El Papa en Mosul: “No es lícito hacer la guerra en nombre de Dios”

INTERNACIONALES Por Daniel VERDÚ
El Pontífice visita la ciudad iraquí en ruinas donde se proclamó el califato del Estado Islámico en 2014 y en la que apenas quedan algunas familias cristianas
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Abu Bakr Al Baghdadi proclamó el 29 de junio de 2014 el califato del Estado Islámico (EI) desde la mezquita Al Nuri de Mosul, la segunda mayor ciudad de Irak. Entraron sin apenas resistencia, ante unas fuerzas armadas que huyeron como conejos. Comenzó un periodo guerra y terror que sumió a la región y a esta zona de Irak en la devastación. Hoy, siete años después, a pocos metros de la mezquita donde comenzó el régimen de sangre, en la plaza de las cuatro iglesias de una ciudad en ruinas en la que apenas queda una docena de familias cristianas, el Papa rezó ante una cruz cristiana. “Si Dios es el Dios de la vida —y lo es— a nosotros no nos es lícito matar a los hermanos en su nombre. Si Dios es el Dios de la paz —y lo es— a nosotros no nos es lícito hacer la guerra en su nombre”, comenzó en una oración inimaginable hace pocos años.


Francisco, rodeado de edificios devastados tras la liberación de la ciudad, rezó por las víctimas y recordó la destrucción con la que se sembraron los últimos años de la historia en este lugar. “Aquí en Mosul las trágicas consecuencias de la guerra y de la hostilidad son demasiado evidentes. Es cruel que este país, cuna de la civilización, haya sido golpeado por una tempestad tan inhumana, con antiguos lugares de culto destruidos y miles y miles de personas desalojadas por la fuerza o asesinadas. Hoy, a pesar de todo, reafirmamos nuestra convicción de que la fraternidad es más fuerte que el fratricidio, la esperanza es más fuerte que la muerte, la paz es más fuerte que la guerra. Esta convicción habla con voz más elocuente que la voz del odio y de la violencia; y nunca podrá ser acallada en la sangre derramada por quienes profanan el nombre de Dios recorriendo caminos de destrucción”.

En esta ciudad el Estado Islámico marcaba las casas de los cristianos para que pudieran ser saqueadas con mayor precisión. Antes de aquello había unas 50.000 personas de esta religión, pero hoy apenas quedan algunas familias. Una tónica que se ha repetido en esta zona del norte del país. Por eso, el tercer y último día de la histórica visita del Papa a Irak estuvo dedicado a aportar consuelo a las minorías cristianas de la región, perseguidas y obligadas a marcharse por el Estado Islámico. En 2013 había unos 1,4 millones de cristianos en el país y actualmente oscilan entre 200.000 y 300.000. Solo el 50% de los que huyeron durante la invasión yihadista han vuelto a sus casas en Irak. Además de Mosul, el Papa tenía previsto realizar una misa para unas 10.000 personas en Erbil y visitó la ciudad de Qaraqosh, de mayoría cristiana.

Aquí le esperaban miles de familias que resistieron pese al hostigamiento del EI. También otras que tuvieron que marcharse, como Mounir Jibrahil, profesor de matemáticas de 61 años. Emigró a Erbil y no volvió hasta 2016. Hasta 2020 no pudo reconstruir su casa destruida. “Ahora es más seguro. Es maravilloso ver al Papa, nunca imaginamos que vendría a Qaraqosh. Quizá esto ayude a reconstruir el país trayendo finalmente paz y amor”. En la misma iglesia esperaba Andi, de 27 años, con su vestido típico de Qaraqosh, una chica que también huyó en 2014. Malvivió en Erbil durante tres años y vio como muchos de sus amigos emigraban a Canadá o Australia. El Papa les reconforto e invitó a volver a quienes tuvieron que hacer las maletas. “Con mucha tristeza, miramos a nuestro alrededor y percibimos otros signos, los signos del poder destructivo de la violencia, del odio y de la guerra. Cuántas cosas han sido destruidas. Y cuánto debe ser reconstruido. Nuestro encuentro demuestra que el terrorismo y la muerte nunca tienen la última palabra”.

Francisco pidió a los fieles que levanten de nuevo aquí sus vidas. “Este es el momento de reconstruir no sólo los edificios, sino ante todo los vínculos que unen comunidades y familias, jóvenes y ancianos”. Pero muchos todavía viven aterrorizados, como Doha Sabah, que perdió a su hijo en un bombardeo, y aportó su testimonio al Pontífice durante la celebración religiosa en la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Qaraqosh, renovada para la ocasión después que los yihadistasdel grupo Estado Islámico (EI) la incendiaran en 2014. “Decimos no al terrorismo y a la instrumentalización de la religión”, insistió Francisco.

Fuente: El País

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