Esteban Domecq: “Los salarios vienen corriendo de atrás a la inflación por una macroeconomía desequilibrada desde hace una década”

ECONOMÍA 22 de agosto de 2021 Por Daniel Sticco*
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La economía argentina arrastra un largo ciclo de estanflación, como se define al estancamiento de la actividad agregada con el alto ritmo sostenido de aumento de los precios al consumidor, fenómeno que no sólo desalienta las inversiones de las empresas privadas al no contar con elementos fundamentales para planificar el mediano y largo plazo, sino la generación de empleos netos genuino y deteriora la productividad e ingreso final de los trabajadores.

Claramente, una legislación laboral que quedó anclada en las demandas de los sindicatos a comienzos de los 70, y las permanentes intervenciones del Estado con prohibición de los despidos en tiempos de crisis -un fenómeno corriente en la Argentina- se ha constituido en la principal explicación del constante deterioro del mercado laboral, tanto en cantidad (nuevos empleos), como en calidad (remuneración de los puestos de trabajo y precariedad en el tipo de contrataciones). Pero también han afectado al poder de compra de los asalariados la dinámica de la inflación, las devaluaciones del peso y el constante aumento de la presión fiscal, aún sobre el ingreso de los trabajadores en relación de dependencia.

Esteban Domecq, presidente de Invecq Consultora, docente en la cátedra de Macroeconomía y doctorado de la Ucema, y director general del Congreso Económico Argentino y de la Exposición Argentina de Economía, Finanzas e Inversiones, analizó el desempeño del mercado laboral en las últimas décadas y los factores que transitoriamente llevaron a creer que se podían pagar salarios más altos de los que posibilitaba la productividad de los factores de producción, empresas, trabajo y costo del capital.

— Un estudio de Invecq detectó que el salario real cayó en junio/julio al nivel más bajo de la última década, con un sesgo claramente bajista en los últimos 3 años ¿En una apretada síntesis, cómo se explica ese proceso?

— En realidad, el proceso de caída del salario real empieza mucho antes, solo que se logró contener por un tiempo artificialmente. El espectacular ascenso de los precios internacionales de las materias primas durante la primera década de los 2000, en la cual la soja pasó de USD 150 a USD 650 la tonelada, permitió configurar un determinado nivel de salario real, inconsistente con el nivel de productividad del trabajo, que no se pudo sostener cuando el ciclo de commodities se empezó a revertir a partir del 2012. Durante el segundo mandato de Cristina Fernández de Kirchner se mantuvo artificialmente consumiendo stocks, sobre todo reservas internacionales del BCRA; durante los dos primeros años de la gestión de Mauricio Macri se sostuvo con crédito externo. Una vez que nos quedamos sin dólares, ni stocks ni flujos, la caída del salario real era inevitable. La corrección de estos tres años, que se materializa en salarios que vienen corriendo de atrás a la inflación, responde a una macroeconómica desequilibrada desde hace una década ajustando, intentando alinear un salario real disociado respecto del nivel de productividad. Es la distancia entre lo que la sociedad pide, respecto de lo que esta economía puede dar.

— ¿Es decir que, como sostiene el equipo económico, para explicar el fenómeno de la inflación responde a multicausas, o hay una que predomina sobre la otra y condiciona al resto?

— La inflación, en el largo plazo, responde siempre a desequilibrios monetarios. Es un fenómeno monocausal. En el corto plazo, la dinámica de transmisión responde a una multiplicidad de fenómenos. Esto es un problema, porque confundimos causalidad con mecanismos de transmisión y propagación. Y después culpamos al tipo de cambio, a los salarios, a los empresarios, a los grupos concentrados; pero nunca abordamos el problema de fondo. En este sentido, plantear la multicausalidad es muy conveniente para la política, y a su vez una tragedia para la economía. Porque habilita al Banco Central a imprimir billetes indiscriminadamente para cubrir la indisciplina fiscal. Esta indisciplina se paga con impuesto inflacionario; la misma inflación que después se encarga de erosionar los salarios de los trabajadores.

— Recuerda haber detectado en sus sesudos análisis de las series históricas de la economía haber visto un período tan largo de estancamiento económico y caída de los salarios reales?

— Hubo cinco períodos en los últimos 120 años, en los cuales el crecimiento acumulado del PBI per cápita fue negativo: durante la primera guerra mundial (1914), durante la gran depresión (1929), en la década del ochenta, con la crisis del 2001 y con la estanflación actual que comenzó en 2011. La crisis del 2001 fue profunda, pero de recuperación rápida. En el 2005, se terminó de recuperar el PBI per cápita del 1998, o sea, nos llevó siete años reponernos de la crisis de la convertibilidad. En los ochenta fue peor. El PBI per cápita de 1980, que estaba estancado desde 1974, se recuperó en 1994. Catorce años perdidos de crecimiento económico. Mis estimaciones me dan que recién en el año 2029 podríamos recuperar el nivel de actividad per cápita del 2011. Dieciocho años perdidos, una vida…

— ¿El comportamiento de los salarios formales se traslada a los trabajadores en negro, o corren por caminos diferentes, más allá de que se ubican nominalmente un 50% más bajo?

— Si comparamos los salarios actuales con los de finales del 2017, previo a la crisis que comenzó en el segundo trimestre 2018, los salarios tuvieron una caída acumulada de 23,4%. Pero cuando abrimos en los distintos segmentos de empleados, el salario de los trabajadores registrados del sector privado cayó 22,9%, mientras que el de los trabajadores no registrados cayó 25,1%. Claramente afecta a todos los segmentos, y en mayor magnitud a los informales.

— Tomar medidas que incentiven el aumento de la actividad económica y el empleo es condición necesaria para que se recupere el salario real, pero ¿es suficiente?

— La contracción económica tiene su correlato en el mercado laboral, el cual se manifiesta en menor nivel de empleo (mayor desempleo) y en menor salario real. Estimular la actividad económica es fundamental para comenzar a recomponer el mercado laboral. La pregunta relevante que sigue a continuación es ¿cuáles van a ser esas medidas de estímulos? El Gobierno intenta forzar la recuperación económica impulsando la demanda a través de políticas fiscales expansivas y estímulos al consumo, dos aceleradores de corto recorrido. Si no cambiamos el eje de las políticas económicas, con políticas sobre la oferta y los determinantes de largo plazo de la demanda, las exportaciones y la inversión, el push de demanda agudizará el cuadro de estanflación. La economía nos devuelve menos actividad, menos empleo y menos salario real.

— La inflación ha comenzado a desacelerarse mes a mes, pero paradójicamente se ha intensificado en el cotejo interanual ¿Qué afecta más a la dinámica de los salarios?

— Los salarios avanzaron 44,8% en el último año, contra una inflación de 51,8%. Transitoriamente hemos visto que la inflación pasó de 4,8% mensual en marzo a 3% en julio. Pero lo cierto es que no hay proceso de desinflación en marcha en Argentina; hay un proceso de represión inflacionaria transitoria. La estrategia de contención nominal a través del congelamiento de tarifas, pisar el tipo de cambio y toda la batería de precios cuidados y máximos, lo que genera es una desaceleración transitoria con enorme distorsión de precios relativos. Si observamos adentro del proceso inflacionario, encontramos precios reprimidos que corren entre 10% y 30% interanual. La inflación interanual de julio fue 51,8%. ¿Cómo se explica esta diferencia? Porque del otro lado, los precios “libres” están corriendo entre 60% y 90% interanual (materiales para la construcción 87%, carnes y derivados 75,6%, combustibles y lubricantes 71,9%). Este programa esconde inflación debajo de la alfombra; inflación que emergerá después de las elecciones.

— ¿Ve en la dirigencia política que gobierna, pero también en general, convicciones para impulsar una reforma de la legislación laboral? ¿Cuáles debieran ser sus pilares?

— Podríamos agrupar tres grandes grupos de problemas en lo que hace a la legislación laboral: 1) el costo judicial (leyes laborales, industria del juicio), 2) el costo impositivo (impuestos laborales, cargas sociales) y 3) el costo sindical (unicato, aportes obligatorios, obras sociales, inflexibilidad, ultractividad, convenio colectivo centralizado). Hoy no veo ni convicciones ni intenciones en la dirigencia en general de encarar una reforma. ¿Quiénes se perjudican con esta legislación? Los trabajadores, hoy tenemos 175.000 puestos de trabajo registrados en el sector privado menos de lo que teníamos hace una década. En el mismo periodo sumamos más de 700.000 puestos de trabajo en el sector público. Esto ajusta con informalidad, en la actualidad hay más de seis millones de trabajadores no registrados (entre asalariados y cuentapropistas).

— En plena campaña electoral, el Gobierno ha comenzado a inyectar dinero en los bolsillos de los sectores más vulnerables, con el propósito de reactivar el consumo y el resto de la economía ¿Cree que será efectivo para frenar la caída del salario real?

— En el corto plazo, con la estrategia de contención nominal (dólar, tarifas y precios regulados), probablemente tengamos una recomposición de los ingresos en términos reales, ya sean los salarios, como también las jubilaciones, pensiones y demás asignaciones que eroga el Gobierno. La recuperación económica que estamos transitando en este segundo semestre va a estar apuntalada por esta estrategia. La clave está en ganar la pulseada cambiaria, contener la brecha, para que la inflación siga desacelerando, y los ingresos empiecen a ganarle en el mes a mes. En el corto plazo, esta estrategia va a dar un resultado positivo, pero solo transitorio.

— Muchos economistas alertan que después de las elecciones, independientemente del resultado, el Gobierno devaluará para achicar la brecha cambiaria ¿Cree lo mismo, qué efecto tendría sobre los ingresos de los asalariados?

— Durante el ciclo de estanflación, lo que venimos observando es que los desajustes de los años impares de elecciones se pagan en los años pares. En este sentido no tengo buenas noticias, la inflación es más baja en los años impares que en los pares; el salario real es más alto en los impares que en los pares. Difícilmente, con toda la corrección de precios relativos que van a quedar para después de las elecciones, podamos tener un salario real creciendo el año que viene. La clave pasará por que tipo de programa se instrumente con el FMI, y que implicará en términos de la política cambiaria, que seguramente será uno de los ejes del programa de estabilización post elecciones. Recién ahí podremos dimensionar los efectos sobre los ingresos.

— ¿Cuál debiera ser la prioridad de la política económica: estimular el empleo o forzar el aumento de los salarios a través de pautas guías en las paritarias?

— La prioridad en el corto plazo es la estabilización; la de mediano plazo es salir de la estanflación y la de largo plazo es el crecimiento y desarrollo. La política económica actual del gobierno no resuelve ninguna de estas tres agendas, simplemente busca una recuperación artificial de corto plazo con un claro objetivo electoral para llegar algo mejor parado a las urnas. Estimular el empleo o los salarios, sin rumbo definido, sin reestablecer la confianza, sin programa económico y sin acuerdo con el FMI probablemente tenga poco efecto. La prioridad debería ser resolver estas carencias para darle robustez a la fase de recuperación, de modo que sea sostenible en el tiempo, y a partir de entonces comencemos a ver mejoras en el mercado laboral.

* Para www.infobae.com

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