Globant, el otro unicornio argentino, sigue los pasos de Mercado Libre y se va a Uruguay

ECONOMÍA Por Sebastián CATALANO
La empresa ya tiene un market cap en Wall Street de USD 8.300 millones, presencia en 17 países y no paró de crecer en medio de la pandemia. Reuniones en Olivos y consultas por nueva residencia fiscal
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Globant es una empresa desconocida para la mayoría de los argentinos, pero para nada lo es en el mundo de los negocios, donde además por estos días se habla de ella por dos motivos: por sus números y el crecimiento que registra su negocio global en medio de la pandemia, y por sus fundadores y la tendencia a la que se suben cada vez más empresarios argentinos: irse del país en medio de un contexto que consideran de muy alta incertidumbre y, sobre todo, de ahogo impositivo. Se menciona a Globant en charlas en oficinas de tributaristas, en Buenos aires y Uruguay, entre los corredores de Bolsa y también en Olivos. Martín Migoya, CEO y cofundador de la empresa, suele ser uno de los invitados a las reuniones sectoriales con hombres de negocios que organiza, a veces de manera secreta, Alberto Fernández.

Según pudo saber Infobae, Migoya y algunos de sus tres socios fundadores de Globant –Guibert Englebienne, Martín Umaran y Néstor Nocetti– estarían en medio de alguna instancia de esos trámites engorrosos y complicados en los que los tributaristas destacan el riesgo de caen en la doble tributación. Sería el peor de los infiernos: pagar impuestos en dos países. Así lo confirman fuentes empresariales y oficiales, allegados, conocidos y entendidos en la materia, locales y uruguayos. Incluso, la última convocatoria presidencial, el mes pasado, encontró al CEO pasando unos días en Uruguay y tuvo que viajar de urgencia.
Unicornio tech

Este unicornio tecnológico nació en Buenos Aires en 2003, de la mano de cuatro ingenieros que se cansaron de trabajar para otros y, entre cerveza y cerveza en el bar de la esquina de la consultora que los empleaba, se pusieron como meta hacer una empresa moderna y ágil que vendiera servicios informáticos sólo en el exterior. Hicieron un breve plan de negocios en un powerpoint, dictaminaron que el inglés iba a ser el idioma nativo de la startup, armaron la valija y salieron a venderle al mundo.


Fast forward a hoy: la empresa tiene oficinas en 17 países, cotiza en Wall Street, tuvo ingresos por más de USD 659 millones el año pasado y en los últimos 12 meses más que duplicó su valor de mercado: pasó de unos USD 4.000 millones en noviembre de 2019 a USD 8.300 por estas horas (poco más del 10% de lo que vale Mercado Libre, pero casi 6 veces más que YPF). La pandemia aceleró la adopción de sus soluciones en todo en el mundo y la facturación y la presencia global de la empresa se dispararon.

Al otro lado del charco

El paralelismo con Mercado Libre es inevitable. Marcos Galperin y Migoya tienen una muy buena relación, son amigos. Se consultan, hablan, comparten ideas. No sólo eso, ambos recibieron el ticket dorado para ingresar a lo más granado del establishment local y son miembros de AEA, la Asociación Empresaria Argentina. Fueron los primeros empresarios de internet que se sentaron a la mesa que nuclea a los dueños de las empresas más grandes del país: Paolo Rocca, Héctor Magnetto, Alejandro Bulgheroni, Luis Pagani, Eduardo Elsztain y otros.

El alma mater de Mercado Libre se fue a vivir con su familia a Uruguay hace casi un año, justo antes de que asumiera Alberto Fernández. Se fue “cansado del manoseo”, según le aseguró a este medio por entonces una de las personas que mejor lo conocen. “Motivos personales”, adujo formalmente la empresa sin dar más datos de la partida. Razones al margen, lo cierto es que Galperin volvió a cruzar el charco luego de vivir allí durante todo el kirchnerismo y de regresar durante el gobierno de Mauricio Macri, a quien apoyó y llamó a votar el año pasado luego de las PASO. Hasta fiscalizó para Cambiemos en las presidenciales que perdió Macri.

Ahora, Galperin vive en Uruguay y fue uno de los primeros empresarios importantes de la Argentina que tomaron la decisión de irse, seguramente en parte también cansado de las altísimas cargas tributarias. La suba de la alícuota de bienes personales –cuando se saltó de la promesa de 0% de Macri a 2,25% con la ley de Emergencia de Fernández– fue la gota que derramó el vaso para muchos y el gatillo para empezar los trámites para pedir la residencia fiscal del otro lado del Río de la Plata. Por esos días, incluso, ni siquiera estaba tan instalado el tema del impuesto a la riqueza.

Infobae dio más detalles de la situación ayer: según especialistas, entre 11.000 y 25.000 comenzaron a llenar papeles en ese sentido en los últimos tres meses. Otros nombres conocidos que lo hicieron: Federico Tomasevich, de Puente, y Gustavo Grobocopatel, el “rey de la soja”.

“Ni confirmo, ni desmiento. Hablemos de Globant; del resto, no. No me expongo”, le dijo a Infobae Migoya. Su postura es férrea, similar a la de sus socios: insiste con que no habla de su vida personal, ni para bien, ni para mal; ni para confirmar, ni para desmentir; repite que es un tema personal y que no expone al periodismo su vida privada. Sí aclara, por las dudas y en medio de un contexto de salida para muchas multinacionales, que la empresa “de ninguna manera” se va del país.


"Viajo mucho, estoy mucho afuera. Soy un ciudadano del mundo, de verdad. Lo que puedo comentar es que desde hace un tiempo estamos analizando la posibilidad de moverme a EEUU o Europa, para estar cerca de mis clientes, dado que somos una empresa cada vez más global. Hoy, más que nunca, tenemos que aprovechar la oportunidad gigante que representa para Argentina la aceleración tecnológica post pandemia y el posicionamiento de liderazgo de Globant. Como parte de esta visión también estamos trayendo más management global para estar en esas geografías, cerca de ellos. Es nuestro plan para seguir creciendo y ampliar nuestra presencia en el país”, argumenta e insiste en no hacer ninguna mención a Uruguay.

Migoya detalla que no tiene previsto ver a Alberto Fernández en los próximos días. Según pudo saber Infobae, la idea de que se mude al país vecino no cayó nada bien en la cima del Gobierno.

El negocio y el país

Este año Globant anunció la compra de gA, otra tech argentina, por USD 75,5 millones y el raid de adquisiciones es sostenido en los últimos tiempos. Migoya detalla que están invirtiendo USD 50 millones para construir tres edificios, en la Ciudad de Buenos Aires, Tandil y Córdoba; que contratarán 5.000 empleados en los próximos dos o tres años; y que mañana anunciarán una donación al Estado nacional de USD 250.000 en 42.000 kits de testeo para el coronavirus.


“Nuestra industria se disparó: ahora todos tuvieron que hacer la reconversión digital de una vez y muchos nos llamaron. Además, el dinero está barato en el mundo y los activos de las empresas que crecen son más apreciados que antes. Hay tasa negativa y los fondos se vuelcan a activos. Es un momento único donde se dan esos dos fenómenos, y nosotros estamos en el medio. Por eso valemos mucho más… se pone bueno”, detalla el empresario.

- ¿Cómo evalúa la situación económica de la Argentina?

- Estamos pasando un momento muy difícil, que venía mal y se complicó más con la pandemia. Hay muchas cosas pendientes. La brecha cambiaria no ayuda, pero creo que hay buenas intenciones en el Presupuesto. La idea de hacer las cosas más balanceadas. Tengo fe de que, de a poco, la actividad retomará luego de una baja violenta. Espero que se balanceen mejor las cuentas. Insisto, la brecha es muy grave, lo dijo el propio ministro Guzmán. Todos miran ese dólar. Tenemos empleados que se van de Globant a trabajar con alguien que le paga desde afuera; se pierden las cargas, los impuestos. La coyuntura es complicada, ojalá que esta “primavera” económica, más la vacuna, generen un clima de que las cosas estarán mejor. Hay que tener mucha disciplina fiscal. Construir un Estado confiable, para que la moneda sea confiable y los argentinos confíen en ella, que en definitiva es confiar en el Estado. Ese trabajo se tiene que hacer muy bien. Se están dando algunos pasos. ¿Son suficientes? No sé, no soy economista.

Fuente: Infobae

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