El cartero siempre­ llama dos veces

OPINIÓN Por Sergio Crivelli
El domingo el presidente recibió una segunda carta de Cristina Kirchner que no estaba firmada por ella sino por el bloque de senadores peronistas, pero era para él. No cuestionaba su gestión como la primera, pero le anticipaba que bloquearía cualquier acuerdo de ajuste con el FMI
02-af-ap2

Alberto Fernández había estado coqueteando con el organismo para renegociar la deuda, pero se cuadró de inmediato ante la orden de su mentora. El que quedó en "off side" fue Martín Guzmán que había andado prometiendo ajustes y ya hizo firmar al oficialismo un virulento hachazo a los jubilados. 

La nueva carta tiene tono de diatriba. Acusa de irresponsable al Fondo por haber otorgado un crédito al anterior gobierno sin que cumpliera las condiciones para recibirlo. Pone exigencias al organismo que bloquean cualquier posible acuerdo.

La segunda epístola a Fernández es en parte una respuesta al proyecto para que cualquier arreglo de deuda deba ser aprobado por el Congreso. La intención del presidente parecía ser la de compartir la responsabilidad de una capitulación ante el sistema financiero. Pero constituiría una simplificación reducir el actual enfrentamiento a un forcejeo por zafar de costos políticos.

La grieta creciente entre el presidente y su vice parece estar más vinculada con la situación judicial de la segunda. El ejemplo más obvio es el de la designación del procurador general, sometida a un tironeo que hace suponer la existencia de un pacto que no se está cumpliendo.

Como no hay un procurador titular el puesto lo ocupa uno interino que no responde a la vicepresidenta. Sus legisladores han intentado desplazarlo, pero carecen de la mayoría necesaria. En ese trance se les ocurrió lo obvio: reducir la mayoría para removerlo y la exigida para nombrar a su sucesor. El Viejo Vizcacha está obsoleto: no sólo el juez debe ser amigo; el fiscal, también. Tan poca fe le tiene la vice a su inocencia puesta a prueba en Tribunales. Pero aunque la mayoría que tiene en el Senado le permite llevar adelante la reforma, restan sin embargo un par de inconvenientes: el presidente ya mandó un candidato propio, Daniel Rafecas, y el cambio en la ley del Ministerio Público deberá pasar por el filtro de Diputados, cámara que el kirchnerismo no controla con tanta holgura.­

En esta situación el peronismo que rodea a Fernández ha reclamado, créase o no, el auxilio de la oposición. El argumento es pueril: si no se aprueba a Rafecas, la vice pondría a un incondicional tipo Parrilli. Provocaría risa si no lo hubiera adoptado la jubilada fiscal de la república Elisa Carrió y repetido el periodismo para "apretar" a Juntos por el Cambio. Además, no resiste el menor análisis: cualquier candidato a jefe de fiscales debe ser remitido al Senado por el presidente. La vice puede aprobar las leyes que quiera, pero con eso no alcanza.

De manera que el conflicto es en el oficialismo y su origen estaría en un demorado acuerdo de protección que ha comenzado a erosionar la gobernabilidad. La oposición y el FMI son actores de reparto en esta tragicomedia. La solución está en manos del presidente; ningún otro puede desactivar un cortocircuito de tanta peligrosidad. Si no lo hace, el cartero va a llamar a su puerta una tercera vez y va a ser más grave. 

Sergio Crivelli para La Prensa

Te puede interesar