La Cámpora copó la Plaza de Mayo y desplazó a los movimientos sociales

POLÍTICA 11 de diciembre de 2021 Por Andrés KLIPPHAN
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“No pueden copar el gobierno de Alberto, por eso el kirchnerismo copó el acto de Plaza de Mayo”. Exagerado o no, ese era el sentimiento que prevalecía en los sectores mayoritarios de los movimientos sociales vinculados a la Casa Rosada. La convocatoria de ayer en el marco del Día de la Democracia y los Derechos Humanos, había sido organizada por los principales dirigentes del Movimiento Evita y Barrios de Pie: Emilio Pérsico, Fernando “Chino” Navarro y Daniel Menéndez.

Sin embargo, la disputa de poder en el frente que gobierna al país desde el 10 de diciembre de 2019 obligó a que La Cámpora, el espacio político que lidera el jefe de la bancada oficialista en la Cámara de Diputados, Máximo Kirchner, se apropie de la iniciativa de manera pública. La jugada, según relatan a Infobae dirigentes populares que se sintieron “desplazados”, fue armada desde el Instituto Patria, el bunker ideológico de la Vicepresidenta Cristina Fernández, después de la masiva convocatoria que junto a la CGT habían orquestado esos mismos movimientos populares para conmemorar el Día de la Militancia.

Fue el 17 de noviembre, tres días después de la derrota en las elecciones legislativa. El único orador fue Alberto Fernández. El destino final de la convocatoria era el relanzamiento del gobierno del Frente de Todos.

El de ayer pretendía ser una continuidad del acto anterior y la antesala a la conmemoración por los 20 años del estallido social que ocurrió el 20 de diciembre de 2001 durante la presidencia de Fernando de la Rúa que se va a realizar en el mismo lugar.

Las tres convocatorias fueron proyectadas después de la derrota electoral de las PASO del 12 de septiembre. La CGT formaba parte del armado y afuera quedaba La Cámpora.

La noche del 14 de noviembre en la que Fernández, festejó la derrota de las elecciones legislativas como un triunfo, y agradeció a los movimientos sociales por ponerse la campaña al hombro y haber posibilitado la remontada electoral en territorio bonaerense, llamó, desde el palco -en el que no estaba la Vicepresidenta-, a la unidad y llenar la Plaza de Mayo el Día de la Militancia.

Al otro día, el diputado Kirchner, Pérsico y Héctor Daer, uno de los integrantes del triunvirato de la CGT, entre otros, acordaron que el resto de las organizaciones sociales y políticas que habían quedado fuera de la movilización, formarían parte del acto.

Alberto Fernández y Cristina Kirchner entendieron que, ante la pérdida de bancas en el Congreso, había que dar muestras de unidad. La calle debía ser el reflejo de esa presunta cohesión interna.

Ese día la CGT y los espacios populares nucleados en la Unión Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), volvieron a demostrar su poder de movilización y alineamiento al jefe de Estado. Sus banderas, pancartas y globos con helio destacaban en cada rincón de la histórica plaza y sus alrededores.

Las columnas de La Cámpora, con el hijo de la Vicepresidenta a la cabeza, en cambio, quedaron relegados a varias cuadras de la cabecera.

Ayer no ocurrió lo mismo. El acto tuvo impronta kirchneristas. Las columnas de La Cámpora se congregaron antes de las 15 en el Obelisco porteño y desde allí avanzaron a Plaza de Mayo y coparon el centro del lugar. Sus pancartas y banderas ocuparon los mejores espacios y la televisación se encargó de destacar a los militantes kirchneristas por sobre el resto de las organizaciones.

Barrios de Pie y el Movimiento Evita, también movilizaron, pero su presencia fue menor a la de otras concentraciones, como las del Día del Militante, o la marcha del 7 de agosto, día de San Cayetano. Esa vez, más de doscientas mil personas marcharon de la Iglesia del patrono del trabajo, ubicada en el barrio porteño de Liniers, a Plaza de Mayo para respaldar al jefe de estado y pedir por “Tierra, Techo y Trabajo”.

A pesar del malestar porque el kirchnerismo se había “apropiado” de la organización del acto, la mayoría de las organizaciones sociales nucleadas en la Unión de Trabajadores de la Economía Popular (UTEP), movilizaron igual. Necesitaban mostrar que el “albertismo” también estaba presente.

La CGT, si bien envió una nota de adhesión, decidió no movilizar como central obrera. Las palabras del diputado Kirchner influyeron para que se tomara esa decisión, según confió uno de los popes de la central obrera.

El 4 de diciembre el hijo de la ex mandataria dijo que el 10 había que “colmar la Plaza de Mayo” y agregó: “Hay que reventar en serio la Plaza”.

“Qué quiso decir con eso, que el 17 no nos movilizamos ‘en serio’ o que nosotros y los movimientos no reventamos la Plaza de Mayo”, le dijo ese líder gremial a este medio. El mismo desagrado fue manifestado por dirigentes del Evita y Barrios de Pie.

El 26 de noviembre, nueve días después de la derrota electoral, la dos veces mandataria, difundió su segunda carta pública.

En la primera, después de las PASO, pidió cambios en el Gabinete nacional; en la última, intentó marcarle la cancha a Fernández con el fin de enfrentar al Fondo Monetario Internacional (FMI).

En su texto, Cristina Fernández recuerda que: “Surge a simple vista que la totalidad de las fuerzas políticas de ambas coaliciones asumió la responsabilidad de decidir si se aprueba o no lo que el Poder Ejecutivo negocie y acuerde con el FMI. Todo ello sin perjuicio de que es el titular del Poder Ejecutivo quien lleva adelante las negociaciones en ejercicio de su responsabilidad constitucional en esta materia”. Es decir, que la “lapicera” la tiene Alberto Fernández y no ella.

Cuatro días después su hijo convocó a “colmar la Plaza de Mayo” para ofrecer “una demostración de voluntad transformadora”.

“Ese día invito al pueblo argentino a que abrace a alguien que como Cristina sufrió la persecución judicial y que volverá a ser presidente del Brasil”, expresó el legislador en referencia a la asistencia al acto del ex mandatario del país vecino Luiz Inácio Lula Da Silva.

En cambio, nada dijo de la presencia de otro ex presidente, en este caso de Uruguay, José “Pepe” Mujica que fue invitado de manera especial a pedido de mandatario.

Mujica, a diferencia de la Vicepresidenta y de Da Silva, no fue denunciado penalmente por presuntos hechos de corrupción durante su paso por la presidencia uruguaya.

Durante todo el día de ayer, desde el kirchnerismo se intentó comparar los dos actos. Sin embargo, los paralelismos parecen absurdos. Para conmemorar el los 38 años de democracia en el país, los dos años de gestión de la fórmula Fernández-Fernández y el día internacional de los Derechos Humanos, el kirchnerismo, como hizo durante la gestión de Cristina de Kirchner, invitó a bandas musicales y artistas como Súper Ratones, Bárbara Recanati, Massacre, Peteco Carabajal, Teresa Parodi, Víctor Heredia, Francisco El Hombre, Orkesta Popular San Bomba, Ráfaga y Dolores Solá.

El Ministerio de Transporte de la Nación, dispuso que a partir del mediodía de ayer y hasta la medianoche, los trenes y colectivos urbanos y suburbanos del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) prestarían sus servicios de manera gratuita con el objetivo de brindar mayor accesibilidad y conectividad en la celebración que se realizaría en Plaza de Mayo.

Bajo el lema “Democracia para siempre”, la celebración incluyó, además del festejo popular en la histórica plaza, la entrega de los premios Azucena Villaflor a personalidades destacadas en la defensa de los derechos humanos, que se realizó en el Museo del Bicentenario de la Casa Rosada.

A diferencia de la movilización del Día del Militante, La Cámpora y sus dirigentes, tomaron un real protagonismo en la marcha. Esta vez marcaron diferencia.

Sobre el escenario, Cristina Fernández hizo lo propio. Se paró en el centro de las tablas e interpeló al Presidente. Le reclamó. Lo condicionó por la negociación con el FMI. Las palabras de la ex presidenta fueron coronadas con fuegos artificiales. Alberto no recibió el mismo tratamiento por parte de los organizadores.

En cambio, debió apartarse de su discurso originar para responder a los temores de ajuste de su vice ante las presiones del organismo internacional. Lo hizo bajo la atenta mirada de los ex presidente de Brasil y Uruguay: “Tranquila Cristina, no vamos a negociar nada que ponga en compromiso el crecimiento de la Argentina”.

Durante la tarde, no solo Máximo Kirchner se mostró exultante al frente de una de sus nutridas columnas. También lo estaba Mayra Mendoza, la intendenta de Quilmes una destacada dirigente de La Cámpora. Ante las cámaras y fotógrafos se mostró empuñando y flameando una bandera argentina.

La alcaldesa del sur del conurbano estaba enfundada en jeans y una remera con una sugestiva leyenda firmada con las siglas CFK. “Que honre la voluntad del pueblo argentino”, rezaba la inscripción.

Esa fue una de las frases más destacadas de la primera carta pública que Cristina Fernández de Kirchner escribió después de la derrota electoral en las elecciones PASO.

El pedido estaba dirigido al presidente Alberto Fernández. En ese mismo texto insistía en que no será opositora al Ejecutivo nacional e indicaba: “Hasta he sufrido un vicepresidente declaradamente opositor a nuestro gobierno. Duerman tranquilos los argentinos y las argentinas… eso nunca va a suceder conmigo”.

La remera de la intendenta de Quilmes fue todo un mensaje, y no pasó desapercibido. La palabra de Máximo Kirchner al canal de noticias C5N tampoco: “Reventamos la Plaza de Mayo como dijimos que la íbamos a reventar”.

Fuente: Infobae

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