La historia secreta del ex primer ministro sirio que fue un doble agente y ayudó a crear el estado de Israel

INTERNACIONALES Por Simón DERONDA
Los británicos lo tentaron con dinero y un cargo de altísimo rango en su plan para una “Gran Siria”, con los iraquíes y los jordanos. Los franceses lo descubrieron. Y lo utilizaron. Tras una vida dedicada a la ardua política de Medio Oriente, Jamil Mardam murió en el Cairo en 1960, sin que nadie hubiera revelado su secreto
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Desde julio de 1945, David Ben-Gurion se preparaba para la posibilidad de que los países árabes atacaran al posible estado israelí si declaraba su independencia. Al mando de la comunidad en Palestina, por entonces un protectorado británico, como presidente de la Agencia Judía —la Sojnut, una especie de poder ejecutivo de la nación en ciernes—, esperaba acciones de los ejércitos árabes. En esos planes estaba, contando cuántos hombres podría movilizar la Haganah —la organización armada precursora del ejército israelí— a partir de la inmigración que llegaba, cuando los informes de un espía le advirtieron que estaba mirando al enemigo equivocado.

Su problema no era calcular la cantidad de combatientes que conseguiría para enfrentar a los ejércitos árabes. Su problema era el gobierno británico, que planeaba frustrar la creación del estado de Israel. Los funcionarios de la corona instalados en el protectorado, junto con las agencias de inteligencia de Medio Oriente, movían sus recursos para declarar a la Haganah como una organización terrorista y así desarmarla, para proceder a crear una Gran Siria, que incluiría una pequeña entidad judía, no un estado independiente.


El espía que había pasado el dato que cambió la estrategia de Ben-Gurión —y de ese modo dio al mapa de Medio Oriente la configuración que tiene en la actualidad— no jugaba en su equipo. Más bien todo lo contrario. Y era, además, una figura de alto rango.


Se llamaba Jamil Mardam y había sido central en la escena desde que en 1927 co-fundó en Damasco el Bloque Nacional, el movimiento opositor al mandato francés en Siria. En el momento en que entregó los datos cumplía cuatro cargos en el gobierno de Shukri al-Quwatli en Siria: ministro de relaciones exteriores, de economía, de defensa y viceprimer ministro.

Pero eso es solo la mitad de la historia. Porque en realidad Mardam no actuó voluntariamente: los franceses lo extorsionaron para que sirviera a dos patrones.

Descubrieron que Mardam había sido reclutado por brigadier británico Iltyd Nicholl Clayton, jefe del MI6 en la región, y el primer ministro de Irak, Nuri Sa’id. Había recibido pagos cuantiosos por pasar información y colaboraba en un plan por el cual Siria, tras expulsar a Francia de los territorios que mantenía en calidad de mandato, se uniría con Irak y el Emirato de Transjordania (el nombre que entonces tenía Jordania) bajo el monarca hachemita. Se crearía así una Gran Siria y, desde luego, Mardam sería el gobernante en Damasco.

Al enorme Charles de Gaulle, presidente provisional de la Francia recién liberada del dominio nazi, no le gustó que su subordinado político en Damasco colaborase con su antiguo rival imperial —terminada la Segunda Guerra Mundial, esos sentimientos volvían a emerger— para entregarle el control completo del área: el Reino Unido ya controlaba la mayoría de la Mesopotamia y ahora le quería birlar Siria. Los representantes franceses en el mandato le explicaron a Mardam que tenía dos opciones: se convertía en agente doble o enfrentaba los cargos que surgirían de la difusión de su espionaje para los británicos.


Esta historia emergió de un venero de documentos que Meir Zamir, profesor de la Universidad Ben-Gurión del Néguev, estudia desde hace décadas, y que en 2008, cuando pasó un año examinando archivos de De Gaulle, comenzaron a revelar aspectos notables de lo que el académico ha llamado La guerra secreta anglo-francesa en Medio Oriente, tal el título de su libro de 2014. Mientras prepara la salida de otro libro en 2021, Zamir publicó la historia fantástica de Mardam en Haaretz.

Sus hallazgos hasta el momento han establecido que Gran Bretaña desarrolló una “política dual” —como la llamó el experto— en Siria y Palestina: “una supuesta mediación entre los franceses y los sirios, cuyos detalles se encuentran en los archivos británicos, y una política tácita destinada a desalojar a Francia, de la que quedan pocos rastros en la documentación oficial”. Francia, en cambio, ha conservado papeles al respecto, que se remontan a las acusaciones de De Gaulle contra Gran Bretaña por planear en secreto la expulsión de Francia del Levante. Mientras tanto, la tragedia de las naciones de Medio Oriente tomaba la forma que tiene en la actualidad.

Mardam, el espía renuente

“En el verano de 1945, nadie era más odiado por los funcionarios franceses en Siria y Líbano que Jamil Mardam”, escribió Zamir. “Decidieron explotar la situación para sus propios fines y comenzaron a chantajear a Mardam. Amenazaron con publicar los documentos en su poder y con filtrar la información a sus enemigos políticos. Mardam finalmente renunció en agosto de 1945 después de consultar con sus responsables británicos, pero ellos nunca supieron que se había rendido al chantaje y se había convertido en un agente doble".


Mardam entregó a los franceses información valiosa sobre las intenciones de los militares y la inteligencia de Gran Bretaña en Medio Oriente. Por ejemplo todo lo que fue de gran utilidad a Ben-Gurión: que buscarían declarar a la Haganah como una organización terrorista y —un dato también desconocido hasta ahora— que los británicos habían reclutado a un agente dentro de la Agencia Judía, y que ese hombre había transmitido detalles de las discusiones entre sus líderes e incluso enviado copias de las actas de reuniones secretas.

Entonces hubo otra vuelta de tuerca, por increíble que parezca, en esta historia. Los franceses destinaron como contacto superior de Mardam directamente a un agente de la inteligencia sionista.

En octubre de 1945, con Mardam instalado en el Cairo como embajador de Siria y enviado a la sede de la Liga Árabe, a los franceses se les volvía muy difícil contactarlo sin despertar sospechas. “La solución fue reclutar a Eliahu Sasson para la misión de transmitir la información proporcionada por Mardam”, siguió Zamir.


A comiezos de ese año Ben-Gurión había designado a Sasson al mando de la División Árabe en el departamento político de la Agencia Judía donde, entre otras funciones, debía coordinar la cooperación con la inteligencia francesa. Nacido en Siria, Sasson no sólo conocía a Mardam, sino que en 1937, en la primera ocasión en que el sirio había sido primer ministro, había mantenido reuniones con él.

Según los documentos citados en Haaretz, el 12 de noviembre de 1945 Sasson y Mardam se encontraron en el Cairo, y volvieron a hacerlo el 18 en Jerusalén, cuando Mardam viajó a la cabeza de una delegación de la Liga Árabe para organizar la representación palestina en la Liga. Pocos días después Ben-Gurion se reunió con Sasson.

“Esta es una de las pocas ocasiones en las que se puede identificar directamente a Mardam como una fuente de inteligencia de Ben-Gurión”, escribió el académico israelí. “En los años que siguieron, tanto la inteligencia francesa como Sasson ocultaron, desde luego, el hecho de que Mardam había sido fuente de información, para no exponerlo”.


Entre los documentos que revisó Zamir se encuentran “el diario de Maurice Fischer, oficial de inteligencia en el cuartel general militar de las Francia Libre en Beirut, quien antes había servido en la milicia preestatal de Haganah y más tarde se convertiría en el primer embajador de Israel en Francia”. Entre otras anotaciones de Fischer se destacó la que describió a Mardam como la persona que “reveló a los agentes sionistas en el Cairo el plan secreto anglo-iraquí para establecer la llamada ‘Gran Siria’”.

Un informe de Nahum Wilensky, el enlace entre Fischer y las autoridades máximas de la Agencia Judía, fechado en septiembre de 1945, coincidió: “Un general [francés] relató, entre otras cosas, que ellos poseen documentos autorizados que atestiguan que muchos líderes sirios recibieron dinero de los ingleses. Los franceses esperan el momento propicio para publicarlos y, mientras tanto, los utilizan para presionar a los líderes allí nombrados. El primero la lista es Mardam”.

Gracias por los servicios

Ben-Gurion ajustó su estrategia, durante el período previo a la creación del estado de Israel, gracias a la información de Mardam, que le permitió entender el juego plítico de los británicos en el área.


Una vez que en la Liga Árabe se discutió la preocupación de que la Haganah, gracias a los inmigrantes que llegaban a Palestina, llegara a unos 80.000 combatientes, los países acordaron que era necesario que el ejército británico permaneciera en el lugar, ya que los de sus países carecían de preparación y organización. Fue la primera vez que se verbalizó “que el sionismo constituía un peligro no solo para los palestinos sino para todos los estados árabes”, subrayó Zamir.

Eso había sucedido en mayo de 1946, en una reunión organizada en el Cairo por el brigadier Clayton y Abd al-Rahman al-Azzam, secretario de la Liga Árabe y también agente británico; en junio, en un segundo encuentro en Bloudan, cerca de Damasco, una resolución secreta declaró “que existía el peligro de una confrontación militar con el movimiento sionista, y en ese caso los estados árabes tendrían el deber de ayudar a sus hermanos palestinos con dinero, armas y hombres”, citó el artículo de Haaretz.

Mardam asistió a las discusiones de Bloudan. Allí lo vio Sasson, quien luego regresó a Jerusalén con la información sobre las resoluciones secretas.

Aunque poco voluntarioso, Mardam resultó un espía eficaz: los acontecimientos subsiguientes corroboraron los datos que pasó.


“El 29 de junio de 1946, en lo que se conoció como la Operación Agatha, o Shabat Negro, unidades del ejército británico arrestaron a varios líderes de la Agencia Judía, entre ellos el jefe de relaciones exteriores, Moshe Sharett”, siguió el texto. “También confiscaron archivos en la sede de la Agencia Judía en Jerusalén y allanaron un gran número de kibutzim en busca de armas ilegales”. Pero el verdadero objetivo era otro: quitarles las armas a la Haganah y reemplazar a Ben-Gurión por una figura más agradable al paladar del Foreign Office.

Gracias a la información filtrada, la Haganah estaba preparada y Ben-Gurión, en París. Aun entre los archivos secuestrados, donde había documentos de Sasson, no quedaba nada que aludiera siquiera indirectamente a un apoyo francés a quienes luchaban por crear el estado de Israel.

Semanas más tarde, tras la voladura del hotel King David en Jerusalén, los británicos lo atribuyeron a la Agencia Judía y la Haganah, a fin de justificar, aunque a posteriori, el Shabat Negro. Pero Ben-Gurión rechazó la acusación y condenó el acto, cometido por la milicia Irgun. Y un mes más tarde, en la conferencia del partido Mapai —germen del Partido Laborista Israelí—, le devolvió la cortesía al Foreign Office: “El asalto del 29 de junio fue preparado en marzo o abril de este año por los impulsores de la política británica en Medio Oriente: el círculo más reaccionario de de la burocracia diplomática, militar y colonial, cuyo centro está en el Cairo”. Sólo el círculo íntimo sabía que esas precisiones habían salido de los informes de Mardam.


Para entonces el plan de la Gran Siria había caído, curiosamente porque el monarca saudí Iben Saud, quien consideró que amenazaba a su reino, habló con Harry Truman, presidente de los Estados Unidos, y por una gestión simple del Departamento de Estado los británicos lo abandonaron. Sólo los espías de la corona continuaron explorándolo como un plan B de defensa regional ante una potencial amenaza de la Unión Soviética.

Mardam, por su parte, nuevamente convertido en primer ministro, “comenzó a distanciarse de los británicos, aunque el MI6 seguía considerándolo un agente de confianza, y a demostrar una mayor disposición a cooperar con los franceses”. En Damasco ya no era necesaria la mediación de Sasson y los franceses retomaron el contacto desde el flamante consulado —donde había más espías que diplomáticos— instalado tras establecer relaciones formales entre la repúblicas, ese mismo verano de 1946.

Si, como calificó René Neville, el cónsul francés en Jerusalén, Clayton era un especialista en “mover los hilos”, su fracaso dejó lugar a los especialistas en “apretar el gatillo”. De agosto de 1947 a mayo de 1948 la violencia se multiplicó, y a la derrota de los estados árabes y el establecimiento del estado de Israel siguió un tiempo de inestabilidad en Egipto, Irak y Siria, concluyó Zamir, “y una de las víctimas de los trastornos fue Jamil Mardam”. En diciembre de 1948 una aguda crisis político-económica forzó su renuncia como primer ministro. Pasó sus últimos años en El Cairo, donde murió en 1960 sin que nadie, nunca revelara su papel como doble agente.

Fuente: Infobae

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