El factor Patricia o el virus que contamina la convivencia democrática

POLÍTICA 18 de abril de 2021 Por Nancy PAZOS
La presidenta del PRO condiciona la dinámica política y la relación entre Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta. Las encuestas que analizan en la Casa Rosada y los planes de Martín Guzmán
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Alberto y Axel charlaban distendidos en la puerta de acceso a la Manzana de las Luces cuando el encargado de protocolo de la Universidad de Buenos Aires preguntó: “¿Ya podemos ir pasando?”

— Esperemos a Horacio, es lo que corresponde, contestó el Presidente.
— El Jefe de Gobierno ya está esperándolos adentro. Vino más temprano y nos pidió evitar una foto informal acá…

Alberto Fernández no disimuló su desconcierto. Semejante desplante era lo último que esperaba de su “amigo”, el jefe de Gobierno porteño. Por eso ni bien entró a la histórica Sala de Representantes junto al Rector Alberto Barbieri, en vez de ir directo hacia el escenario pasó por la primera fila adrede a chocar puños con Horacio.

La política está llena de anécdotas más o menos coloridas. Esta es una más. Pero retrata el momento exacto en que los caminos de los dos dirigentes más moderados de las coaliciones políticas mayoritarias empezaron a bifurcarse. Ante todo por el lógico calentamiento del año electoral pero también por la irrupción en el escenario de una dirigente tan histórica y acomodaticia como rupturista en el actual esquema del poder y que hoy día está condicionando la convivencia democrática: Patricia Bullrich, la adlátere femenina y brazo armado de Mauricio Macri.


Desde ese choque de puños pasaron 36 días. Hoy ni Alberto ni Horacio disimulan el enfrentamiento y el enfriamiento de la relación. Las diferencias son políticas y de visión sobre cómo enfrentar los problemas de gestión que aquejan a ambos: pandemia, faltante de vacunas, posible parate de la economía por la cuarentena y, por ende, de los ingresos para ambas administraciones.

Pero por la carga emocional que se desprende en lo discursivo (“me engañó, me desilusionó, me mintió, era mi amigo”, etc.) parece más el relato de una telenovela de Migré que de un conflicto de poderes. 🤷🏻‍♀️🤦🏻‍♀️

Visto y considerando la nueva realidad, esta semana los melones se acomodaron. El Presidente decidió en soledad interrumpir las clases presenciales por 15 días (al parecer influenciaron más los intendentes del conurbano que el propio Axel), Horacio lo rechazó en público y lo enfrentó en la Justicia. Se encontraron en Olivos para cuidar las formas pero no se pusieron de acuerdo ni en el saludo y terminaron cantando a dúo la de Pimpinela (Me engañaste, me mentiste..).


En términos meramente electorales digamos que la jugada fue win-win. Ambos ganaron. Alberto porque sale de su confinamiento por Covid y vuelve a la centralidad del combate contra la pandemia que el año pasado lo llevó a números de aceptación popular inesperados.

Horacio porque levanta la bandera de la resistencia que tanto le reclaman desde su espacio y se despega de ese halo colaboracionista que tanto molestaba a su partido. A su vez, porque lo hace desde la seriedad institucional. Y no caceroleando en la puerta de Olivos, como su enemiga interna, la presidenta del PRO.

De hecho Patricia estuvo en medio de la conversación entre el Presidente y el jefe de Gobierno. “Si ahora hacer política se trata de tirar huevos en la puerta de mi casa, porque esta es mi casa -reclamó Alberto-, entonces nosotros vamos a ir a Los Abrojos y a tu departamento. ¿Ustedes pretenden terminar así?”(sic).

Sostener que Bullrich contamina la convivencia democrática no es una exageración. “Juego al todo o nada, no tengo nada que perder”, repite la ex ministra cuando explica su plan de acción a los periodistas que le dan confianza. Demás está decir que Larreta no puede rendir cuentas por ella y mucho menos adoctrinarla o manejarla.

La situación incómoda también al resto de la coalición opositora. Si bien se trasladó al Congreso el posible acuerdo para postergar las PASO y las generales, en la reunión entre Sergio Massa, Eduardo “Wado” De Pedro, Mario Negri y Cristian Ritondo, fue el propio diputado cordobés el que reconoció que estaban impedidos de tomar decisiones por sí mismos: “Tenemos que ir a pedir permiso a la reunión de consorcio”, bromeó en referencia a la mesa de Juntos por el Cambio en la que Patricia Bullrich lleva la voz cantante.


En el medio de tantos dimes y diretes obviamente está el ciudadano de a pie. Al que le gustaría sentirse respaldado por autoridades que dejan las diferencias de lado y trabajan en conjunto. Pero nada de eso primó esta semana. Posiblemente más por caprichos, condicionamientos y malos entendidos que por factibilidad.

Ambos se mojaron la oreja antes del encuentro. Alberto se apuró a firmar el decreto la noche anterior. Horacio a presentar el recurso extraordinario ante la Corte minutos antes de entrar a Olivos. Estaba claro que nada bueno saldría de semejante marco.

Para la Ciudad, Nación se adelantó porque se asustaron de más con los números de la provincia de Buenos Aires. Pero en rigor los consultores de Ciudad especulan con que habrá un pico en la primera o segunda semana de mayo y no descartaban ahí sí discontinuar las clases como bien lo había anticipado en febrero el vicejefe Diego Santilli.

Si bien los casos siguieron en ascenso y estamos superando los registros del año pasado, también es cierto que el índice de positividad tuvo un pico el jueves (35% de los test efectuados) y de ahí en más tendió a bajar (25% el viernes y 30% ayer). En octubre del año pasado en el pico de la primer ola, con muchos menos cantidad de testeos, la positividad llegó a estar en el 50%.

Chances de que se retome la cordura siempre hay. Cuando baje la espuma el Presidente tiene en su escritorio un paper a analizar básicamente para que los chicos recuperen los días de clase. Pero nada de esto va a suceder en esta semana.

Sobre todo porque tomada la decisión quedó claro que a pesar de la resistencia inicial el nivel de acatamiento fue alto. Más que nunca en el Gobierno están mirando los números. Una encuesta que llegó estos días al despacho presidencial arrojó un dato contundente. Entre el universo de argentinos ya vacunados la imagen de la gestión de Gobierno está en un grado de aceptación cercano al 54 por ciento. El número cae al 36 % entre los ciudadanos que aún no han sido vacunados.

Por eso el tema vacunas pasa a ser más que central. Ante todo para dejar atrás la pandemia. Pero desde ya para saber en qué condiciones llega la coalición gobernante a las urnas.

Que Martín Guzmán haya sumado una escala en Rusia a su gira Europea no es menor. Lejos de querer meterse en la política sanitaria, el ministro que acaba de cerrar un periplo nada despreciable por España, Alemania, Italia y Francia, intentará traer de Rusia el know how necesario para que el país empiece a darle un marco jurídico distintivo a los Fondos de Inversión Soberanos.


Estos fondos (como el que desarrolló la vacuna Sputnik) que manejan capitales inconmensurables y que tienen una dinámica distinta a los tradicionales fondos de capital privado porque acompañan una visión más estratégica de los Estados que representan son, a todas luces, los únicos que hoy por hoy pueden dejarse seducir por Argentina.

Para que la inversión extranjera regrese estarían faltando años luz y un contexto interno claramente distinto.

De todas maneras Guzmán quiere regresar lo más rápido posible. Aquí lo espera el índice de inflación más alto de su gestión (el 4.8 anticipado por él mismo y que pasó desapercibido gracias al desaguisado político, pero que está y duele al bolsillo) y una decisión trascendental para intentar frenar el precio de los alimentos. La idea de subir nuevamente las retenciones al agro volvió a estar en las mesas de trabajo de Economía y de Agricultura esta semana.

Guzmán siente que después de la ronda de diálogo que tuvo con los distintos actores de la economía argentina a fines del año pasado donde les explicó el presupuesto de este año, casi todas las partes actuaron bien menos los empresarios. “Los sindicatos cumplieron con su palabra (cerrar paritarias alrededor del 30%), los empresarios siguen sin entender. Son el gran karma del país. Es increíble”, vocifera en la intimidad el ministro.

Algo de eso escuchó el propio Papa. Francisco tiene una debilidad por el ministro. A tal punto que lo recibió en el Vaticano con el protocolo de un Jefe de Estado.

“En este mismo despacho recibo a los Presidentes”, le endulzó el oído Bergoglio mientras sacaban la foto de rigor y antes de que se cerrara la puerta para que quedaran durante 40 minutos absolutamente a solas.

Fuente: Infobae

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