El gran escollo para la evacuación, llegar al aeropuerto: “Los talibanes bloquean el paso a los afganos”

INTERNACIONALES 20 de agosto de 2021 Por Patricia ORTEGA DOLZ | Diego ESTEBANEZ GARCÍA
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Miles de afganos se agolpan a las puertas del aeropuerto internacional de Kabul, que tras la toma de los talibanes el pasado domingo se ha convertido en la única vía de salida de la capital de Afganistán. Las escenas de tensión, caos y desesperación dentro del recinto y en su perímetro han dejado varios muertos en los últimos días. El sonido de disparos es constante. El acceso al aeródromo —cuyo interior está bajo el mando de las fuerzas estadounidenses—, está controlado por la milicia fundamentalista, que no duda en usar la fuerza para impedir la entrada de afganos que buscan ser evacuados. Fuentes próximas al dispositivo de evacuación español en Kabul señalan: “Los talibanes controlan la principal vía de entrada al aeropuerto y, aunque han dicho que no le van a hacer nada a nadie, no están dejando pasar a los afganos, tan solo permiten el acceso a quienes tienen pasaporte extranjero”.


”En este momento lo más difícil es llegar a la base, la zona segura próxima al aeropuerto”, aseguran las mismas fuentes, cercanas al equipo formado fundamentalmente por 17 agentes del GEO (Grupo Especial de Operaciones) y de la UIP (Unidades de Intervención Policial) destacados en Kabul como personal de seguridad de la Embajada española.

”La entrada a la terminal de pasajeros está bloqueada porque la zona del sector civil no funciona”, advierten estas fuentes. “Solo se puede entrar por las puertas de acceso a la base militar del aeropuerto y en cada una de ellas hay miles de personas”. El caos es la constante en la capital afgana, describen.


”Los miembros de la legación española no se irán hasta lograr sacar del país a todos los colaboradores”, señalan. “La consigna es no dejar a nadie atrás”, insisten. Sin embargo, la tarea de localización, citación y traslado de los centenares de personas que han trabajado tanto con las Fuerzas Armadas españolas desplegadas en Afganistán, como en la embajada o en proyectos de la Unión Europea es titánica para esos pocos agentes de la policía española que llevan días trabajando sin descanso, mientras los aviones militares para trasladar a los refugiados y sus familias llegan con cuentagotas al aeropuerto de Kabul.


”Los talibanes no solo controlan las vías de acceso al aeródromo, sino que patrullan las calles, hay controles aleatorios, y la gente tiene miedo de ser interceptada con sus familias y no siempre ven seguro acudir a los puntos de encuentro”, explican las mismas fuentes, que señalan que además “las comunicaciones telefónicas son muy malas y fallan”. Entre los colaboradores que quieren ser evacuados hay personal de todo tipo: “Conductores, secretarias, traductores, personal local, gente que trabajaba en proyectos europeos de desarrollo de la agricultura, de promoción de la mujer, de higiene y sanidad...”. Con los muchos empleados de la UE se ha hecho un reparto por países con las correspondientes listas de nombres y contactos.

Se estima que las personas que habrían de ser evacuadas por España podrían ser unas 500 o 600. De momento, solo han llegado 89 al aeropuerto de la base militar de Torrejón (Madrid) en la madrugada de este jueves, 53 en un vuelo militar y otras 36 en un avión civil que hizo escala en Italia. Cinco son españoles y el resto, de nacionalidad afgana. Esta mañana, un segundo vuelo, con 110 afganos a bordo, ha despegado de Kabul rumbo a Dubái. Se espera que otro vuelo aterrice en el aeropuerto de la capital afgana en las próximas horas para regresar con nuevos solicitantes de asilo haciendo escala en Dubái el sábado por la tarde, si las condiciones de seguridad lo permiten.


A las afueras del aeropuerto se encontraba este jueves Hasán (nombre ficticio), intérprete que trabajó con el Ejército español y que intenta salir del país con sus hijas. Él y otros seis traductores se afanaban por acercarse de nuevo a la entrada. Una cola “de casi dos kilómetros” se lo impedía.


”La pista de Kabul tiene muchas entradas. Este, oeste, norte, sur. Y cada día nos dirigen a una puerta y cuando llegamos ahí, está lleno de jaleo, de mucha gente”, narraba este jueves Hasán a través de una nota de voz de WhatsApp. Mientras intentaban acercarse al aeropuerto en autobús, los traductores procedentes de la provincia de Badghis, en el oeste del país, pedían a las autoridades españolas que enviasen a alguien a por ellos. “Los británicos, los americanos y los turcos, cuando llegan sus intérpretes, salen a por ellos y les permiten entrar y los españoles no tienen a nadie”.


Hasán y sus compañeros vivieron la misma situación el día anterior. Estuvieron desde las ocho de la mañana del miércoles, hora local (5.30 en la España peninsular) parados en una de las entradas del aeropuerto. Los traductores que trabajaron con la misión española en Afganistán llegaron el lunes a la capital después de recibir una llamada del Ministerio de Asuntos Exteriores avisándoles de que tenían que estar en la puerta del aeródromo. Sin embargo, el traductor cuenta que nadie salió tampoco a por ellos ese día. “Llamamos varias veces al mismo número para que pudiéramos entrar, pero nadie salía a por nosotros. Estuvimos esperando hasta las ocho de la noche”. Hasán y sus colegas pedían a las autoridades españolas que les informasen de otro método para poder acercarse a las colapsadas entradas del aeropuerto.

Jahid (nombre ficticio) no se ha atrevido a salir del apartamento donde se encuentra. Teme por su vida, la de sus dos hijos y tres hijas. El traductor afgano trabajó de 2010 a 2013 con el Ejército español. “Nos han dicho por correo electrónico que llamarían a todos los intérpretes. Estamos todavía esperando”, contaba este jueves por mensaje. El colaborador salió de Gazhni cuando cayó en manos de los talibanes hace una semana y se dirigió a la capital. Ahora está a la espera de ser llamado por alguna autoridad española. Jahid narra que su situación es preocupante. “Los talibanes aprovechan su tiempo para visitar algunas casas y hace dos noches llegaron a donde nos alojamos. Salió el dueño, que es un hombre de barba blanca, y yo me escondí por miedo”. Después de ese episodio, cuenta que cambió de alojamiento.

Fuente: El País

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