¿Se recalienta el dólar y llega otra recesión?: los escenarios de Rodrigo Álvarez tras las nuevas restricciones por la pandemia

ECONOMÍA 19 de abril de 2021 Por Claudio Zlotnik*
El economista advierte que el Gobierno no tiene hoy margen para repetir un 2020 desde lo económico y, mucho menos, desde lo social
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Hay algo claro en la Argentina de hoy: hay que revisar los escenarios a diario. La propagación de la segunda ola de contagios y las nuevas restricciones a la movilidad de la gente obliga a ello. No hay nada seguro, y por eso resulta tan interesante el diálogo con Rodrigo Álvarez, un economista experimentado y muy escuchado en las empresas.

A continuación, lo más destacado del diálogo con iProfesional.

-Tomando en cuenta las últimas medidas restrictivas por la pandemia, ¿en cuánto calcula el costo sobre la actividad económica?
-Es difícil estimarlo porque las restricciones pueden aumentar en las próximas semanas. Lógicamente, al crecer la incertidumbre tanto las familias como las empresas van a comportarse de manera defensiva tratando de frenar consumo, gasto e inversión. Esta dinámica condiciona la recuperación más allá del impacto que tiene el cierre de algunas actividades y las restricciones a la movilidad. 

-Tenemos la experiencia de 2020...
-A diferencia del año pasado, el Gobierno nacional muestra una posición mucho más equilibrada para balancear los costos en términos de salud y de la economía, tanto por las limitaciones sociales como por el aprendizaje sobre el virus. En esta lógica, nuestra proyección es que el PBI va a crecer 6% este año. Vale aclarar que se trata de un crecimiento casi imperceptible ya que 5 puntos son de arrastre estadístico y tan sólo un punto de expansión respecto del último trimestre de 2020. En otros términos, recién se volvería a niveles de actividad de pre-pandemia a finales de este año.

-¿Hay margen para incrementar la ayuda social, al estilo de como lo hicieron otros países cuando ordenaron nuevas restricciones ante la segunda ola?
-El margen para incrementar la ayuda social lo da la obra pública, que hoy está creciendo a tasas de tres dígitos, en parte por la cancelación de deuda pasada y en parte por la reactivación de la obra parada desde fines de 2019. Esto, obviamente, impacta en el nivel de actividad y en la generación genuina de empleo. Con este nivel de restricciones, mucho más laxas que las del año pasado, la emisión monetaria para financiar al Tesoro podría generar presiones sobre el tipo de cambio que eventualmente se te terminan trasladando a precios.

No hay margen para repetir un 2020 desde lo económico y mucho menos desde lo social. Cuando nos comparamos con otros países la respuesta es sencilla: la Argentina no tiene capacidad de aumentar la deuda pública, ni en pesos ni en dólares, para financiar los costos de una nueva cuarentena estricta. El Gobierno tuvo dos luces de alarma esta semana en los datos elevados de inflación de marzo (4,8%) y en el Tesoro nacional pudiendo renovar sólo la mitad de los vencimientos.

-El año pasado, cuando se extendió la cuarentena, hubo un impacto en el mercado cambiario, con presiones sobre las cotizaciones de los dólares alternativos. ¿Puede pasar lo mismo a partir de ahora?

-Las presiones estuvieron sobre el final del año pasado, cuando se comenzaron a levantar las restricciones y los indicadores de movilidad daban cuenta de una mayor circulación de personas. Sin personas en la calle, la emisión de pesos para financiar los programas de asistencia no tiene demasiado efecto sobre el tipo de cambio ni sobre los precios en el corto plazo. El problema es cuando eso se revierte; ahí se descontrola la nominalidad.

-¿O sea que ahora no deberíamos ver un recalentamiento del mercado?
-El Gobierno aprendió de la experiencia del año pasado: no hay margen para generar excesos de liquidez que condicionen la estabilidad del mercado cambiario. Con estos niveles de inflación una nueva escalada descontrolada de tipo de cambio es extremadamente riesgosa. Sabemos que detrás de la suba de tipo de cambio viene la aceleración de los precios de los alimentos, condicionando el ya delicado equilibrio social.

-¿Y la inflación? ¿Se dará el escenario que predice Guzmán de que a partir de este mes veremos un descenso en la dinámica de los precios?
-La inflación de marzo de 4,8% encendió muchas alarmas. Es la más alta desde septiembre de 2019, cuando habíamos pasado por un shock cambiario después de las PASO. Abril va a dar un poco más bajo que marzo, en torno a 4%, todavía alto por el arrastre. Pero en abril el tipo de cambio se frenó y entre puntas la devaluación va a estar por debajo de 2%. Esta desaceleración puede traducirse en alguna contención transitoria de los precios cuando hay margen para sostenerla por algunos meses y si se suman los congelamientos de tarifas.

Los controles de precios, acuerdos y restricciones tienen un efecto marginal.  Pero estamos lejos de la pauta presupuestada por Guzmán del 29%. Con un abril en torno a 4% el resto de los meses tendría que promediar 1,2% para alcanzar ese objetivo, algo que en este contexto es prácticamente imposible. Estamos viendo la inflación en torno a 45% a fin de año.

-¿En qué ayudaría un pronto arreglo con el FMI?
- El arreglo con el FMI es clave para comenzar a anclar las expectativas y alzar la mirada hacia el mediano y largo plazo. El horizonte de previsibilidad se acortó a niveles muy preocupantes, no sólo por la pandemia sino fundamentalmente por la incertidumbre macroeconómica. Esto se traduce, entre otras cuestiones, en la imposibilidad de desarrollar un mercado de crédito para las familias y las empresas lo que condiciona fuertemente el ciclo de crecimiento. Lógicamente el acuerdo no es garantía de convergencia a una economía estabilizada, tan solo representa un balizamiento del rumbo.

La Argentina deberá mostrar cómo puede crecer, bajar la inflación y acumular reservas con una brecha cambiaria que supera 50%. El desafío es muy grande y requiere un esfuerzo colectivo inédito. Los inversores tanto financieros como de la economía real esperarán a ver para creer y volver a hundir capital; se trata de un proceso de reconstrucción de la reputación que será muy lento.

* Para www.iprofesional.com

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