Miles de personas desafían el toque de queda en Yangón tras una tensa jornada de represión

INTERNACIONALES Por Paloma ALMOGUERA
Las fuerzas de seguridad mantuvieron cercados a un grupo de doscientos jóvenes en un barrio de la mayor ciudad de la antigua Birmania durante toda la noche
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La tensión aumenta de un modo ostensible en Yangón, la mayor ciudad birmana. Miles de personas salieron a la calle la noche del lunes, desafiando el toque de queda establecido a partir de las 8 de la tarde, hora local, en solidaridad con un grupo de doscientos jóvenes que habían sido cercados por las fuerzas de seguridad en Sanchuang, un distrito de la ciudad. Tras horas de acoso y disparos al aire con armas de fuego, con la red eléctrica cortada, los jóvenes fueron liberados. Los manifestantes han convocado más protestas para este martes, después de más de un mes de pulso con la junta militar, en el poder desde el golpe de estado del pasado 1 de febrero.


“¡Liberad a los estudiantes de Sanchuang!”, gritaban los vecinos de Yangón que, contados por miles, según medios locales y agencias internacionales, salieron a la calle la noche del lunes para apoyar a los jóvenes acosados por las fuerzas de seguridad. La policía y el Ejército dispararon granadas aturdidoras y balas de fuego real al aire y hacia las casas para dispersar a la multitud, así como disuadir a más vecinos de la mayor ciudad birmana de que se sumaran a las protestas. “Es puro terror, no se puede definir de otra manera”, publicaba un usuario en Twitter desde la urbe.

Tras horas de tenso pulso con las fuerzas de seguridad, temiéndose una masacre en el peor de los casos, los estudiantes fueron liberados alrededor de las cinco de la mañana, hora local. No hay constancia de que haya habido heridos, pero sí decenas de detenidos, según medios locales. Tanto la ONU como las embajadas de algunos países occidentales en Myanmar —entre ellos Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Alemania— habían urgido a la junta militar a que liberara al grupo.

La escalada de violencia y acoso por parte de las fuerzas de seguridad birmanas no está consiguiendo paralizar el masivo movimiento de protesta que surgió en Myanmar (la antigua Birmania) tras la asonada del 1 de febrero, que derrocó el Gobierno civil de la Nobel de la Paz Aung San Suu Kyi. Los manifestantes, muchos jóvenes que crecieron durante los diez años de transición democrática (2011-2021), han prometido volver a salir a las calles este martes, como vienen haciendo de forma diaria desde hace más de un mes. “Si nos pisáis, nos levantaremos”, han proclamado a través de las redes sociales.

Antes de lo ocurrido en Sanchuang, la junta militar advirtió el lunes de más represión si continuaba el desafío de la ciudadanía. “La paciencia del Gobierno se ha agotado y, si bien estamos tratando de minimizar el número de víctimas, la mayoría de la gente quiere estabilidad y urgimos a que se tomen más medidas efectivas contra los disturbios”, según un comunicado divulgado por la cadena de televisión estatal MRTV.

Cientos de militares también han ocupado hospitales y campus de universidades desde el domingo en Yangón y Mandalay, la segunda mayor ciudad del país, para “reimponer la ley” en estos lugares, afirmaron, en respuesta a un movimiento de desobediencia civil que mantiene paralizados los servicios básicos del país. Miles de médicos, profesores y trabajadores del sector financiero, entre otros, se han sumado a las huelgas generales convocadas desde que los militares dieron el golpe para presionar a los uniformados, que controlan poderosos conglomerados en Myanmar.


Los principales sindicatos han instado a que el movimiento se expanda en todos los sectores, ya que “continuar con la actividad económica solo beneficiará a los militares mientras absorben la energía de la gente”, subrayó al Confederación de Sindicatos de Comercio en un comunicado en Facebook apoyado por otras 18 organizaciones.

También el lunes, el embajador de Myanmar en Reino Unido, Kyaw Zwar Minn, de perfil conservador y quien ha servido en regímenes militares anteriores (Myanmar estuvo bajo mandato castrense entre 1962 y 2011), se opuso públicamente al golpe y pidió la liberación de Suu Kyi y del presidente Win Mynt, ambos detenidos en la capital, Naypyidó Se prevé que su posicionamiento púbico en contra del golpe pueda inspirar a otros funcionarios del Gobierno a seguir sus pasos.

La junta militar, liderada por el comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, Min Aung Hlaing, avanza mientras en su represión y medidas coercitivas. Al menos tres personas fallecieron el lunes durante manifestaciones en la ciudad norteña de Myitkyina y en la región del delta del Irrawaddy, al oeste de Yangón, ascendiendo a alrededor de 60 las víctimas mortales desde el golpe. La organización Human Rights Watch (HRW) ha exhortado, asimismo, a que se investigue la muerte bajo custodia policial de un miembro de la Liga Nacional para la Democracia (NLD, por sus siglas en inglés) —que ganó las elecciones de noviembre, resultado disputado por los militares—, Khin Maun Latt. El hombre, de 58 años, fue detenido a punta de pistola en su vivienda de Yangón la noche del 6 de marzo, y su cuerpo sin vida fue entregado a su familia el día siguiente con signos de tortura.

En un nuevo intento por silenciar las voces críticas y la cobertura de la situación en el país —con cortes de internet cada noche desde hace semanas—, la cadena de televisión MRTV anunció el lunes la revocación de las licencias a cinco prominentes medios independientes (Myanmar Now, Mizzima, DVB, 7Days News y Khit Thit Media).

Fuente: El País

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