La impactante historia de la tenista trans que hoy es la N° 3 de Argentina

CIUDADANOS Por Daniela LICHINIZER
Comenzó a jugar a los nueve años en el circuito masculino, pero dejó el deporte cuando inició su transición. Volvió a competir cuando la Ley de Identidad de Género le dio su DNI femenino y sostiene: “Mi motivación es que las chicas hagan deporte y salgan de la noche”
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“La mía no es una historia triste. Todos pasamos cosas tristes en la vida, pero a veces no todo es un desastre. Yo si me caigo, me levanto”, asegura Mía Fedra, quien creció viendo los partidos de Gabriela Sabatini y Mónica Seles en la televisión. Ellas eran sus ídolas y sus referentes. Con esas jugadoras como espejo hizo sus comienzos en el tenis cuando tenía alrededor de nueve años, por ese entonces competía en la categoría de menores de varones bajo el nombre masculino que le habían dado al nacer. Ya entrada la adolescencia, comenzó su transición y se alejó del deporte.

“A los 17 estaba haciendo mi transición. Hasta ese momento participaba en el circuito masculino y no podía jugar contra chicas, pero los varones me superaban en potencia, empecé a perder mucho y así decidí dejar de jugar”, recordó la tenista nacida en Adrogué.


Eran tiempos en los que en Argentina aún no existía la Ley de Identidad de Género. Mía tenía un DNI masculino y eso le impedía desempeñarse en el circuito juvenil de mujeres. Ya alejada del deporte al que le había dedicado tantos años de su vida, comenzó a estudiar Diseño de Indumentaria y Comunicación Audiovisual. Sin embargo, lo que realmente capturó su atención fue un curso de maquillaje que la llevó a trabajar en desfiles de grandes diseñadores como Roberto Piazza o el fallecido Jorge Ibáñez.

“Yo buscaba lugares de inclusión”, sostiene Mía, que entre los 17 y los 25 años también se desempeñó como Relaciones Públicas de algunos boliches y haciendo presentaciones como Drag Queen. Fue esa vida nocturna -y sus consecuencias- la que, eventualmente, la empujó a reencontrarse con el tenis, aquel deporte por el cual se había apasionado de pequeña.

“Yo trabajaba de noche, estaba descansando mal, comía solo una vez por día, había adelgazado mucho y estaba muy mal físicamente. Me sentía muy mal de salud y le dije a mi familia que iba a tener que cortar con todo eso porque me estaba enfermando. Entonces, decidí anotarme en el profesorado de tenis para poder trabajar de eso y dejar la noche”, comentó.

Era el año 2009. Mía seguía teniendo un DNI que decía que era varón. Aunque usó ese documento para anotarse en el profesorado, durante las clases siempre respetaron su identidad de género y su nombre. “Aunque nadie lo crea, el tenis es un ambiente inclusivo y la gente tiene muy buena onda”, asegura, y relata con humor: “Mis compañeros del profesorado tenían entre 20 y 30 años y ya eran de otra generación, no pasaba nada si eras gay o si eras trans. Yo igual en ese momento traté de bajarle un cambio al tema de la estética: no podía ir toda ‘montada’ (vestida con sus ropas de Drag) a hacer el profesorado. Entonces volví un poco para atrás, pero después ya casi terminé en tacos dentro de la cancha (risas)”.

Tres años más tarde, con la sanción de la Ley de Identidad de Género, a la bonaerense se le abrió la posibilidad de jugar en el circuito femenino. Ya no se trataba solo de enseñar, sino también de competir. Muchos años habían pasado desde la última vez en que había agarrado una raqueta con ese fin. “Para mí era algo imposible, pensaba que nunca iba a jugar de nuevo. Venía de la noche, que es lo menos deportivo que hay, y de repente empecé a jugar y empecé a ver que podía”, señala la jugadora, que también trabaja como modelo y que siempre contó con el apoyo de su familia como sostén principal en todo lo que emprendió.

Fue así como Mía comenzó a jugar en el circuito senior femenino y actualmente ocupa el puesto número tres en el ranking argentino. Entre sus compañeras nunca encontró reparos a su participación y hasta recibió muchas propuestas de colaboración para poder costear su carrera. Hoy cuenta con el apoyo de su entrenador, Marco Caporaletti, y del club Darling, al cual representa en los torneos por equipo.


“Un día me llamó una chica del club y me dijo que quería que jugara para ellas. Todas tenemos que tener un club de pertenencia para poder competir por equipos, pero eso para mí no existía porque nadie me incluía. Ella se cargó con la mochila de tener una tenista trans en el equipo, porque seguramente alguien se iba a quejar, pero no se hizo ningún problema”, destacó.

En el tenis Mía ha logrado hacer muchas amistades. Prueba de ello es un hecho que ocurrió hace tan solo dos semanas cuando la tenista sufrió un robo violento a manos de motochorros que la apuntaron con un arma y la golpearon. Ese día se llevaron su bolso con sus raquetas y sus zapatillas, es decir, todos sus elementos de trabajo. “Sentí que me arruinaron la vida”, dijo. Tras relatar el hecho en Facebook, Mía recibió una respuesta inesperada: sus compañeras organizaron una ‘vaquita’ y lograron reponer todo lo que había perdido.

“Muchos dicen que el ambiente del tenis es careta, pero hay mucha gente joven que tiene otra cabeza o personas grandes que se van aggiornando”, valora Mía, que tras haber estado casi sin actividad deportiva desde marzo cuando inició la cuarentena por la pandemia de coronavirus, ahora está ‘a full’ con sus entrenamientos cinco días a la semana. Así, se prepara para afrontar a finales de este mes el torneo Haciendo Tenis, que es organizado por la AAT y que se jugará en San Lorenzo. Allí se medirá ante jugadoras de su edad y otras más jóvenes, incluso algunas de 17 años. “Las pibitas juegan muy bien, pero yo me la re banco”, asegura, entre risas, pero confiada.

Por estos días Mía también se prepara para participar de las actividades de la Semana del Orgullo, organizadas por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Contará su historia y charlará sobre lo que implica ser una deportista trans el miércoles a las 16 junto a Juan Pablo Morino en el Instagram de @dhumanosba. Hace dos años, ella ganó el torneo de tenis mixto que se organizó en el Cenard como parte de las actividades de esta celebración (este año no se hará por la pandemia). “La final se la gané a un varón, jugamos chicas y chicos porque el deporte es para todes”, sostuvo.

En ese sentido, puntualizó: “Me gusta estar en estos eventos y contar lo que yo hago porque mi motivación es que las chicas hagan deporte y salgan de la noche. Además, este es un año en el que tenemos mucho para festejar ya que se lograron cosas como el cupo laboral trans. El 2020 tal vez no fue bueno por la pandemia, pero al mismo tiempo se van solucionando otras cosas y se ve una luz al final del camino, hay esperanza. Hay cosas que están cambiando, la gente está cambiando y se están repensando muchas cosas, por eso creo que en la Semana del Orgullo hay muchos motivos para aplaudirnos”.


- ¿Qué responderías a esos discursos biologicistas que dicen que las mujeres trans no pueden competir en las mismas categorías que las mujeres cis?

-Yo en su momento tuve que responder a los dichos de Martina Navratilova, quien no está de acuerdo con que las mujeres trans juguemos al tenis. Ella cree que es una ventaja y dice que es antideportivo, pero yo creo que tenemos que pensar en las niñas trans. Ellas ya están haciendo sus tratamientos desde chiquitas y muchas de nosotras también llevamos muchos años en ese camino. Con los tratamientos se pierde un montón de masa muscular y la cabeza te funciona de otra manera: no sos un hombre en la cancha. Yo creo que estoy de igual a igual con mis rivales, no veo diferencia física. A mí me parece una decisión bastante justa dejarnos participar porque, además, ¿con quién voy a jugar si no? ¿contra la pared?

- ¿Creés que el deporte puede ser un ámbito importante de integración para las personas trans y para que eso se replique en la sociedad en general?

- El deporte genera visibilidad y despabila a la sociedad. Lo que la gente más ve en la televisión es deporte o cuando agarra un diario va directo al suplemento deportivo. Eso pasa sobre todo en los varones, que son los menos inclusivos. Por eso yo creo que la llegada por medio del deporte está buenísima. Hasta hace un tiempo no se podía ni hablar de fútbol femenino y hoy la cosa cambió: hoy hay información sobre Mara Gómez, que es una futbolista de Villa San Carlos. Es un trabajo de hormiga, se avanza de a poco, pero sirve. Además, es algo sano: genera que se deje de asociar a las chicas trans con preguntas sobre si tienen los pies muy grandes o si trabajan en la calle. Se muestra que hacen deporte y que luchan para que se haga justicia.

- Más allá del caso de Reneé Richards en la década del 70′, ¿en los próximos años podremos ver a personas trans jugando en el circuito profesional en la ATP o en la WTA?

- Yo creo que estamos en un camino de ida. Esto está creciendo y no tengo dudas de que vamos a ver un tenista o una tenista trans en el circuito profesional. Lo bueno para las niñas trans es que ya van a poder empezar a jugar desde chiquitas en el circuito femenino, algo que yo no pude hacer. ¡No veo la hora de entrenar a una niña trans!

Fuente: Infobae

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