Alberto Fernández apuesta a su relación con Joe Biden para abrir una nueva etapa con la Casa Blanca

POLÍTICA Por Román Lejtman*
El Presidente estaba en la quinta de Olivos cuando conoció que Donald Trump había perdido su reelección y sin dudar decidió saludar el amplio triunfo del candidato demócrata
NHDKSXP2L5CRBG4OWJEO26JBWQ

Antes de viajar a Bolivia para participar de la asunción presidencial de Luis Arce, Alberto Fernández estaba en la quinta de Olivos mirando el último capítulo de la serie Gambito de Dama, la historia de ficción sobre una brillante jugadora de ajedrez con infancia trágica que protagoniza la actriz argentina Anya Taylor-Joy.

El Presidente quedó satisfecho con la trama de Gambito de Dama y prendió la televisión para saber cómo estaba el conteo de los votos en las reñidas elecciones presidenciales en Estados Unidos. Puso atención en la pantalla cargada de azul y rojo, y al final sonrió satisfecho: Joseph Biden había derrotado a Donald Trump.

Alberto Fernández vive al lado de su celular y usa -indistintamente- WhatsApp y Telegram. Con el triunfo de Biden, el presidente chateó durante largo rato y en respuesta recibió muchísimos memes, comentarios e ilustraciones. Una ilustración en particular resumió su estado de ánimo: la falsa tapa de la icónica revista Time.

Alberto Fernández nunca se sintió cómodo con Trump y evitó la cercanía personal por sus diferencias respecto de Venezuela, la agenda la Organización de Estados Americanos (OEA), la crisis institucional en Bolivia, las consecuencias globales del Cambio Climático y la designación de Mauricio Claver Carone al frente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

En este contexto geopolítico, el Presidente puede reescribir su relación bilateral con la Casa Blanca. Biden es amigo personal del papa Francisco, considera que es necesaria una mesa de negociación para terminar con el régimen populista de Nicolás Maduro y cree que la OEA tiene que empujar una agenda regional que incluya a todos los países de América Latina.

Alberto Fernández asume que las posiciones extremas de Trump sobre Venezuela, Bolivia y el Cambio Climático afectaron su propia relación con los socios del Mercosur y en la Organización de Estados Americanos, y apuesta a que la nueva agenda de Biden en la región atenúe la influencia de Jair Bolsonaro en ese bloque multilateral y de Luis Almagro en la OEA.

Cuando terminó de chatear con ciertos miembros de su gabinete y determinados legisladores nacionales, el Presidente decidió mover hacia el centro del tablero para demostrar a Washington que no tiene prejuicios ideológicos frente a la Casa Blanca. En su inesperado gambito vía Twitter, Alberto Fernández explicitaba que sus diferencias eran con Trump, y no con Estados Unidos.

Como sucedió con sus primeros contactos con Kristalina Georgieva, directora gerente del Fondo Monetario Internacional (FMI), el presidente tiene a favor a Francisco y su agenda global. Francisco es amigo de Biden y juntos trabajaron muchísimo para que Cuba y Estados Unidos pudieran descongelar sus relaciones diplomáticas.

El Papa fue clave para que el régimen de Raúl Castro confiara en las intenciones de la Casa Blanca, y esa participación diplomática y secreta se hizo a instancias del presidente electo de los Estados Unidos. Biden escucha a Francisco, y eso facilitará la primera llamada de Alberto Fernández al sucesor de Trump.

El Presidente tenía (tiene) fuertes diferencias ideológicas con Trump, y ahora buscará construir una agenda común con Biden al margen de los temas básicos de la agenda bilateral: narcotráfico, terrorismo, control nuclear, tráfico de armas y delitos económicos.

Desde esta perspectiva, el Presidente hará la llamada protocolar a Biden para felicitarlo por el triunfo electoral y continuación planteará su mirada sobre el mundo post pandemia COVID-19, la crisis en Venezuela y las posibilidades de profundizar las relaciones bilaterales.

Sin olvidar que la colaboración del Departamento del Tesoro es clave para cerrar en tiempo y forma la negociación con el FMI. En este sentido, Biden actuará igual que Trump: apoyará y exigirá un programa económico que otorgue sostenibilidad al pago de la deuda asumida durante la administración de Mauricio Macri.

Se abre un nueva instancia entre la Casa Rosada y la Casa Blanca, tras los cuatro años de mandato de Trump. Alberto Fernández tomó la iniciativa, y ahora aguarda coronar su saludo protocolar al presidente electo de los Estados Unidos. Llegará en pocos días, cuando Biden haya nombrado a su equipo de transición, y Trump aún dispute una batalla judicial que no ganará.

* Para www.infobae.com

Te puede interesar