El "ala política" monetaria festeja en silencio la pax cambiaria de fin de año

ECONOMÍA Por Carlos Burgueño*
El equipo económico respira conforme con la decisión tomada el 15 de septiembre por parte del Banco Central de restringir al máximo la posibilidad de acceder al dólar ahorro.

Sabe el Gobierno que es un logro que no puede festejarse en público, y que el mercado puede incluso malinterpretar. Y que no se trata de una medida popular. Pero el equipo económico, incluso el más criticado, respira conforme con la decisión tomada el 15 de septiembre por parte del Banco Central que maneja Miguel Pesce de restringir al máximo la posibilidad de acceder al dólar ahorro. Y sabe que esa medida ayudó en gran parte a llegar a un cómodo fin de año cambiario; y a pensar en que la luz del túnel de marzo/abril (la teórica llegada de los dólares sojeros), es mirada ahora con más tranquilidad.

Según las proyecciones oficiales, este mes el BCRA debería liquidar divisas vía dólar ahorro por menos de u$s150 millones. Hasta el lunes se acumulaban unos u$s124 millones en operaciones, mientras que en noviembre el número se estacionó en u$s173 millones. En octubre la cifra había llegado a los u$s198 millones, mientras que en septiembre, mes del inicio de las restricciones, el número alcanzó los u$s627 millones. Los datos del último trimestre del año se diferencian drásticamente de los de agosto pasado; y se alejan radicalmente de la alternativa que se anticipaba de unos u$s2.000 a u$s2.500 millones que se esperaban para la última parte de 2020; si no se hubieran aplicado restricciones. Según la visión del Central, con reservas líquidas de libre disponibilidad medidas a septiembre flotando entre los u$s3.000 y los u$s5.000 millones el crash final era inevitable. Hoy se considera que pese a lo irritable de las restricciones y las consecuencias inmediatas negativas sobre los mercados alternativos luego de su aplicación el 15 de septiembre el objetivo final se logró. Esto es, darle al Ministerio de Economía más tiempo para que se pudieran elaborar políticas monetarias y fiscales de estabilización del tipo de cambio, lo que la cartera de Martín Guzmán finalmente logró a base de negociaciones con los fondos de inversión que dejaron de presionar sobre el CCL y aceptaron la propuesta oficial de una salida ordenada en pesos.

Ahora, en la última quincena del año, la política cambiaria parece darle la razón al oficialismo. Sin embargo, no eran pocos los de dentro y fuera del Gobierno que anticipaban tormentas de todo tipo para la última parte de 2020. A la última quincena del año, las reservas finalizan el ejercicio navegando los u$s39.100 millones en alza luego del piso del primero de diciembre de u$s38.619 millones.

En silencio y sin estridencias, con la intención de no opacar la buena estrella de Martín Guzmán, el “ala política” del Gobierno (dentro de la que milita Miguel Pesce) se reconoce a sí misma como la que tuvo razón en cuanto al freno a la sangría de reservas y a la demolición del dólar blue. Cerca del BCRA, en la Plaza de Mayo (pero no en Hacienda), hay mucha satisfacción por sobre lo que pasó en el mercado alternativo de divisas desde la primera semana de octubre en adelante. Fueron los tiempos en los que el blue llegó al tope de los $195 para luego comenzar su drástica caída hasta la navegación en solitario de los $150/$155 actuales con los que se espera cierre la temporada 2020.

El “ala política” del Gobierno festeja satisfecha que desde aquella cima de cotización, el blue se desplomó a fuerza de la aparición fantasmal de las “manos amigas”. Se afirma que tal fueron las pérdidas provocadas por estas acciones directas non sanctas, que los operadores que buscaban quebrar el orden establecido decidieron retirarse del mercado a la espera de tiempos más provechosos para las operaciones de alzas y bajas en el dólar ilegal. Por lo bajo, y siempre sin reconocerlo en público, se habla del buen consejo que dio el propio Alberto Fernández en la turbulenta primer quincena de septiembre; donde, sin rodeos, le indicó a Guzmán que aceptara los consejos de los funcionarios públicos que mejor conocían los vericuetos complicados del mercado de divisas argentino. Y que sabían pegar donde más duele: la pérdida de dinero de los apostadores a la corrida cambiaria permanente.

* Para www.ambito.com

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