Cristina le habló al FMI: pide ayuda al problema de la "economía bimonetaria" como condición para un acuerdo

ECONOMÍA 12 de diciembre de 2021 Por Fernando Gutiérrez*
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Cada vez que Cristina Kirchner habla, sabe que sus palabras se transformarán en un hecho político. El discurso del 10 de diciembre no podía ser la excepción, y por eso preparó su discurso con mensajes para públicos diversos: primero, como siempre, a la propia militancia para renovar el vínculo emocional; luego al propio peronismo y al presidente Alberto Fernández, para recordarle el compromiso de no apartarse de la línea política.

Estuvieron también las ya clásicas críticas a los medios de comunicación y a los jueces que posibilitan el "lawfare", una situación que se potenciaba por el hecho de que en el estrado estaba sentado el ex presidente brasileño Lula Da Silva, que sufrió prisión por una causa de corrupción.

Pero, esta vez, Cristina introdujo algunas novedades: les habló a dos públicos a los que generalmente no se dirige.

Primero, a la Unión Cívica Radical, para recordarles que en dos ocasiones -durante las presidencias de Raúl Alfonsín y de Fernando de la Rúa- habían sufrido "el condicionamiento" del FMI, y que en definitiva había sido ese organismo el responsable de los precipitados finales de esos dos gobiernos.

"Despabílense" fue una de las frases más destacadas del discurso de Cristina, dirigida a los dirigentes radicales. Su mensaje sigue la línea estratégica ya iniciada por el presidente Alberto Fernández, en el sentido de buscar una fisura en la oposición.

Cristina envió un guiño al radicalismo -incluso pidió un aplauso de reconocimiento a Alfonsín- pero al mismo tiempo recrudeció en su crítica al macrismo, al que calificó como continuador de las políticas de las dictaduras militares.

Como ya había hecho el Presidente en el acto del Día de la Militancia, Cristina hizo un llamamiento a la unidad nacional pero distinguió entre los opositores a los que considera dignos de buscar consensos y aquellos a quienes pone en la vereda de enfrente.

La ocasión es propicia para una estrategia de ese tipo: después de haber mejorado en cinco bancas su representación en el Senado y de haberle arrebatado la mayoría propia al Gobierno, la oposición ganó fuerza parlamentaria pero, sin embargo, vive una inocultable disputa interna entre los "halcones" que quieren reforzar la línea de oposición dura y los "dialoguistas" que se prestan a las negociaciones.

Un listado de condiciones para el FMI

Pero, sobre todo, el gran interlocutor al que Cristina dirigió su discurso fue al propio Fondo Monetario Internacional. Cristina sabe que un acuerdo tiene altas chances de ser logrado: el propio Juan González, principal asesor del presidente Joe Biden para temas de América latina, dijo esta semana que estaban dadas las condiciones para que Argentina pudiera reintegrarse al mercado global de crédito.

Las buenas señales continuaron con la invitación realizada a Alberto Fernández para participar en la cumbre de líderes por la democracia, que organizó el propio Biden.

Pero, sobre todo, lo que Cristina anotó debidamente fue el mensaje que los voceros del FMI habían lanzado hace algunas semanas, en el sentido de que el acuerdo con Argentina no solamente debía cumplir ciertas condicionalidades económicas sino, sobre todo, políticas.

Con lecciones aprendidas tras errores de otros momentos históricos, el directorio del Fondo no quiere arriesgarse a firmar un acuerdo que pueda ser de cumplimiento imposible por generar disturbios sociales. Por eso hubo un reclamo explícito de que el acuerdo se realizara "con un amplio consenso político y social".

Todo el mundo interpretó lo que el FMI quiso decir: lo que le quita el sueño no es la opinión de Diego Santilli, Facundo Manes o María Eugenia Vidal, ni mucho menos las consignas callejeras de los partidos de izquierda que piden no pagar la deuda. Al FMI le preocupa que, cualquiera sea el acuerdo, cuente con el apoyo explícito de Cristina Kirchner, a quien reconoce como la dirigente con fuerza política suficiente como para poder sabotear un programa económico. Cristina entendió el mensaje del Fondo y por eso publicó su respuesta en la célebre carta en la que recuerda que quien "tiene la lapicera" es Alberto y no ella.

La vicepresidente dio primero señales tranquilizadoras: recordó que su fallecido esposo Néstor Kirchner nunca había dejado de pagarle al FMI y que, cuando tuvo los recursos suficientes, saldó de una vez toda la deuda pendiente.

Y tuvo una frase sugestiva: dirigiéndose a Alberto Fernández, dijo "Presidente, yo sé que tenemos muchas dificultades, pero siempre digo que ante las grandes diversidades, grandes acciones. Digámosle al Fondo que nos ayude".

Hizo el clásico recordatorio de que, violentado algunas de sus propias reglas internas, el FMI había dado una ayuda no convencional a Mauricio Macri con el objetivo de ayudarlo en la contienda electoral de 2019. Por eso, la alusión a que los gobiernos populares siempre regresan, tuvo cierto tono de advertencia para el FMI, en el sentido de que después de la experiencia frustrada de aliarse con Macri, debía intentar un entendimiento en los términos que le pidiera el peronismo.

Sabiendo que cada palabra suya es objeto de análisis político por el organismo financiero y por los gerentes de los fondos de inversión, Cristina aprovechó para exponer sus condiciones.

Algunas ya eran conocidas, como por ejemplo que la exigencia de reducción del déficit fiscal no sea en detrimento del crecimiento económico, la asistencia social ni de la inversión en infraestructura. Y, sobre todo, que no haya medidas de tipo recesivo, como las que caracterizaron al acuerdo que habían firmado los funcionarios de la gestión macrista.

Pero hubo otras novedosas, como por ejemplo, que el Fondo Monetario se asocie con el Gobierno argentino en el combate a la fuga de divisas.

"Se habla mucho de la famosa restricción externa. De que a la Argentina le faltan dólares. No, a la Argentina no le faltan dólares: se los llevaron afuera. Necesitamos que el Fondo nos ayude a recuperar de los paraísos fiscales donde se fueron miles de millones de dólares en evasión, para que le paguemos", fue una de sus frases más comentadas.

La solución a la economía bimonetaria

De esa manera, Cristina volvió a dejar su diagnóstico respecto de cuál es, a su parecer, el gran talón de Aquiles de la economía argentina: la naturaleza bimonetaria. Como ya había hecho durante su presidencia, y aprovechando la presencia de Lula en el estrado, estableció una comparación entre Argentina y Brasil. Recordó que los comerciantes brasileños rechazan los dólares de los turistas y que el mercado inmobiliario se maneja en reales, a diferencia de lo que ocurre aquí, donde la moneda estadounidense es la que manda.

Y confesó que es "un sueño", dentro de su visión política, que llegue el momento en que desaparezca esa demanda de dólares para las transacciones comerciales y para el ahorro.

Todo una definición, que no solamente implica una nueva confirmación sobre la imposibilidad de eliminar ni flexibilizar el cepo, sino que pone una nota de duda sobre si la vocación restrictiva del Gobierno podrá avanzar sobre los ahorristas en moneda extranjera.

La gran novedad en el planteo de Cristina es que, esta vez, busca que el propio FMI comparta el diagnóstico sobre la inconveniencia de la economía bimonetaria y que, además, aceptara que las dificultades de Argentina para pagar sus compromisos externos son culpa de quienes sacaron los dólares del sistema financiero y los llevaron fuera del país.

La vice no se refirió expresamente a situaciones delictivas, ni a lavado de dinero. El solo hecho de que los dólares estén fuera de fronteras constituye, en la visión de Cristina, un problema que el país tiene que resolver con ayuda internacional.

Pocas semanas atrás, el titular del Banco Central, Miguel Pesce, le había puestos números a esa situación, al calcular en u$s100.000 millones el ahorro "bajo el colchón" en dinero físico, lo que convierte a Argentina en uno de los países con más circulación de billetes verdes. Y agregó que, si se suman las cuentas bancarias e inversiones fuera de fronteras, el ahorro dolarizado de los argentinos llega a u$s400.000 millones. Esto es, diez veces las reservas brutas del Banco Central.

Es por eso que el mensaje de Cristina en el sentido de que "no es cierto que a Argentina le faltan dólares" adquiere una relevancia especial. La líder del kirchnerismo dejó en claro que ese punto debe ser prioritario en la agenda nacional, y que un acuerdo con el FMI debe tener, como punto de partida, un reconocimiento de esa realidad.

Como suele ocurrir cada vez que Cristina comparte palco con Alberto Fernández, el Presidente se siente en la obligación de comentar sobre el discurso de su vice y responder las alusiones. Fue por eso que dejó en claro que no se apuraría a firmar cualquier acuerdo hasta que no estuvieran garantizadas las condiciones que aseguraran el crecimiento económico.

"Cristina, no tengas miedo, que si el Fondo Monetario me suelta la mano voy a estar agarrado de cada uno de ustedes, de cada argentino y de cada argentina", fue su sugestiva frase. También el Presidente sabía que su discurso sería analizado por el FMI, y dio un mensaje claro: él tampoco está dispuesto a correr el riesgo político de firmar un acuerdo sin tener la certeza de que su vicepresidente lo apoyará.

* Para www.iprofesional.com

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