Los dos principales desafíos financieros del Gobierno tras 14N

ECONOMÍA 16 de noviembre de 2021 Por Juan Strasnoy Peyre*
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Pasada la elección de este domingo, además de en la inflación, el Gobierno se enfoca en dos prioridades económicas: encauzar las tensiones cambiarias y avanzar en la negociación con el Fondo Monetario Internacional. Bajo esos objetivos se desplegará una hoja de ruta que las distintas fuentes oficiales consultadas aseguran que no se modificó. En ese marco, el gabinete económico se propone apuntalar la estrategia financiera y monetaria, con vistas a acercarse los más posible a las metas oficiales en los 45 días que faltan para fin de año.

Luego de un primer semestre marcado por la disciplina fiscal, en el que Martín Guzmán pudo mantener las variables dentro del esquema planteado en su programa financiero, en la segunda parte de 2021 la dinámica empezó a complejizarse, como se esperaba. Con un mercado en modo electoral y una mayor concentración de vencimientos, el porcentaje de renovación de la deuda en pesos se redujo. Y eso, sumado a mayores necesidades estacionales y al paquete de medidas pos-PASO (que igualmente no abandonó la cautela), hizo crecer mes a mes la asistencia monetaria del Banco Central al Tesoro.

Así, el mix de financiamiento del déficit fiscal se alejó de la pauta presupuestada: cubrir 60% con emisión y 40% con nuevo endeudamiento en moneda local bajo la premisa de que una mayor impresión de pesos recaliente aún más las presiones sobre los dólares paralelos y la brecha cambiaria. Por el momento, el Gobierno acumula una composición de financiamiento de 73% emisión y 27% deuda. Aunque los funcionarios sostienen que, si se contabiliza la precancelación de adelantos transitorios realizada con los recursos provenientes del ingreso de los derechos especiales de giro (DEG) que envió el FMI, el mix se ubica en torno a 63%-37%. Sin embargo, el grueso de los analistas apunta que el movimiento hecho con los DEG no tuvo impacto monetario concreto. Con todo, las fuentes del área económica sostienen que los $1,36 billones que le giró el BCRA al Tesoro en lo que va del año no alteran lo presupuestado.

En paralelo, el Central se abocó a una tarea primordial de la política que en el gabinete económico definen como de “prudencia monetaria”: la reabsorción del grueso de los pesos emitidos para financiar al Tesoro mediante la colocación de Leliq y Pases a los bancos. Es una estrategia que intensificó desde fines del año pasado, en tiempos de corrida, que consiste en retirar de la plaza parte de los pesos inyectados para evitar que vayan a presionar sobre el dólar. Esto hizo que el dinero en circulación se contrajera en términos reales en torno al 15% interanual luego del shock que implicó la pandemia y que el stock de pasivos remunerados del BCRA superara cómodamente los $4 billones.

Las fuentes oficiales consultadas desmienten versiones sobre cambios de rumbo y aseguran que los lineamientos centrales de la estrategia financiera, monetaria y cambiaria se mantendrán, mientras continúa la negociación con el Fondo. Junto con las fiscales, las metas monetarias son uno de los ejes claves de la discusión en marcha: como es habitual, el FMI reclama un tránsito más acelerado hacia el equilibrio de las variables macroeconómicas vía un ajuste que el Gobierno se propone evitar o morigerar.

Por lo pronto, el proyecto de Presupuesto 2022 que empezará a discutirse en el Congreso en los próximos días ya plantea una reducción de la asistencia del BCRA al Tesoro desde más del 3% del PBI en 2021 al 1,8%, en línea con la previsión de un mayor endeudamiento neto en pesos y de un importante caudal de desembolsos desde organismos multilaterales (el propio FMI si el acuerdo finalmente incluye la devolución de los pagos de capital realizados este año e instituciones como el Banco Mundial, el BID y la CAF).

Próximos pasos

Mientras tanto, los funcionarios esperan que superados los comisiones (sea cual sea el resultado) la tensión cambiaria y financiera de las últimas semanas tienda a aflojar poco a poco. Y apuntan a que eso ayude a atravesar semanas desafiantes para la política de financiamiento: las consultoras prevén que noviembre y diciembre, en línea con la estacionalidad, sean los meses de mayor desbalance fiscal de un año que se encamina a cerrar con un déficit acumulado muy inferior al 4,5% del PBI presupuestado por Guzmán pese a los debates abiertos en el oficialismo tras la derrota en las PASO.

Un informe de la consultora Equilibra señaló que, de cara al último bimestre, el Banco Central y el Ministerio de Economía ya comenzaron a “endurecer” la política monetaria por dos vías: “El primero esterilizando fuerte a través de la emisión de pasivos remunerados (Leliq y Pases) y segundo con la convalidación de mayores tasas de interés en sus subastas de letras que ya superan el 48% (tasa efectiva anual) a tres meses de plazo”.

En el primer caso, eso hizo que en octubre la base monetaria creciera 2,3% contra una inflación del 3,5%. En el segundo, ayudó (junto a la demanda de bonos atados a la inflación) a la Secretaría de Finanzas a comenzar noviembre con un colchón de fondeo neto de $68.000 millones tras la primera licitación del mes, un monto que buscará ampliar en la colocación pautada para este jueves.

La intención en el Palacio de Hacienda es incrementar el financiamiento neto mensual en el último bimestre para evitar un nuevo salto de la asistencia monetaria del BCRA antes de fin de año y acercarse lo más posible al mix de fondeo de 60% emisión y 40% deuda. El próximo desafío llegará en la última semana de noviembre cuando vencerán casi $220.000 millones luego de que el segundo canje del bono dólar linked T2V1 realizado a comienzos de mes permitiera reducir ese pago en $50.000 millones. En diciembre, vencerán más de $280.000 millones. Se trata de montos importantes pero menores a los del período agosto-octubre, meses en los que el ratio de renovación de la deuda se redujo significativamente.

* Para www.ambito.com

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