Alberto Fernández amenaza con apelar al manual de Guillermo Moreno

POLÍTICA Por Nancy PAZOS
Desde la Casa Rosada buscan que los propios empresarios propongan soluciones para ayudar a controlar la inflación
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“Me traen una solución ustedes o pongo todas las herramientas del Estado en funcionamiento y pedirán por favor que vuelva Guillermo Moreno”. La frase no es literal pero refleja el espíritu y el tono de las conversaciones que viene llevando a cabo en privado Alberto Fernandez y algunos de sus emisarios con los formadores de precios de los alimentos del país. La inflación de la canasta básica se ha convertido en una obsesión presidencial, por encima de la pandemia, de las vacunas, de las elecciones y de la oposición.


El Frente para la Victoria camina hacia agosto-octubre (¿o septiembre-noviembre?) con la certeza de que el único gran enemigo que puede aguar un triunfo en las urnas es la inflación. Después de la bravuconada mediática de la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca, agitando el fantasma del aumento de las retenciones y de la réplica en el mismo sentido de la Secretaría de Comercio Interior, Paula Español, el viernes el Presidente rompió el silencio de los últimos diez días dando un largo reportaje. Sin desautorizar a sus funcionarias eligió hacer público el matiz con el que eligió en privado poner la pelota en la cancha de los hacedores de precio.

Su idea es sumar a los distintos integrantes de la cadena de producción alimentaria a la mesa y que sean ellos los que le lleven al gobierno una solución concreta para lograr la baja de la materia prima y evitar así el tan temido y rechazado aumento de las retenciones a las exportaciones de granos.

Después de un año habitando la residencia de Olivos el estilo presidencial está más que claro. A priori Alberto busca no salir de su zona de confort apelando al consenso. Pero si las papas queman y la vicepresidenta se impacienta, termina sobreactuando por reacción.


La COPAL y los otros generadores de precios, deberían tomar nota de este modus operandi presidencial.

Hoy está en manos de esa parte del establishment, Daniel Funes de Rioja, Osvaldo Capellini, Daniel Pellegrina, entre otros, evitar que Fernandez termine radicalizándose apretado por las circunstancias.

En el mientras tanto el Gobierno apela a parches y golpes de efecto. Español y Matías Kulfas salieron ayer a controlar el cumplimiento del acuerdo de precios de la carne en un supermercado de Pompeya. Claro, la ansiedad mediática hizo que la visita fuera anunciada con horas de anticipación por las redes sociales. ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que si te avisan que te cae la inspección con hora y lugar te van a agarrar con las manos en la masa incumpliendo alguna regla?


Pero aunque el acuerdo de venta de los cortes seleccionados de carne se cumpliera en su totalidad, su efecto sería el equivalente a darle una aspirina a un paciente con cáncer. Mil y pico de bocas de expendio para 45 millones de consumidores es solo un acto simbólico. Y más si se tiene en cuenta que los que más necesitan esos precios baratos viven al día, compran en la carnicería de la esquina, no tienen frezzer para stockearse y al gran supermercado van un día al mes cuando les llenan la tarjeta Alimentar.

Cuántas de todas estas variables está mirando con recelo Martin Guzmán hoy es una incógnita. El ministro de Economía sigue siendo la apuesta personal más eficaz que tiene Fernandez en el Gabinete. Está a punto de cerrar el acuerdo con el FMI (“Estamos 9 puntos sobre 10”, dicen en Gobierno), ya empieza a tejer lo propio con el Club de París que viene bastante más trabado y, de a poco, va extendiendo sus tentáculos para lograr articular los organismos del Estado que no están bajo su órbita pero que son centrales a la hora de equilibrar la macroeconomía.

Si bien finalmente el recambio en Cancillería por el momento no se dio (muchos apostaban a la renuncia de Solá después de la reiteración de desautorizaciones presidenciales pero el ministro se tragó todos los sapos bajo su axioma existencial de “hay algo peor que la indignidad y es el llano”), Guzman ya soñaba con un coequiper en política exterior más acorde a su estilo.

El ministro viene aprendiendo a pasos agigantados el “abc” de los pasillos del Palacio. En público sigue apareciendo como un gurú de autoayuda con ese tono cansino y didáctico, pero en privado juega sus piezas con la frialdad de un jugador de póker profesional.


Los precios y la inflación fueron parte del menú del almuerzo presidencial del jueves. Ese día volvió a reunirse la mesa juvenil del poder con Alberto como anfitrión. Maximo Kirchner, Sergio Massa, Eduardo “Wado” de Pedro y Santiago Cafiero como invitados. Todos repasaron la agenda política del año con el Presidente. De ahí salieron varios buscapié periodísticos lanzados para medir la reacción de la oposición y la opinión pública a la hora de avanzar en posibles cambios al cronograma electoral de este año. A cada diario le dieron una versión distinta y así el viernes para algunos se suspendían las PASO, para otros se postergaban para septiembre y para el resto se unificaban en un mismo día.

Lo cierto es que las tres alternativas estuvieron barajadas como posibilidades, pero lo más sensato que se escuchó fue supeditar primero cualquier cambio al consejo que, llegado el caso, den los epidemiólogos.

“Una jornada de votación no es un velorio masivo ni un día de cobro en los bancos. Tendremos 25 millones de personas movilizadas en todo el país y 340 mil sentados durante quince horas sin distancia social que son las autoridades de mesa y los fiscales. Lo ideal es llegar al día de la votación con al menos 20 millones de personas vacunadas”, comentó después uno de los comensales.

De todas las posibilidades la más sensata es la que ya tiene proyecto de ley ingresado en el Congreso y presentado además por legisladores radicales. Carla Carranza propone acortar la distancia entre las PASO y las generales y llevarlas al segundo domingo de septiembre y Emiliano Yacobitti otro tanto. La idea de unificar ambas elecciones el mismo día, es decir las PASO y las generales, roza lo absurdo. El votante debería optar por partido y no por nombres. Porque en la primaria estaría metiendo la boleta del candidato que eligió y en la general debería meter la boleta partidaria sin saber a ciencia cierta quien encabeza la lista porque se contarían los votos al mismo tiempo.

Esta opción dejaría sin alternativa al votante despechado. Aquel que termina votando al partido contrario porque en las PASO no ganó su línea interna. Son la minoría de los votos pero existen. Y si se vota todo el mismo día ese posible votante terminaría sintiendo que le cambiaron el espíritu real del sistema de votación y por ende de su voto.

Para el Gobierno está claro que la campaña electoral en pandemia será una experiencia inédita. El jueves también se habló de intentar negociar con las redes sociales, las páginas web y las empresas de vía pública para que cedan espacios gratuitos a los partidos políticos. La ley en vigencia habla de minutos liberados de acuerdo a los votos logrados en la votación anterior tanto en radio como en televisión.

Ahora a falta de reuniones masivas vienen bien algunos banners y carteles callejeros. A priori la idea es negociar con las empresas del sector y no ampliar la ley. Aunque nunca se sabe.

 

Bonus Track

Alberto Fernandez ocupó varias horas de su agenda de los últimos quince días en acercar posiciones para conseguir que finalmente Daniel Rafecas se convierta en el próximo procurador electo. La diagonal que encontró el Presidente entre la nueva ley votada por el Senado y las aspiraciones de su candidato es conseguir más votos de los necesarios para encumbrar a Rafecas. Dicen los que saben que está a punto de conseguirlo. Veremos.

Fuente: Infobae

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