OPOSICION DESTITUYENTE

OPINIÓN Por Isaías ABRUTZKY / Especial para Tiempo de Santa Fe
Argentina enfrenta hoy un fuerte ataque a las instituciones y al gobierno al que el pueblo votó mayoritariamente, y que está reconstruyendo la economía devastada que heredó de su antecesor
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Isaías ABRUTZKY / Especial para Tiempo de Santa Fe

Lentamente, pero acelerado por los ramalazos de la pandemia que azota a la Argentina y al mundo, el rompecabezas se va completando, y la imagen que presenta ya es muy reveladora: está claro que una parte de la oposición está embarcada en una cruzada destituyente de las autoridades nacionales.

 

No pueden ser más claras en este sentido las palabras del senador nacional Esteban Bullrich, quien salió a declarar, sin atisbo de pudor, que el resultado de las elecciones PASO de 2019, en las cuales el Frente de Todos -que no competía con nadie, porque se trata de una interna- fue fraudulento. ¿Cómo puede alguien decir semejante cosa, cuando el PRO estaba en el gobierno y por lo tanto disponía de todos los elementos de control del comicio?

Puede, porque hoy la verdad no existe en absoluto, sino que la fabrica quien tiene más recursos para hacerlo.

 

Por su parte, la ex ministra -y actual presidenta del PRO nacional, Patricia Bullrich, fue igualmente clara: “Somos mirados por la sociedad como la posible sustitución de este gobierno en 2021”.

 

La estrategia destituyente que llevan adelante éstos y otros representantes del partido político que dejó formalmente el Poder Ejecutivo nacional -pero que conserva buena parte de los resortes de la administración, aprovechándose de la extremada prudencia del Presidente Fernández para evitar caer en las prácticas de su antecesor, quien no vaciló en reemplazar miles de funcionarios y empleados por su tropa de adictos- se vale tanto de ese poder residual como de la disposición de una cáfila de integrantes de la clase media, entre los cuales abundan aquellos que “huelen bosta y se creen dueños de las vacas”, como los describía muy bien Eva Perón.

 

Éstos, que marchan de a pie, contagiando y siendo contagiados por el COVID-19, y sus manipuladores, que evitan el virus desfilando dentro de sus BMW, Mercedes y camionetas Hilux de último modelo, protestan envueltos en los símbolos patrios, pretendiendo adueñarse de los conceptos de república y democracia, en tanto exhiben pancartas y gritan -con gestos desaforados- consignas absolutamente reñidas con el estado de derecho.

 

Rara, esquizofrénica atmósfera la que nos hacen respirar estos personajes, que en su afán de volver al neoliberalismo que dejó al país en ruinas (pero que brindó pingües ganancias para amigos y familiares, y permitió todo tipo de maniobras de especulación financiera, de contrabando, de escandalosos negociados, entre otras trapisondas) no vacilan en enancarse en la enloquecida onda que azota a América Latina, y que se llevó puestas a los mejores gobiernos, como los de Brasil y Bolivia.

 

Envalentonados porque se adueñan de la calle sin ser molestados por las autoridades, pese a que violan flagrantemente la normas de salubridad vigentes, su escalada sigue acumulando peldaños: desde agredir a la prensa que no les simpatiza políticamente en forma verbal y física han llegado ahora al intento de presionar a jueces de la Corte Suprema para que procedan de acuerdo a sus designios.

 

Los hechos desnudan la mentira de aquellas promesas de oposición responsable que exhibian quienes fueron obligados por el voto popular a desplazarse de la conducción del país. Ellos muestran ahora su verdadero rostro y la ciudadanía toda debe advertir el peligro que representan para las instituciones de la democracia.

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