La batalla que viene entre Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich

POLÍTICA Por Ricardo CARPENA
6B2H7XM3VRHDVARYHIKVLXPAPI

¿Saldrá indemne Juntos por el Cambio de las fricciones poselectorales? El rotundo triunfo en las urnas tonificó a la coalición opositora, pero lo hizo de una forma que también profundizó las diferencias y potenció los proyectos personales. La unidad interna fue una de las claves de la victoria y puede ser una de las herramientas para volver al poder en 2023. ¿Está convencida de lo mismo toda la coalición?

El día después de los comicios legislativos sucedió lo que se preveía: las divisiones contenidas por el barniz pacificador de la campaña salieron a la luz con las distintas interpretaciones del resultado. Varios dirigentes están convencidos de haber sido los artífices excluyentes del impactante logro electoral en casi todo el país.

 
Horacio Rodríguez Larreta les ganó de mano a todos cuando en su discurso de Costa Salguero, la noche de las elecciones, habló del objetivo cumplido de los cinco senadores y enseguida destacó que había tenido el orgullo de acompañar a muchos candidatos en todo el país. Lo mismo se atribuyó Patricia Bullrich desde las redes, con su insistencia en resaltar los 50 mil kilómetros que recorrió en cuatro meses. Los radicales tampoco se privaron de hacer hincapié en que el triunfo de Juntos por el Cambio en ocho provincias y en la mayoría de los municipios bonaerenses tuvo el sello indeleble de los candidatos identificados con la UCR.

También hubo pases de factura, como Bullrich tomándose revancha contra el jefe de Gobierno que la había empujado a bajarse de su candidatura porteña, al sostener que había una “expectativa mayor de votos en la Ciudad de Buenos Aires”. O el diputado y titular de la UCR porteña, Emiliano Yacobitti, quien apuntó contra la continuidad de Mario Negri como jefe del bloque radical en la Cámara baja: “No podemos tener un partido que sea un club de amigos”. Los “halcones” del PRO embisten contra Cristian Ritondo, el jefe de la bancada de diputados, y buscan que la conducción del bloque sea “una expresión de la nueva realidad electoral”.

En la medida en que eludan una dinámica caníbal, todos estos movimientos se basan en la lógica inapelable de que el veredicto de las urnas reacomode el tablero de decisiones de Juntos por el Cambio. Por eso varios dirigentes también están empujando cambios en la Mesa Nacional de la coalición con la idea de que den un paso al costado dirigentes que perdieron en las PASO y le den lugar a ganadores de las elecciones como Diego Santilli o Luis Juez, por ejemplo. “Tienen que llegar los dirigentes con votos y territorio”, afirman cerca de un aspirante a sumarse a la conducción nacional. ¿Habrá consenso o será a los empujones?

Lo que viene no será sencillo para la principal fuerza opositora. En el PRO, el clima interno puede empeorar en las próximas semanas: mientras Rodríguez Larreta volverá a concentrarse en la gestión porteña para dar desde allí señales de su proyecto presidencial, Bullrich lanzará su carrera hacia 2023 con recorridas por la costa atlántica a partir de enero y luego, en marzo, con incursiones por la provincia de Buenos Aires.

Sin cargos legislativos ni ejecutivos, la titular del PRO puede manejarse con menos condicionamientos que muchos de sus colegas/rivales. De esa forma pudo construir hasta ahora un perfil hipercombativo que la convirtió casi en la principal voz de la oposición dura en los eternos meses de la cuarentena obligatoria. Las encuestas que muestran su imagen en alza reflejaron ese fenómeno. Hasta sus adversarios le reconocen que logró interpretar mejor el pensamiento del votante promedio del PRO. Y por eso, según destacan en su entorno, Rodríguez Larreta la tuvo que ir a buscar para sumarla a la campaña porteña y tratar de que María Eugenia Vidal no perdiera esos votos. En plena campaña de las PASO, Bullrich se sinceró de una manera descarnada: “Yo era mejor candidata que Vidal. No mejor, sino que hubiera sacado más votos”, dijo.

El larretismo se mantuvo en silencio ante cada estocada de la jefa partidaria. Luego de haber relativizado el triunfo porteño, sólo Vidal le contestó: “Voy a poner a la unidad por encima de cualquier interpretación”. Bullrich, más conciliadora, bajó el tono a la polémica y sentenció: “Siento que estamos unidos”. Dentro de menos de un mes y medio, comenzará las recorridas bonaerenses para cimentar su plan de convertirse en presidenta de la Nación. ¿Lo consultó con sus pares de JxC? “No tengo que pedirle permiso a nadie”, le contestó a alguien que le preguntó sobre el tema. Se propone caminar “ciudad por ciudad” en la Provincia y buscar “gente nueva” para afianzar la victoria opositora en ese distrito en las elecciones de 2023.

Rodríguez Larreta seguirá apegado a su actitud zen de no contestarle a Bullrich, pero tampoco cederá un milímetro su proyecto presidencial ni el apoyo a Santilli para que se convierta en gobernador dentro de dos años. El ganador de las elecciones en la Provincia, que se impuso en 109 de los 135 municipios bonaerenses, no dejó de recorrer el territorio ni aun después de conocido el resultado y mantendrá las visitas al distrito.

Santilli se propuso el objetivo de consolidar a Juntos en la provincia de Buenos Aires y empezó a analizar con sus asesores cómo ampliar el espacio, en principio, entre quienes eligieron las listas de José Luis Espert, Florencio Randazzo y Cynthia Hotton. “El año 2022 será de mucho armado político y planificación”, señalan en su equipo, donde le restan importancia a la competencia de Bullrich con sus propias recorridas en el territorio. Saben que no será la única: Ritondo también sueña con la gobernación bonaerense, al igual que intendentes del PRO como Néstor Grindetti (Lanús), Julio Garro (La Plata) y Diego Valenzuela (Tres de Febrero). ¿Cómo se resolverá este rompecabezas? Desde el santillismo contestan: “Las PASO demostraron haber sido una herramienta fundamental para que la gente elija y le dé legitimidad a los postulantes”.

A tono con el crucial desafío que viene, Santilli piensa armar una “mesa de pensamiento estratégico” de la Provincia, con expertos e intelectuales que aporten ideas, mientras, en forma simultánea, comenzó a elaborar propuestas de gobierno con la mira puesta en convertirse en el sucesor de Axel Kicillof.

Pero “El Colo” no estará solo. Rodríguez Larreta mantendrá sus visitas a la Provincia para apuntalarlo y le dará a un dirigente de confianza de su candidato a gobernador un lugar preponderante en el gabinete porteño. Agustín Forchieri, quien se desempeñó como vicepresidente primero de la Legislatura desde 2019, asumiría como secretario de Bienestar Ciudadano del gobierno de la Ciudad. Actualmente esa dependencia tiene rango de subsecretaría, pero elevará su jerarquía para permitir que el hombre de Santilli coordine el armado político nacional y provincial. En esa área también designarían al radical Juan Nosiglia, legislador porteño cuyo mandato vence el 10 de diciembre y que responde al senador de la UCR Martín Lousteau.

La importancia que tendrá Forchieri en la estructura larretista quedará simbolizada en la estratégica oficina que ocupará en la sede del gobierno porteño, en la calle Uspallata: está decidido que serán las mismas que utilizaba Santilli, en el tercer piso, muy cerca de donde trabaja Rodríguez Larreta todos los días.

Este panorama de proyectos cruzados y candidaturas simultáneas dejará al desnudo nuevas tensiones en la principal fuerza opositora, pero todavía no se está hablando abiertamente de una sencilla fórmula que podría destrabar los conflictos: la realización de internas en el PRO para definir las postulaciones.

Algunos dirigentes del partido envidian a sus pares de la UCR porque pueden llegar a las PASO con sus candidatos surgidos del voto de los afiliados. Eso no existe aún en la agrupación fundada por Mauricio Macri (en las internas de 2015 entre Rodríguez Larreta y Gabriela Michetti se votó con un padrón abierto) y evitaría el peor escenario: en las primarias, sería muy difícil que candidatos presidenciales como el jefe de Gobierno y la titular del PRO le ganen desde listas separadas a un radicalismo unificado.

Para llegar a las internas, aseguran algunos referentes del espacio, el PRO debería terminar de organizarse en todo el país, tener al día sus padrones de afiliados y, sobre todo, consensuar las reglas que regirán la competencia. “Tenemos que institucionalizar el partido”, es la consigna de quienes quieren debatir este tema cuanto antes. Es lógico. Con una UCR envalentonada por la aparición de Facundo Manes y la decisión de recuperar el protagonismo dentro de Juntos por el Cambio, la persistencia de la división en las filas del PRO puede debilitar las posibilidades de llegar a la Presidencia tanto a Rodríguez Larreta como a Bullrich.

Mauricio Macri sigue muy de cerca las peleas en la coalición, pero repite como un mantra que él apuesta al equilibrio interno y a la unidad para fortalecer a Juntos por el Cambio y llegar con expectativas a 2023. Sus allegados creen que este miércoles, cuando regrese a la Argentina desde Arabia Saudita, estará más preocupado por evitar una eventual fractura opositora que en el procesamiento que le dictaría el juez de Dolores Martín Bava por presunto espionaje a familiares de las víctimas del submarino ARA San Juan.

Es que una decisión judicial se puede revertir en esta tierra de magistrados subordinados a la política, pero será mucho más difícil salir del laberinto en el que se encerrará Juntos por el Cambio si sigue jugando a la ruleta rusa de los proyectos individuales sin pensar en un suicidio político mucho antes de 2023.

Fuente: Infobae

Te puede interesar