TÉCNICA DE ÉPOCAS BÍBLICAS PARA LANZAR SATÉLITES

TECNOLOGÍA 15 de noviembre de 2021 Por Isaías ABRUTZKY / Especial para Tiempo de Santa Fe
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Un mismo principio: tres mil años de diferencia

Isaías ABRUTZKY / Especial para Tiempo de Santa Fe

Existen dos maneras de avanzar en la técnica: una mediante procedimientos inéditos; la otra, ampliando las posibilidades de viejos sistemas. Una empresa estadounidense avanza en el proyecto de eyectar satélites hacia su órbita, actualizando una forma bíblica de impulsar proyectiles.  

Todo el mundo oyó o leyó acerca de la fuerza centrífuga, y muchos dicen haberla experimentado en diverss circunstancias, algunas tan simples como cuando nos apretamos contra la puerta de un auto en el que vamos de pasajeros, si el conductor toma una curva cerrada. Y probablemente tengamos en nuestra casa un lavarropas  que centrifuga, o una secadora con nombre japonés. 

Pero ninguno de esos fenómenos responde a una fuerza centrífuga sino, al contrario, a una centrípeta. Porque lo que ocurre es que tanto nuestro cuerpo en el auto, como las prendas en tales electrodomésticos, son forzados a cambiar de dirección: en cada punto del giro, ellos, que “prefieren” escapar por la tangente, son obligados a seguir girando. 

Lo cierto es que los cuerpos materiales metidos en un artefacto que gira, van haciéndolo a la velocidad a la que rota la parte externa del dispositivo. Y esa velocidad puede ser considerable. La antigua honda, conocida desde tiempos bíblicos y quizás antes, es el arma centrifuga con el que, se cuenta, David mató a Goliat. A mi modo de ver, es poco probable que eso haya sucedido, porque el proyectil es pequeño, y la velocidad de giro que puede imprimirle el tirador no puede ser mayor que algunas vueltas por segundo. Tal vez un escenario semejante hubiera sido posible con los contendientes intercambiados, ya que Goliat, al menos como lo pintan, podría superar al mejor lanzador de martillo de la actualidad. Ya hablaremos de ese deporte más adelante, pero mencionemos, como una nota de color, la nada despreciable fuerza que Soledad Pastorutti solía imprimirle a su poncho al revolearlo en el escenario, dicho esto en tono de humor.

Es bueno ver qué resulta en las competencias de lanzamiento de bala, una bola de acero de 7,26 kilos, y de martillo (con la misma forma y peso, pero unida por un cable de acero de 1,20 m a una empuñadura que permite hacerla  girar) respectivamente. En el primer tipo de competencia, el record mundial (hombres) es de 23,37 m logrado por Ryan Crouser el 18-06-2021. En martillo, la mejor marca fue establecida por Yuri Sedij, con 86,74m el 30-08-1986 (no superada por lo menos hasta 2018). 

Esto muestra claramente que el recurso de rotar el cuerpo que se quiere lanzar multiplica por cuatro la potencia del envío. 

Todo esto viene a cuento porque una empresa de Texas, USA, está empeñada en el proyecto de lanzar satélites mediante este tan antiguo recurso. Para ello montó un cilindro hueco de diámetro gigante, en cuyo interior se dispone un rotor que lleva el cohete a dispararse. El recinto se mantiene al vacío, para tener mínima fricción y el rotor se hace girar a traves de un eje conectado a un motor externo. 

Luego de alcanzada la velocidad de giro necesaria, el cohete se desprende del rotor y emerge del cilindro por un tubo lateral. Con este sistema, la empresa SpinLaunch, que alega haber realizado lanzamientos de prueba exitosos, trabaja para incrementar la velocidad de los lanzamientos, de modo que se puedan poner fuera de la atmósfera cohetes de 200 kilogramos. Por el momento se piensa en que los cohetes tengan sus propios motores, de modo que una vez llevados a una altura de 100 kilómetros por la tecnología descripta, puedan completar su puesta en órbita con un coste energético muy inferior al que se requiere para hacerlo con una unidad que emplee sus motores desde la superficie. Esto ya sería de gran importancia para facilitar los lanzamientos y reducir mucho los costos, pero dejaron traslucir que si los resultados siguen progresando, los cohetes podrán llegar a colocarse en órbita sin motores para encender en una segunda etapa.

Hasta ahora, se utilizó para las pruebas un prototipo a escala. En el proyecto definitivo, el diámetro del cilindro tendrá una dimensión de alrededor de 100 metros. Para alcanzar la velocidad de 8.000 Km/h, con esa instalación, se requeriría hacerla girar a algo más de 25 revoluciones por segundo, equivalentes a 1500 rpm (revoluciones por minuto), que está un poco por debajo del límite apropiado para el motor de un automóvil en marcha. Esa misma velocidad de rotación es corriente en motores eléctricos, y también a la que opera la turbina de la central nuclear de Atucha. 

Es interesante notar que un desarrollo como el que comentamos es posible actualmente por el extraordinario y constante avance en la ciencia de materiales. Cuando observamos el movimiento de las palas de un molino eólico, nos sorprende la aparente lentitud con la que opera. Y pensamos que podríamos aumentar la potencia del artefacto permitiendo que gire a mayor velocidad, y de ese modo conseguir más energía. Pero con diámetros de más 130 metros (los del parque eólico de Pampa Energía, en las proximidades de Bahia Blanca se despliegan en una circunferencia de 136 metros), las puntas de las aspas se acercan a la velocidad supersónica, lo que produce grandes tensiones en el material. 

Lo cierto es que, de lograrse los objetivos de SpinLaunch, la empresa que desde 2014 trabaja en estos proyectos, el lanzamiento de satélites y el costo de ponerlos en órbitos se tornará mucho más sencillo y económico. 

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