¿Sabe el Gobierno algo que desconocemos?

ECONOMÍA Por Walter Graziano*
Las cosas no están nada bien en materia económica. Por supuesto que la economía no puede normalizarse del todo sin un plan económico abarcativo e integral. La lógica más pueril indica eso. Pero el equipo económico ni tiene uno, ni sabe cómo diseñarlo, por lo que mucho mejor que ahora no vamos a poder estar.
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En los medios se viene debatiendo profusamente acerca de lo que quiso decir el ministro Guzmán y se sigue discutiendo acerca de si el Gobierno terminará devaluando o no la moneda. Podrían, incluso, continuar argumentando “ad infinitum”. Profundizando en ese debate, se argumenta acerca de si China va a desembolsar o no parte del swap, y se señalan, incluso, más dificultades de las que realmente existen para que ello ocurra. China se escuda en la cláusula que expresa la taxativa necesidad del visto bueno del FMI para convertir parte del swap. Esa cláusula no existía, hasta que al renovarse el swap en 2019 esta se introdujo a pedido de Pekín. Pero ese es el único obstáculo, que no es pequeño, porque requiere un acuerdo con el FMI y eso a su vez implica el apoyo de Estados Unidos. Pero ese es el condicionante y no otro. Lo cierto es que acuerdo con el FMI, sea más tarde, o sea más temprano, va a existir en forma prácticamente asegurada porque de otra manera el FMI no refinanciará lo que vence en junio, el resto de los organismos tampoco, y Argentina caería entonces nuevamente en default. Eso no va a ocurrir. El Gobierno sabe muy bien el papelón para el país que eso significaría. Hay que descartar, por simple lógica, que eso pueda ocurrir.

Ahora bien: ¿va a estar el acuerdo en forma inmediata ? Lo más probable es que no. Eso puede tardar meses enteros y no hay que esperar que esté para ni siquiera antes de fin de año. Sería un gran logro, pero eso no es probable.

¿Significa esto entonces que la política cambiaria tiene los días contados más allá de su muy alta posibilidad de mantenerse hasta más o menos fin de año si se interpreta bien a Guzmán? Lo más probable es que ese tampoco sea el caso. Se supone que si las autoridades se han negado incluso a elevar de forma importante las tasas de interés para contrarrestar la suba del dólar, es porque han hecho algunas cuentas elementales. De otra manera la parsimonia y la homeopatía con las tasas no se entiende.

¿Cuáles cuentas? Pues bien, se sabe cuántas toneladas de granos no embarcadas ya están vendidas. Se sabe cuántas resta vender. Se saben las fechas más probables de los embarques, y se saben las cotizaciones de los granos en Chicago. Por lo tanto, si se sabe todo eso y también es clara para todos y se conoce la normativa acerca de los plazos obligatorios para liquidar las exportaciones, se tiene que saber cuál es, y en el peor de los casos cuándo ingresarán, como muy tarde, los dólares de las exportaciones al Banco Central.

Por lo tanto, tiene que saberse si los dólares que hay alcanzan o no para pagar en tiempo y forma importaciones, deudas privadas, etc. Salvo que alguna causa que hoy no está en el tablero descompagine todo esto, la enorme frialdad -casi indiferencia- del presidente Fernández, como la calma del ministro Guzmán para tratar estos temas hacen pensar que han hecho esas cuentas. De otra manera... las actitudes de no subir las tasas de interés, la calma, la frialdad y la indiferencia serían temerarias.

Aunque hay un punto en el que hay que darle la derecha tanto al Presidente como al ministro. Hay una sobreactuación con el tema de la suba de las versiones libres del dólar. Hoy no estamos en un mercado único y libre de cambios, que produciría una instantánea transmisión de las subas del dólar a los precios. Tampoco las subas del “blue” y del “contado con liquidación” implican pérdida alguna de reservas por sí mismas. No hay mucha diferencia en que el “blue” valga $160, $180 o $200. Si la suba no se traslada a precios -lo que hasta ahora no ocurre-, si las reservas del BCRA no bajan mucho más a consecuencia de las subas marginales y si la gente no provoca una estampida de retiro de depósitos en dólares de los bancos, el valor del dólar de un día poco y nada significa. No estamos en la época de Sturzenegger, que para impedir centavos de suba en la divisa liquidaba a mansalva cifras superiores a los u$s500 millones en cuestión de horas, causando él mismo más pánico que el que ya tenía el mercado.

Al respecto, puede entreverse cuál puede ser el nuevo rumbo económico del Gobierno. El anuncio de una flexibilización del dólar contado con liquidación es un indicio que cuenta con una saludable muestra de realismo. Ocurre que a la hora de diseñar el “supercepo” entre el 15 de septiembre y el 1 de octubre el BCRA dejó a ese mercado sin oferta. Las empresas extranjeras compran divisas por ese mercado. Pero ¿qué inversor extranjero va a ser tan osado de ingresar divisas para colocarse en pesos en este contexto? Obviamente, sólo hay demanda para el dólar contado con liquidación así como está. Menos Miguel Pesce y el directorio del Banco Central, lo sabe todo el mundo. El anuncio ahora de una oxigenación en la política cambiaria puede llegar a implicar una intención de un saludable cambio de rumbo.

De todas maneras, las políticas económicas no pueden juzgarse por los hombres que las llevan a cabo, sino por su lógica interna. Sin embargo, aunque eso es así, tampoco es inocuo que el muy formado ministro Guzmán carezca de experiencia, a consecuencia de lo cual muchas veces asemeje ser un ministro liviano para lo problemática que es la situación. Pero aunque eso sea cierto, el mero hecho de que parezca que está ganando terreno perdido en su pulseada con Pesce es una excelente noticia. Después de los graves errores del 15 de septiembre y el 1 de octubre, Pesce -quien ya había cometido varios gruesos errores antes, desde hace ya varias semanas- resulta revulsivo tanto para tirios como para troyanos. Lo único que parece sostenerlo es su amistad de vieja data, aparentemente vinculada a un pasado radical en común con el Presidente.

En suma, obviamente las cosas no están nada bien en materia económica. Por supuesto que la economía no puede normalizarse del todo sin un plan económico abarcativo e integral. La lógica más pueril indica eso. Pero el equipo económico ni tiene uno, ni sabe cómo diseñarlo, por lo que mucho mejor que ahora no vamos a poder estar. Si bien ello es así, la economía no parece estar para la extremaunción que la corrida hacia las variables libres del dólar parece indicar. No es seguro, pero la gran calma y hasta incluso la indiferencia de los funcionarios frente a la realidad de los mercados parece obligarnos a optar por una de dos: o bien los funcionarios saben algo que no sabemos, o bien sus reacciones son dignas de una temeridad casi sin límites. Roguemos que sea lo primero...

* Para www.ambito.com

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