San Máximo, estampita para el ideario progre

OPINIÓN Por Hugo E. Grimaldi
Lo importante es el relato y si hay miseria que no se note, son dos hitos que el kirchnerismo busca mantener visibles a toda costa
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Lo importante es el relato y si hay miseria que no se note, son dos hitos que el kirchnerismo busca mantener visibles a toda costa. Tras las sucesivas cartas públicas de Cristina Kirchner fustigando primero al Presidente y a través de sus senadores al Fondo Monetario Internacional, con la media sanción que le dieron hace dos noches los diputados al discutido "Aporte solidario y extraordinario para ayudar a morigerar los efectos de la pandemia" y hasta con la llegada al Congreso del nuevo proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo, la mesa se ha vuelto a tender para darle consistencia a una épica que declinaba. "Chupetines de madera", diría Jorge Asís.

 
Lo cierto es que el kirchnerismo de ley se había quedado sin argumentos para criticar, o peor, no tenía contraargumentos para retrucarle a nadie. Estaba mudo. Años y años de creerse progresistas y de batallar contra los ajustes y justo ahora, el mismísimo gobierno de funcionarios que no funcionan, el que dice que los representa, ha comenzado a elaborar el menú para servirle en bandeja al odiado Fondo Monetario justamente todo aquello que siempre se le ha criticado a los demás, como por ejemplo quitarle los subsidios a las tarifas de los servicios públicos para que cada uno pague su valor o empuñando la segadora para sacarse del medio el enorme lastre previsional que existe, reponiendo una fórmula que no contempla la inflación. 

El tema jubilatorio es verdaderamente un grano muy difícil de erradicar para el Gobierno (y de tragar para la militancia), debido a que no puede sostenerse fehacientemente que la fórmula anterior sea realmente mala, ya que por la técnica de licuación del gasto se necesita que la nueva sea objetivamente peor. Así, que ya adelantó el Presidente que va a volver a retocar los montos antes de fin de año, para tratar de reacomodar un poco la situación frente a la inflación de 2020. Al fin y al cabo, no se le puede echar siempre la culpa a Mauricio Macri, ya que con su fórmula el importe a cobrar por cada uno se hubiese recompuesto automáticamente al mes de setiembre de este año en 36%, mientras que los sucesivos Decretos de Fernández lo han elevado hasta ahora entre 18 y 29%, dependiendo del haber individual de cada jubilado.

La situación se tornaba inconcebible. La progresía no podía elaborar respuestas y los brazos de la militancia más aguerrida estaban bastante caídos hasta que Cristina le puso alguna luz de referencia al horizonte. Esa movida estratégica de la vicepresidenta se complementó con la entronización de Máximo Kirchner, uno de los autores junto a Carlos Heller del polémico impuesto y de ahora en más el paladín de la lucha contra "la derecha neoliberal".

Así, el jefe del bloque del oficialismo en la Cámara de Diputados comenzó su ascenso al altar del anticapitalismo, al no avalar primero con su discurso de cierre el Presupuesto 2021 y al empujar un tributo que aumenta la presión impositiva, ataca al sector privado, ya que afecta el derecho de propiedad y hasta puede reducir el capital productivo de las empresas. En fin, un proyecto de ley que espanta la inversión y que le dará mucho trabajo a los estudios de abogados ya que seguramente será denunciado como de doble imposición y "confiscatorio".

No de modo ingenuo se eligió el "Día de la Militancia" para pedir la Sesión Especial que consagró la media sanción, como una forma de contribuir al relato con la gente en la calle. No por nada se le dio la primera fila de la movilización frente al Congreso a La Cámpora, la muchachada que quizás estaba más desmoralizada.

Ahora, sin tener la referencia precisa al General ni recordar a la derecha que lo "entornaba" en los '70, las nuevas generaciones han podido volver a combatir el capital y de ese modo la epopeya se ha puesto más picante. Y para congraciarse con las nuevas generaciones, aunque se pierda el favor de la Iglesia y quizás se esté rifando la presencia del Papa el año que viene, desde el Ejecutivo se buscó sumar mística a la calle con el envío del proyecto de Interrupción Voluntaria del Embarazo que los/las más ultras dentro del progresismo parece que resisten.

En cuanto a la letra chica del impuesto que la militancia más cerril identifica ideológicamente con "los ricos" se observa que, al no ser coparticipable, lo real es que la movida le dará fondos únicamente al ministro de Economía, Martín Guzmán para que achique lo más que pueda el déficit fiscal de 2021.

Quizás este sea el germen de la nada inocente mención del vocablo prohibido por parte de Alberto Fernández para abonar el relato, cuando dijo que "el ajuste lo pagarán los ricos". Y si de palabras de trata, para desmitificar la cuestión del término "aporte" en el título del proyecto, esto mismo fue desmentido indirectamente por Sergio Massa cuando ordenó votar y recordó que se trataba de partidas que, al tener asignaciones específicas, eran impuestos que necesitaban de una mayoría absoluta, es decir la mitad más uno de la Cámara.

Lo cierto de toda la historia es que mientras el dinero es fungible, la letra chica del impuesto presentado con tan pomposo nombre que apunta engañosamente a mitigar el Covid-19, atiende únicamente 20% a gastos de la pandemia vía equipamiento e insumos médicos destinados a cubrir la emergencia sanitaria. La media sanción establece que otra cuarta parte de los fondos recaudados irán a impulsar programas de exploración y desarrollo de gas natural a través de Enarsa, empresa estatal que deberá reinvertir las utilidades en nuevos proyectos y que otro 15% se tiene que destinar a un Fondo para proyectos de urbanización de barrios populares. El resto se repartirá por partes iguales en subsidios y créditos para Pymes y en el relanzamiento del programa de becas Progresar, prometido como una forma de contener la deserción estudiantil.

La situación política dentro del oficialismo marca algunas dudas que hacen a las estrategias, caminos que suenan como bastante divergentes a partir del ostensible cierre de la línea de comunicación entre el Presidente y su vice y es algo que, por eso, genera alta inestabilidad.

Sin embargo, no todo es tan lineal, ya que el primer interrogante a dilucidar será saber si es una facción del Frente de Todos la que quiere prevalecer para dictar las políticas por encima de la estrategia presidencial o si, en verdad, se está en presencia de la tradicional ecuación "policía-bueno/policía malo" para acomodar al FMI a como diera lugar. Este último punto, que las misiones del Fondo tienen en claro que se da en casi todos lados, también le da argumentos a quienes piensan que en verdad no hay coalición y que dentro del oficialismo "son lo mismo".

Hugo E. Grimaldi para El Cronista

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