Las razones que impulsaron a Cristina Kirchner a proponer un acuerdo nacional y la salida del bimonetarismo

POLÍTICA Por Analía ARGENTO
Quienes más conocen a la vicepresidente aseguran que hizo un llamado de atención a todos los sectores para superar antinomias y peleas y administrar los dólares existentes
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Nunca estuvo en los planes de Cristina Fernández de Kirchner asistir a ningún homenaje a Néstor Kirchner. “Tal vez sea un mecanismo inconsciente de no aceptación ante lo irreversible”, escribió en un extenso texto difundido esta tarde. La coincidencia entre el aniversario de la muerte de su marido y el primer año del triunfo electoral de Alberto Fernández le sirvió de excusa para dar un fuerte mensaje político a los sectores de poder y a los propios, mucho más fuerte que la proclama escrita dos meses atrás cuando en vísperas del tratamiento de la reforma judicial la minimizó y calificó como un simple reordenamiento. Esta vez apuntó críticas al gabinete, aseguran que intentó fortalecer la figura presidencial y no debilitarlo, planteó la necesidad de un gran acuerdo nacional y salir del bimonetarismo. Lo hizo unas horas después de que el Presidente denunciara, como ella, una “extorsión” de parte de sectores que estarían reclamando una devaluación.

“Tenemos que tener memoria, porque devaluar es muy fácil, pero devaluar es una máquina de generar pobreza. Lo que queremos es una Argentina que crezca, que se desarrolle, que dé trabajo, produzca y exporte. Así queremos conseguir los dólares. No queremos conseguir los dólares por poner el dólar al precio que algunos poderosos necesitan”, exclamó Alberto Fernández en Ezeiza en un acto de entrega de viviendas junto al gobernador Axel Kicillof; el intendente Alejandro Granados; la titular de la Anses, Fernanda Raverta; la titular de AySA, Malena Galmarini y, entre otros, el intendente de Lomas de Zamora, Martín Insaurralde.

En su carta pública Cristina Kirchner dijo: “Hoy, luego del derrumbe macrista y en plena pandemia, y pese a no tener obligaciones de pago en moneda extranjera en lo inmediato gracias a la reestructuración de deuda llevada a cabo por el Gobierno, con superávit comercial y mayor nivel de reservas en el BCRA que cuando terminó mi gestión, continuamos con la restricción externa de esa moneda -o faltan dólares o hay demasiada demanda- a la que se suma una más que evidente extorsión devaluatoria”. Varias veces justificó en la pandemia la crisis económica actual.


En ese marco son pocos los que se atreven a interpretar o a contar detalles de la carta de la vicepresidente. Lo primero que aseguran quienes sí se atreven es que el texto apuntó a apoyar a Alberto Fernández, que en esa línea hay que leer las críticas a quienes lo criticaron durante su participación en el coloquio de IDEA, lo que ella en su momento desaconsejó, y las críticas a quienes dicen que no es él quien gobierna sino ella.

Que lo apoye, señalaron, no significa que esté conforme con todo. Por eso ha hecho, sostienen, observaciones a algunos funcionarios. El dato no es nuevo. La novedad es que lo haya puesto por escrito.

Sin embargo y a pesar de las diferencias, en el peronismo se venía discutiendo en voz baja la efectividad de algunos ministros, incluso algunos buenos amigos del Presidente de la Nación venían cuestionando la falta de políticas ofensivas como también la falta de voces que defiendan la gestión. Otros siguen diciendo que La Cámpora minó las segundas líneas de gestión.

La reiteración respecto a quién toma las decisiones, de que ella dio un paso al costado y resignó sus aspiraciones al punto de acordar con quienes la querían ver presa y el agradecimiento final, con palabras cálidas hacia Alberto Fernández, fue subrayado como prueba de que no le suelta la mano a su amigo el presidente de la Nación y que está dispuesta a mantenerse en un segundo plano. Excepto hoy, un día en que “dijo lo que nadie dice y con franqueza”, indicó un legislador.

Lo más importante de la carta, describen quienes más la conocen, es el planteo de una invitación a un acuerdo, al que debería llamar el Presidente, aún más amplio que el Acuerdo Económico y Social al que fueron convocados sindicatos y los sectores productivos. Justamente la semana pasada ese ámbito de discusión arrancó en la mesa del jefe de gabinete Santiago Cafiero y avanzó con encuentros con el sector de la construcción y las automotrices que tuvieron como interlocutores, entre otros, al ministro de Economía Martín Guzmán y al de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. Justo este último es uno de los menos queridos por el cristinismo en su conjunto.

La propuesta de la vicepresidente que busca sacudir a todos los sectores es muy amplia y abarcativa, tan abarcativa que suma a los medios de comunicación, un tema recurrente en su discurso y en el de dirigentes que la representan como el senador Oscar Parrilli que el último viernes volvió a acusar a los diarios de mentir cuando presidió el debate sobre cambios a la duración del mandato y la forma de remoción del Procurador General. Lo escribió CFK en la última de las tres certezas de la carta. “La Argentina es ese extraño lugar en donde mueren todas las teorías. Por eso, el problema de la economía bimonetaria que es, sin dudas, el más grave que tiene nuestro país, es de imposible solución sin un acuerdo que abarque al conjunto de los sectores políticos, económicos, mediáticos y sociales de la República Argentina. Nos guste o no nos guste, esa es la realidad y con ella se puede hacer cualquier cosa menos ignorarla”.

Un asiduo visitante del Instituto Patria, momentáneamente cerrado por la pandemia, insistió en que el mayor cambio en la propuesta de un acuerdo es la incorporación de esa pata mediática. “Es un acuerdo más profundo que el económico-social. Abarca incluso el cambio cultural” citó el dirigente que recordó el discurso del año pasado en La Rural cuando Cristina presentó su libro Sinceramente. Entre otros puntos separó el liderazgo político de la responsabilidad de tomar decisiones de gobierno “que claramente pone en manos de Alberto”, agregó.

El acuerdo debería incluir, para alguna voces peronistas, una baja en la tensión entre los extremos de la grieta, es decir entre el kirchnerismo duro y el macrismo más radicalizado.

El otro punto fuerte de la propuesta de la vicepresidente es cómo dejar de ser un país atado al dólar. Sinceró un análisis nacional que excede a cualquier ideología, partido político o sector social: el dólar es la moneda de ahorro y también de especulación. El cepo no funciona, Mauricio Macri agravó la situación al endeudarse, y la pandemia profundizó los problemas. Es lo que sostienen cerca de Cristina Kirchner. Pero dicen también que aún en épocas en que la situación económica funcionó, la importación de bienes y la balanza turística, por ejemplo, se volvieron en contra. “Tenemos que sentarnos, tenemos que hacer un acuerdo político, sindical, productivo y con los medios”, le dijeron varias fuentes a Infobae que piden medidas para canalizar el ahorro de manera que no se perjudique ni el ahorrista ni el país. Y hacen esta ecuación: “Con una balanza comercial favorable, sin egreso de moneda por turismo, sin deuda para pagar en lo inmediato, hay que proteger los dólares, administrar bien y definir adónde destinar los dólares”.

Después de leer varias veces la carta amigos de ambos aseguran que fue idea de Alberto Fernández que la estatua de Néstor Kirchner esté en el Centro Cultural que lleva su nombre y que no fue un pedido de la vicepresidente de la Nación. En los dos últimos párrafos ella reivindica la decisión de su ex jefe de gabinete y la califica como “una caricia al alma”.

Una fuente consultada pidió releer el texto “sin prejuicios”. Y consideró que lejos de su habitual beligerancia, con el planteo de un acuerdo ella propone “dejar de pelearse”.

Fuente: Infobae

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