La isla que podría convertirse en un nuevo país

INTERNACIONALES 12 de diciembre de 2021 Por Marc BASSETS
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Nueva Caledonia no se separará de Francia. Por lo menos en lo inmediato. Previsiblemente, el no a la independencia triunfará en el referéndum de este domingo en el archipiélago francés de 270.000 habitantes en el Océano Pacífico. El motivo es que los partidarios del sí han llamado a no participar alegando que la pandemia de covid-19 ha impedido una campaña y una una votación en condiciones.

El referéndum es el tercero que se celebra desde 2018 y es el resultado de los acuerdos de Matignon que en 1988 pusieron fin a un periodo de casi guerra civil. Debía ser el voto definitivo: el que decidiese por fin si Nueva Caledonia, colonizada por Francia en 1853 e inscrita desde 1986 en la lista de la ONU de territorios no autónomos pendientes de descolonizar, seguía siendo parte de la República francesa o se convertía en un estado plenamente soberano.

 
La abstención masiva y la ausencia en las urnas de una de las partes amenaza con abrir un debate sobre la validez del resultado y dejar abierto el contencioso. Los independentistas querrán tener la posibilidad de votar de nuevo por la independencia algún día; los lealistas –partidarios de una Nueva Caledonia francesa– considerarán que este referéndum, en caso de confirmarse la victoria del no, zanja el debate y que es la ahora definir el futuro estatuto del archipiélago dentro de Francia.

El referéndum se ha desarrollado en un ambiente político local anómalo, por la pandemia y el llamamiento de una de las partes a no participar, y en un contexto en Francia marcado por las elecciones presidenciales de abril y la posibilidad de que un cambio de presidente redefina las prioridades. A esto se añade un contexto internacional en el Indopacífico en el que China acrecienta su influencia: Nueva Caledonia, con sus reservas de níquel y cobalto, es una objetivo codiciado, según París, y la independencia, según esta visión, beneficiaría a los intereses de Pekín.

La pregunta es la misma que en los referéndums anteriores: “¿Quiere usted que Nueva Caledonia acceda a la pena soberanía y se vuelva independiente?”

Los independentistas del Frente de Liberación Nacional Kanak y Socialista (FLNKS) llamaron en octubre a no participar y a aplazar la cita. Un argumento era que la covid-19, que irrumpió en septiembre de Nueva Caledonia, ha impedido que se desarrolle una campaña en condiciones de equidad. Otro argumento de los independentistas es que Francia, comprometida desde los acuerdos de Matignon con la descolonización de Nueva Caledonia, ha abandonado la neutralidad en el proceso.

En 2018, el no obtuvo un 57%; el sí un 43%. En 2020, el no un 53% y el sí un 47%. La participación fue del 80% y el 85%, respectivamente. Un 41% de la población es kanak (población originaria del archipiélago) y un 24% de europeos o caldoches. El resto procede de otros territorios o comunidades.

Los independentistas tenían el viento a favor. Podría parecer ilógico, vista esta tendencia, el rechazo a participar. Las cosas han cambiado. No solo por la pandemia. La crisis sanitaria ha demostrado las ventajas de pertenecer a Francia.

“Desde que la covid entró en Nueva Caledonia, Francia ha estado hiperpresente a nuestro lado”, dice por teléfono, desde el archipiélago, Philippe Gomès, diputado centrista por Nueva Caledonia en Asamblea Nacional francesa. Gomès habla de la ayuda institucional, económica y sanitaria.

Sobre la situación en la que Nueva Caledonia quedará tras el resultado de un referéndum con baja participación y la posibilidad de que esto deslegitime el resultado, Gomès considera: “No creará un problema jurídico. En derecho, no se puede exigir un nivel de participación para que el referéndum sea válido. Así que la cuestión es política. Y, políticamente, el hecho de que los independentistas no participen, ¿afecta al resultado? Nosotros creemos que el resultado será legítimo”. Y señala, entre otras razones, que fueron los independentistas quienes inicialmente pidieron el referéndum, y que es el tercero en el que sale el mismo resultado.

Un resultado reconocido solo por una de las partes “se parece a un callejón sin salida”, admite el diputado, “pero nadie irá hasta el fondo del callejón porque todo el mundo sabe que ahí hay un muro”. En su opinión, después de un tiempo de “digestión” y pasadas las presidenciales en Francia deberá abrirse una nueva negociación en vistas a un nuevo estatuto jurídico de Nueva Caledonia.

Con el Brexit, Francia es el único país de la Unión Europea con presencia en el Pacífico. El conflicto reciente por el llamado acuerdo Aukus entre EE UU, Australia y Reino Unido provocó una reacción airada de París porque implicaba la pérdida de un cuantioso contrato de venta de submarinos franceses a Australia. Pero también porque cuestionaba el peso de Francia en una región que se ha convertido en el tablero principal de la disputa geopolítica entre EE UU y China.

Un informe del Instituto de investigaciones estratégicas de la Escuela Militar, dependiente del Ministerio francés de los Ejércitos, señala que “una Nueva Caledonia independiente se encontraría, de hecho, bajo influencia china”. El informe, publicado en octubre, sostiene que Nueva Caledonia se convertiría para Pekín en una pieza clave para “aislar a Australia”. “Además”, añade, “garantizaría a China el suministro de materias primas, especialmente el níquel”.

Fuente: El País

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