Narcos mexicanos, pandillas centroamericanas y exguerrilla colombiana buscan gobernar Haití

INTERNACIONALES 29 de octubre de 2021 Por Jacobo GARCÍA
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Gédeon Jean es un tipo peculiar. Desde su pequeña oficina en Bourdon de Puerto Príncipe, hace algunos años decidió empezar a contabilizar la violencia en Haití y apuntar día a día los secuestros, los asesinatos, las violaciones o las liberaciones que se producían. Poco a poco fue construyendo su base de datos en un país sin cifras oficiales que no cumple ninguno de esos requisitos: Ni hay cifras ni hay oficialidad que las procese. Hoy dirige el Centro de análisis e investigación en derechos humanos (CARDH), la organización de referencia para explicar el fenómeno de las bandas violentas que controlan el 60% del país. Según su experiencia, en el último año estamos asistiendo a la creación de un “monstruo” que cuenta con armas, dinero y mientras agita los barrios con un discurso político que atribuye al Estado la pobreza en la que viven.

Según Gédeon las bandas se han independizado y han dejado de ser la correa de transmisión de los partidos políticos para convertirse en un fenómeno a medio camino entre el narco mexicano, las pandillas centroamericanas y la guerrilla colombiana. Bandas como el G9 an fanmi (G9 y familia), 400 Mawoso (los 400 vulgares) o Izo 5 Segonn (Izo cinco segundos) son el nuevo Estado que controla el comercio, el transporte, los préstamos entre particulares o el sistema de justicia.


Según explica durante una entrevista con EL PAÍS en su despacho, Haití, de unos once millones de habitantes, se ha convertido en la capital mundial del secuestro donde las casi 200 bandas existentes llevan a cabo una media de dos capturas diarias en el último año, el triple que el año pasado, incluidos 54 extranjeros de cuatro nacionalidades distintas. Una cifra que en los últimos 15 días se ha disparado a ocho personas diarias.

Pregunta. ¿Cómo son las nuevas bandas que controlan el país?

Respuesta. El secuestro ha cambiado. Cuando empezaron los primeros casos, en 1996, eran ajustes de cuentas entre particulares y el tema ni siquiera era importante. En aquella época, si le preguntabas a alguien en la calle sobre secuestro ni sabía de qué hablabas.

Los raptos empezaron a disiparse 2003 y 2004 y tenían que ver con la situación política y la caída de Jean Bertrand Aristide. Tras su salida del poder en febrero de 2004 se dispararon los secuestros, pero tenían que ver con venganzas posteriores. Fueron venganzas de militantes de su causa que exigían su regreso al poder y se centraron en secuestros selectivos entre empresarios y las elites de Petion Ville. Pero no era masivo ni incluía violaciones sexuales, se trataba solo de sacar dinero para continuar su lucha y además mandar un mensaje a las clases altas y el sector privado. Nada que ver con la época actual.
P. ¿Y cómo es ahora?

R. Muy diferente, porque no se limita a una zona en particular e incluye a las clases medias y bajas. Antes era una venganza, pero pero ahora es una importante fuente de financiación y también quieren más poder. Estamos asistiendo a la creación de un monstruo que supera a las instituciones y a la policía.

P. ¿Cuál es el perfil actual del secuestrado?

R. Todo tipo de personas. La mayoría son de clase media: profesores, ingenieros, médicos…y rara vez es alguien la clase alta. Cuando secuestraron en marzo al doctor Jerry Bitar (director de uno de los hospitales privados más importantes del país) lo liberaron al día siguiente y ni siquiera se pagó un rescate. Así que todavía estamos entendiendo cosas. Por qué hay secuestros que son liberados muy rápido y otros que no. Lo que está claro es que las pandillas ahora tienen mucho más dinero y más armas y esto les da mucho más poder en las zonas donde controlan. Generalmente las familias se movilizan para lograr el dinero y venden todas las propiedades. Incluso vecinos o compañeros de trabajan aportan dinero para pagar el rescate. Ellos saben que la mayoría de secuestrados tienen un familiar en Estados Unidos.

P. El líder del G9, Barbecue, exige la dimisión del primer ministro para que regrese la gasolina al país. ¿Quieren poder político?

R. Las bandas violentas antes no eran bandidos sino militantes fanáticos de grupos políticos. Cada presidente que llegaba al poder se apoya en un grupo concreto de criminales para defenderlo en los barrios. Por ejemplo, Jean Claude Duvalier llegó al poder en 1971 apoyándose en los Tonton Macoutes de su padre. Se trataba de una fuerza oficial y violenta pero que defendía el poder y mataba a opositores, pero no a la población en general. Cuando llegó Aristide, primero en 1993 y luego en 2001, se apoyó en los Chimères que originalmente tampoco eran criminales sino fanáticos que defendían con armas a su jefe máximo ante cualquier ataque. Después la situación comenzó a cambiar con la llegada de Michel Martelly (2011-2016) por la entrada masiva de armas se disparó en el país. Llegaron contendedores completos a puertos privados y todo eso se fue deteriorando aún más con Jövenel Moise, donde sus bandas afines se fortalecieron.

P. ¿Ante el vacío de poder se han independizado?

R. Es una mezcla de muchos intereses. Por un lado, hay parlamentarios que arman a grupos para proteger sus intereses en el campo y esos grupos armaron a otros para canalizar sus frustraciones, pero ahora se puede decir que se han independizado del partido y del movimiento político que los creó sin embargo todavía no pueden vivir solas, necesitan de complicidades para secuestrar a alguien en un punto de la ciudad y llevarlo al otro extremo de Puerto Príncipe.

P. ¿Qué tamaño tienen las bandas?

R. Son cerca de 200 en todo el país y emplean a miles de personas, aunque con diferentes niveles. Hay el que envía datos, el que vigila las calles, el que ejecuta, el que cobra, los capacitadores…hay muchos niveles. Una banda puede estar asociada a otras cinco bandas. 400 Mawoso puede controlar la zona de Croix de Buquet y tener ramificaciones en Village de Dye.

P. ¿El G9, la banda de Barbacue, es la más grande?

R. No necesariamente. Ello se llama G9 y familia porque son una alianza de nueve grupos armados que a su vez tienen alianzas con otros grupos más pequeños en toda la ciudad

P. ¿Qué relación hay entre G9 y 400 Mawoso?

R. No sé qué relación tienen exactamente, pero debes entender es que no son pendejos. Ellos no son imbéciles y comparten alianzas y estrategias. O sea, las bandas no se pelean con otras bandas.

P. ¿Está incorporando la ideología?

R. Claramente están en construcción de un relato te doy dos ejemplos. En el último video difundido de Barbacue él insiste en mostrar la miseria y utilizar a los pobres para decir es el Estrado el que te tiene así y, en realidad, no está mintiendo, pero utiliza la pobreza para ganar simpatías. En su última manifestación estaba acompañando de cientos de seguidores. Y otro ejemplo más reciente, esta semana Izo 5 Segonn que acaba de sacar una canción cuyo estribillo dice “Si ves que no tenemos buenos hospitales, es su culpa / Si las escuelas no pueden funcionar, ¡es su culpa! / ¡Si todos los jóvenes se van del país, es culpa de ellos! / ¡Sí, es culpa de ellos”. El nuevo mensaje es que han desarrollado su autonomía y nadie podrá llegar al poder sin ellos. Además de los secuestros ahora entraron en el negocio de gasolina. Están diciendo para mover tu combustible tendrás que pagar. Han desarrollado su propia autonomía y están en un proceso para convertirse en bandas poderosas como el narco mexicano, las maras de Centroamérica o la exguerrilla colombiana.

P ¿Sustituyen al Estado?

R. En sus zonas ellos son el estado. Ellos manejan la electricidad, el mercado, el comercio o el prestamos de dinero entre pobres para que puedan levantar tu negocio. También los grupos de choferes en moto, por ejemplo, me atrevería a decir que la mitad de los que trabajan en la calle lo hacen para ellos porque les compraron motos para que puedan trabajar. También imparten justicia a su manera en los barrios e intervienen en casos de abusos. En los lugares donde ellos están no hay secuestros y la delincuencia es menor.

P. ¿Cómo recogen los datos sobre delincuencia?

R. Somos una organización de derechos humanos que está sobre el terreno así que tenemos mucha relación formal e informal con la delincuencia. La gente que ha sido víctima de secuestros se acerca a nosotros y por otro lado estamos en el terreno, en los mismos barrios donde están los criminales, donde tenemos información directa sobre sobre matanzas o violaciones a los derechos humanos. La gente no tiene confianza con la policía y no hace la denuncia con ellos sino que se acerca a nosotros. Aún así creo que tenemos un subregistro de un 60% respecto a los datos reales.

P. ¿Por qué hay tanto religioso entre los secuestrados?

R. Lo estamos analizando. Creo que hay factores internacionales que influyen. Fue muy extraño ver al líder de 400 mawoso amenazar a los misioneros con meterle una bala en la cabeza. Esa forma de funcionar marca un cambio en el discurso. Antes las amenazas se hacían con una llamada de teléfono no en un video para moverlo en redes sociales. El haitiano tiene miedo de los americanos.

P. ¿Cómo surge la banda que está detrás del secuestro de los misioneros estadounidenses?

R. 400 mawoso es una banda rural que comenzó en Tomasó robando animales y su nombre se puede traducir como los vulgares. Ellos se instalaron en la zona de Croix de Buquet de la capital y han ido creciendo mucho en los últimos tiempos. Según nuestros datos son los responsables de la mitad de los secuestros en el país. Una víctima nos contó cómo le llevaron a un lugar donde había más de 700 vehículos.

P. ¿Cómo es el trato a los secuestrados?

R. Ellos quieren su dinero cuanto antes y tratan de acelerar el pago con violencia, golpes, hambre, torturas... otras veces queman el cuerpo de la persona durante una llamada telefónica para que su familiar escuche los gritos. En la mayoría de los secuestros las mujeres son abusadas sexualmente. En el 90% de los casos son liberados después de varios días y es muy raro el caso en que son asesinados. El objetivo es tener dinero y también crear una crisis y una desestabilización política.

Fuente: El País

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