 días en la Quinta de Olivos, Alberto Fernández les reprochó a seis dirigentes de la CGT un punto del documento con AEA que se había firmado hace dos meses y que, en realidad, no figuraba en la declaración original. Bad information, diría Cristina Kirchner.

En ese encuentro, el Presidente se mostró preocupado por los números del desempleo, aunque no se apartó del eje del discurso oficial cuando se habla de los estragos económicos producidos en el país desde el 20 de marzo: el problema es la pandemia y no la cuarentena que lleva seis largos meses.

El propio Ministerio de Trabajo, en un informe difundido luego de las cifras calamitosas sobre el empleo, afirmó que “los indicadores laborales del segundo trimestre de 2020 relevados por la Encuesta Permanente de Hogares (EPH-INDEC) evidencian el impacto de la pandemia sobre el mercado de trabajo” y advirtió que “esto se pone de manifiesto en una importante contracción de la población ocupada, explicada principalmente por la destrucción de empleos informales”.

Es decir, la culpa es de la pandemia. Sin embargo, cuando el INDEC difundió los números del desempleo y sostuvo que la tasa de actividad (del 38,4%) y la de empleo (33,4% de la población total) fueron detectadas por la Encuesta Permanente de Hogares como las menores en la serie histórica que se inicia en 1991, concluyó que “estos resultados reflejan en gran medida el impacto que tuvo sobre la dinámica del mercado laboral la pandemia del COVID-19 y las restricciones en determinadas actividades y a la circulación dispuestas por el Decreto 297/2020, que estableció el Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio (ASPO)”.

Los matices no son menores porque entre la dirigencia de la CGT predomina un enfoque que va más allá incluso de la mirada del Indec: el problema económico que atraviesa hoy la Argentina es básicamente por culpa de la cuarentena.

Uno de los sindicalistas que tiene a mano el termómetro del derrumbe productivo es Gerardo Martínez, el líder de la UOCRA, que sigue contabilizando 150.000 trabajadores menos en la construcción, pese a que la actividad se está recuperando en el AMBA a partir de las sucesivas flexibilizaciones del aislamiento obligatorio. Pero la mejora relativa del sector en la Ciudad de Buenos Aires y el Gran Buenos Aires se compensa hoy con la paralización de obras en el interior del país, donde crecen los contagios y, por ende, se generaliza el freno en las tareas.

El otro factor que demora la reactivación en aquellas zonas donde ya no hay cuarentena estricta es la incertidumbre económica. Luego de las últimas medidas cambiarias, la fría sensación térmica de los empresarios y de los inversores privados determina que actúen con extrema cautela. Por eso la CGT también espera sentarse con el gabinete socioeconómico para saber si la Casa Rosada tiene diseñado algún plan concreto para reactivar la economía. “Ya no esperamos las 60 medidas que anunció Alberto. Nos conformamos con una”, bromean en la cúpula cegetista.

En su reciente informe sobre las cifras de desempleo, el Ministerio de Trabajo sostuvo que aunque “el escenario laboral del segundo trimestre de 2020 es inédito para la historia de nuestro país, también lo es el sistema de protección sociolaboral vigente para paliar los efectos de la crisis en la condiciones de vida de las personas”. Y destacó el efecto de medidas como “la prohibición de los despidos (despidos sin justa causa y por las causas de falta o disminución de trabajo y fuerza mayor), el programa de Asistencia de Emergencia al Trabajo y la Producción (ATP) y la aplicación de suspensiones colectivas reguladas (impulsado por un acuerdo firmado entre la UIA y la CGT)”.

“¿Hay alguna idea en el Gobierno para discutir cómo salimos de ese esquema de contención?”, se preguntan en la CGT, que fue, en definitiva, el único protagonista del mundo sindical que durante la emergencia se mantuvo activo en la generación de propuestas que amortiguaran la crisis, como fue el acuerdo con la UIA, que le puso un piso de protección a las suspensiones acordadas.

Según los números oficiales, las personas que se quedaron sin empleo proyectadas al total urbano nacional (en términos netos) en el segundo trimestre de 2020 alcanzaron los 3,3 millones, mientras que los desocupados y trabajadores informales relevados en ese mismo período llegaron a los 6 millones. Esos 9,3 millones de personas, que le dan magnitud humana a la caída económica, obligan a agudizar algo más que la imaginación. Probablemente la convocatoria del Gobierno a la CGT (si se formaliza) esté vinculada con esta luz amarilla en el tablero de la gobernabilidad.

La CGT venía alertando desde hace muchos meses sobre el panorama crítico de la economía que se vislumbraba y sigue insistiendo en la necesidad de sentarse a dialogar con otros sectores y diseñar alternativas para la reactivación.

De la misma forma, un puñado de sindicatos selló una tregua con los movimientos sociales y están trabajando juntos en un plan para crear 4 millones de puestos de trabajo.

Siempre en la mira por episodios de violencia y casos de corrupción, hay sindicalistas y sindicalistas. Algunos, en medio de esta crisis inédita, se están comportando de forma más madura que una buena parte de la clase política.

Con información de www.infobae.com sobre una nota de Ricardo Carpena

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