¿Y dónde está la oposición?

POLÍTICA Por DANIEL ZOLEZZI
La oposición hoy, con o sin pandemia, debería estar en la calle, saturando los medios y subiendo a cualquier tribuna para defender una República que tambalea
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Una antigua comedia de Hollywood preguntaba, desde su título, “¿Dónde está el piloto?”. Es que faltaba y en pleno vuelo. Algo parecido nos está pasando. Nadie subiría a un avión con semejante ausencia. Ni lo haría si faltara el copiloto, encargado de reemplazarlo en caso de descompostura o percance. Pues bien, eso es lo que nos ocurre, institucionalmente hablando. Volamos con terribles turbulencias, en manos de un gobierno inservible. Y no se vislumbra quien, en su oportunidad, pueda reemplazarlo (hablamos del gobierno y de las elecciones venideras; no de la copiloto de Alberto). 

Grave cargo cabe a la oposición. Especialmente, cuando se enfrenta con un gobierno que, además, va “por todo”. Es decir, que tiene vocación totalitaria. La oposición –salvo contadas excepciones– ha sido blanda. En algunos casos, tolerante (así, los increíbles “dialoguistas”).  

Estamos ante un problema serio, porque la oposición es un pilar del sistema republicano. Es un muro de contención de los gobiernos. Y tiene sus líderes. Por ejemplo, en los Estados Unidos, el candidato derrotado en una elección presidencial es, casi invariablemente, quien encabeza la oposición. A veces, se trata de un ex presidente; otras veces, de quien aspiró a ese cargo. Pero la derrota en las urnas, no lo priva de su rol referencial. Y él se muestra dispuesto a ocupar ese lugar, hasta que una elección lo lleva al gobierno o hasta que surge, en su campo, otro líder que lo reemplaza.

Lo importante es que ese liderazgo nunca queda vacante. Otro tanto sucede en Inglaterra o en Francia. Así sucedió entre nosotros con el peronismo y el radicalismo, uno en el gobierno, el otro opositor. Y también dentro de la UCR, con sus vertientes yrigoyenista y antipersonalista. Además, tanto Yrigoyen, como Justo y Perón, cada uno en su época, fueron jefes opositores de fuste que, desde el llano, orientaron a sus seguidores.

Ahora, el panorama es muy distinto. Los más conspicuos dirigentes opositores casi no aparecen, pese a la gravedad de la situación. Encabezan el listado quienes han ocupado los cargos más altos. Así, Macri, quien pese a haber sido presidente -y candidato a ser reelecto- cuando no viaja por Europa, se fotografía gozando de su espléndido refugio patagónico. La ex gobernadora Vidal no ha sido más activa. Razón por la cual, comienza a jugarle en contra ese aire inocentón que, en su momento, la ayudó a triunfar frente a un dirigente K de oscura trayectoria. Esa apariencia, que le ganó el mote de Heid, no la ayuda cuando se trata de ser opositora ante un gobierno corrupto, cuyo único plan concreto es la impunidad de su tropa procesada o condenada. Ahora no hay inocencia que valga. Dejamos para el final al ausente Larreta, que debería olvidar su aspiración presidencial, mudo como ha sido ante esta corporación corrupta, apenas cubierta por una breve túnica ideológica.   

La oposición hoy, con o sin pandemia, debería estar en la calle, saturando los medios y subiendo a cualquier tribuna para defender una República que tambalea. No es el caso. Mientras tanto, entre otras cosas, vinieron la Comisión Beraldi y el fallo de la Corte contrario a los jueces Bruglia y Bertuzzi, que favoreció a Cristina. Pese a lo cual, el Gobierno amenaza con desplazar la competencia de ese tribunal, para que sea otro –definitivamente subordinado– el que juzgue y absuelva a los Corruptos de la Causa. 

La crítica alcanza también al peronismo tradicional, que, aun integrando el gobierno, es ajeno al proyecto K. Cuesta creer que el peronismo ortodoxo y la CGT convivan con los herederos de los asesinos de Rucci y de Alonso. No se trata de que los combatan a balazos, como lo hicieron en los 70, cuando la interna peronista se transformó en una miniguerra civil. Sí, se trata, en cambio, de que no traicionen a sus muertos ni a sus banderas. De que no olviden que Perón echó a los Montoneros de la Plaza de Mayo. Pues bien, éstos –sean supervivientes aburguesados o sucesores aprovechados– entrando por la puerta trasera del partido, han conseguido que todo el peronismo baile a su compás. 

COLAPSO REPUBLICANO
Ahora bien, esta labilidad del peronismo ortodoxo, aun culpable, no aminora la responsabilidad de los partidos opositores. Porque su rol hace al normal balanceo de la República, inclínense sus platillos en un sentido o en otro. Lo importante es que, en ambos, exista peso. De lo contrario, la forma republicana colapsa. 

Hoy, el campo opositor aparece yermo. Dentro del mismo, ante la inconsistencia de las figuras ya citadas, ofrecen mayor firmeza dos damas: Patricia Bullrich y Carrió.  Aunque ninguna de ellas sea la jefa indiscutida de la oposición. Tal vez Carrió, de regreso de su voluntario ostracismo, dispuesta a batallar en la provincia de Buenos Aires. pueda ocupar ese lugar. Su temperamento, que abarca amores menos justificables que sus odios, puede darle a la oposición algo de la solidez que le falta. Veremos.

Por  DANIEL ZOLEZZI para La Prensa

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