Luis Secco: “No se puede frenar la inflación ni la cotización del dólar sin programa y sin convicciones”

ECONOMÍA Por Daniel Sticco*
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El Fondo Monetario lo hizo otra vez. Así como cuando el 25 de marzo último anunció la aprobación del acuerdo de reperfilamiento de los vencimientos del crédito que le otorgó a la Argentina durante el gobierno de Cambiemos por la mañana, y por la tarde alertó por los “riesgos excepcionalmente altos de desvíos”, el martes 19 de abril, en el contexto de la Asamblea Anual de Primavera, el organismo presentó el WEO (Perspectivas de la Economía Mundial) en el que previó para el país para el corriente año un aumento del 4% del PBI y una tasa de inflación de 51,7% -tres puntos porcentuales más que en 2021-, al día siguiente, la directora gerente, Kristalina Georgieva, al referirse a la Argentina alertó: “El gran riesgo es la inflación”, porque sabe que los economistas locales ya estiman que se ubicará en el rango de 60% a 70 por ciento.

Claramente, esa no es la única fragilidad que muestra la macroeconomía nacional, sino que se asocia al primer incumplimiento del acuerdo, al no presentar el ministro de Economía las nuevas pautas del Presupuesto 2022 antes del 15 de abril, así como la incapacidad del Banco Central para acumular reservas en plena etapa estacional de liquidación de divisas por parte de los exportadores de cosecha gruesa y excepcional ciclo de alza de los precios internacionales; y el récord de la deuda pública registrado en marzo, entre otros indicadores que no dan señales de mejora.

Frente a ese escenario, Infobae entrevistó a Luis Secco, director de [email protected] Económicas, porque fue uno de los economistas que dijo a este medio ocho meses antes que “no hay ninguna razón para creer que la inflación pueda ser controlada por el Gobierno”, para de su mirada del escenario actual.

_ Cuando lo entrevisté hace exactamente seis meses me dijo: “No hay ninguna razón para creer que la inflación pueda ser controlada por el Gobierno” A la luz de los acontecimientos desde entonces ¿Hay alguna razón para creer que no se está en camino hacia la hiperinflación?

_ En la medida que el Gobierno se empecine con políticas que en el pasado han sido y, los datos demuestran, que siguen siendo totalmente inefectivas, el riesgo es alto. No se puede frenar la inflación ni la cotización del dólar sin un programa y sin convicciones. Además, tengamos presente que mayoría de los fogonazos inflacionarios/devaluatorios de nuestra historia tuvieron como protagonista principal a una presidencia débil (Isabel Perón, Raúl Alfonsín, Fernando de la Rúa) incapaz de llevar adelante medidas antipáticas de control fiscal y monetario. Hoy como entonces, las diferencias internas de la coalición de Gobierno generan una situación política que colabora a que las expectativas y las dinámicas inflacionarias se aceleren.

Por el momento la demanda de pesos no muestra señales de que estemos en el camino de ida hacia una hiper. Pero ya sabemos que sin un programa antiinflacionario serio y con dudas sobre la gobernabilidad, cualquier noticia o evento negativo (político o económico) puede servir de gatillo para que la inflación se desmadre irremediablemente.

_ La definición técnica que me dio la comparto, pero ¿No es estar en hiperinflación registrar una tasa de inflación que se mueve ya a ritmo de 3 dígitos al año, o que la tasa mensual de la inflación núcleo supera en más de 20 veces a la que se observa en la mayor parte del resto del mundo?

_ Sí claro, son niveles elevadísimos de inflación; pero en general se acepta, a partir de un trabajo de Phillip Cagan, que hay hiperinflación cuando la tasa de inflación supera el 50% mensual. Pero se trata de un estudio de 1955 que tomó en cuenta las híper de las post-guerras mundiales. En el otro extremo, actualmente las normas internacionales de contabilidad toman un 100% de inflación en tres años como umbral para hablar de economías hiperinflacionarias. También nuestra historia influye a la hora de juzgar si estamos o no en hiperinflación. A los que vivimos el Rodrigazo o la Hiper de Alfonsín nos cuesta ver una inflación del 85% anual (que es lo que obtenemos si anualizamos el primer trimestre 2022) como una hiperinflación. Recordemos, por ejemplo, que en el peor momento de 1989 la inflación era de tres dígitos mensuales!

_ ¿Cuánto contribuye a sostener una inflación alta de carácter estructural, como mostró Infobae en un gráfico el domingo anterior, a que destacados economistas de la City digan que “la inflación alta le favorece al Gobierno, porque puede licuar el gasto público”?

_ Eso es verdad si el gasto público se contiene por debajo de la tasa de inflación. Pero no ha sido ese el caso, no al menos desde la segunda mitad del año pasado. El gasto público, depurado de componentes relacionados con la pandemia de Covid-19, ha venido creciendo a una tasa promedio del 70% anual. Por ejemplo en marzo, el gasto primario del sector público nacional creció nada menos que un 84,9% sin corregir y 89,6% corregido por los componentes relacionados con la pandemia de Covid-19. Así que en los últimos meses no se produjo tal licuación del gasto. No al menos del total.

Es posible que algunos componentes sí hayan experimentado una caída en términos reales, tal como lo indican, por ejemplo, las crecientes presiones de algunos sectores sociales que reclaman una actualización y o incremento de los planes sociales que reciben. Pero es imposible frenar la inflación con este comportamiento del gasto (que es la variable nominal sobre la que se supone que más control tienen las autoridades económicas).

_ ¿Los bonos que anunció el Gobierno para jubilados, trabajadores informales, monotributistas de las escalas más bajas y empleados en hogares, qué efecto estima tendrán sobre el consumo y la inflación?

_ Como es costumbre de este Gobierno, los anuncios fueron desordenados y poco concretos en materia de números. Lo más importante es que mientras el costo fiscal de los bonos es un hecho cierto (podría ascender a los $200.000 millones) su financiamiento depende de la aprobación parlamentaria del “impuesto a la renta inesperada”. Impuesto que además sería recaudado en 2023 sobre las ganancias inesperadas realizadas en 2022 (como consecuencia de la guerra, diría el Presidente).

Dicho esto, los bonos de emergencia pueden ayudar a moderar el efecto de la inflación sobre los ingresos reales de los beneficiarios en los meses que lo recibirán, pero no resuelven el deterioro que se ha producido en los últimos meses. Y cabe preguntarse si no habrá más bonos en el futuro; porque está claro que el Gobierno le viene corriendo de atrás a la inflación y la distancia lejos de reducirse aumenta mes a mes. Además, si finalmente estamos frente a un nuevo gasto no financiado, no hace más que generar nuevas presiones inflacionarias que impactan más sobre los sectores vulnerables que son los que se pretenden ayudar.

_ Mucho se habla del riesgo de mayor inflación que representa la bola de nieve de las Leliq y Pases del BCRA, porque es emisión contenida a un alto costo, pero poco se menciona al festival de bonos del Tesoro indexados por CER y por la devaluación del peso, pese a que la historia recuerda que esos episodios terminaron muy mal ¿Qué piensa?

_ ¿Se pueden cambiar las expectativas para bajar la inflación sin un cambio de nombres en el gabinete nacional?csted dice, el camino es claro y es el que se ha negado a seguir el Gobierno: equilibrio fiscal, estabilidad nominal y una moneda sana.

_ ¿Se pueden cambiar las expectativas para bajar la inflación sin un cambio de nombres en el gabinete nacional?

_ El desafío va más allá de algunos nombres. La política de los nombres no alcanza. Ya quedó claro cuando se hizo cargo Juan Manzur de la Jefatura de Gabinete. La clave son las políticas. Se puede intentar un relanzamiento del Gobierno con algunos nombres nuevos, pero si las políticas siguen siendo las mismas, no hay forma de bajar la inflación de manera sustentable. Puede haber meses con inflación menor que la de marzo por delante, pero eso no será sinónimo de un cambio de tendencia. Me gustaría ser muy claro en este sentido. No hay viabilidad política sin viabilidad económica. Se puede construir gobernabilidad y darle al Presidente algún renovado margen de poder, pero si no se los usa para resolver los problemas económicos esa gobernabilidad y ese poder serán efímeros.

_ Después de poco más de 2 años de gobierno, el ministro Martín Guzmán logró el respaldo del FMI, pero no sólo el acuerdo nació muerto porque el Fondo alertó desde el primer día del “riesgo excepcionalmente alto de desvíos”, sino que en menos de un mes se incumplió con el compromiso de presentar un nuevo Presupuesto 2022 ¿Qué efectos cabe esperar?

_ Un primer efecto ya lo tuvimos. El acuerdo con el FMI no logró cambiar las expectativas de la mayoría de los argentinos. En términos de expectativas de inflación su efecto fue nulo. A tal punto que el Presidente anunció una guerra contra la inflación por fuera del acuerdo, cuando éste debió ser la pieza central de la política anti-inflacionaria del Gobierno. Lo que vamos a ver seguramente, a partir del próximo trimestre, son algunas modificaciones en las metas (que el FMI seguramente aceptará). Lo que es toda una incógnita es qué piensa hacer el ministro con el Presupuesto. No sabremos si habrá o no uno nuevo. Y si el mismo incorporará todos los cambios que ya hemos tenido respecto de lo acordado con el FMI (por ejemplo, los nuevos bonos anunciados a principios de esta semana).

_ ¿En cuánto cree que repercutirá el escenario político actual sobre la economía real, esto es sobre el PBI, el empleo, los salarios y la pobreza?

_ Es cada vez más difícil crecer y generar empleo con una situación política como la actual. La Argentina necesita un cambio de régimen económico integral, el cual es una utopía con la actual coalición de Gobierno y sus desavenencias internas. Por lo que el escenario más probable es el de una tasa de crecimiento amarreta, con una generación de empleo reducida y de baja calidad (con salarios que en muchos casos no superan la línea de pobreza). Si no se baja sustancialmente la inflación y si no se recupera la inversión, no puede haber una recomposición perdurable de los ingresos reales de la mayoría de los argentinos y, por lo tanto, es casi imposible que se pueda reducir la pobreza sustancial y sustentablemente. Diría, todo lo contrario.

_ ¿Qué opina de las nuevas estimaciones del FMI para la Argentina?

_ El Fondo revisó todas sus estimaciones tal como lo hace normalmente en abril de cada año. En la mayoría de los casos, la revisión fue hacia abajo. Lo que llevó a que la tasa de crecimiento del mundo, de los desarrollados y del mundo emergente se corrigieran todas para abajo respecto de lo que había estimado en enero de este año (-0.8, -0.6 y -1,0%, respectivamente). En el caso de la Argentina, la corrección fue en sentido contrario. Ya en enero había aumentado de 2,5% a 3% y ahora pasó al 4%. Pero atención, se trata de un ajuste lógico en tanto y en cuanto con la información de cómo cerró 2021, que ahora está disponible, el arrastre estadístico que dejó el año pasado fue del 3%. O sea que el 75% del crecimiento del PBI que espera el FMI para este año se explica por dicho arrastre estadístico.

_ ¿Cómo ve el rol de la oposición?

_ Creo que la oposición debería esforzarse un poco más por ser vista como parte de la solución y no como parte del problema. Claro que, para ello, tiene que estar dispuesta a tratar y proponer soluciones a cuestiones que a veces resultan algo antipáticas. Pero creo que lo debería hacer aún a costa de poner en riesgo el apoyo de alguno de sus votantes. Obvio que no toda la oposición cae en la misma bolsa. Por ejemplo, Ricardo López Murphy, viene haciendo docencia desde hace mucho tiempo, habla sin tapujos de temas delicados y no propone soluciones mágicas ni demagógicas. Me gustaría ver muchos más ejemplos en la misma dirección.

El ABC de la política

_ Hay muchos votantes que se manifiestan a través de redes sociales pidiendo una actitud más activa en la presentación de propuestas para estabilizar la economía y fortalecer la institucionalidad ¿Qué les diría?

_ Alexis de Tocqueville sostenía que “no hay momento más riesgoso de un mal gobierno que cuando empieza a hacer cosas”. Así que más allá de que ideológicamente no creo que este gobierno acepte llevar adelante iniciativas de política económica más racionales, se corre el riesgo de que buenas ideas resulten pobremente anunciadas y ejecutadas. Sobre todo si se toman aisladamente o a las perdigonadas. Como le dije antes, la Argentina necesita un programa de reforma económica integral y no sólo algunas medidas aisladas. Además, no hay peor iniciativa o programa económico que las que se anuncian sin convicciones (porque no queda otra). Tal vez lo mejor que puede hacer la oposición es intentar que no se cometan más errores que agraven los desequilibrios macro, introducir algunos cambios en la próxima Ley de Presupuesto e instalar y hacer docencia sobre algunos temas antipáticos que habrá que abordar inexorablemente a partir de 2023.

_ El IERAL de Fundación Mediterránea decidió fortalecer sus equipos técnicos para elaborar un plan económico para poner a disposición del próximo gobierno ¿Hoy los economistas profesionales de las diversas consultoras de la City no saben lo que hay que hacer desde el primer día para estabilizar la economía e ingresar en un sendero de crecimiento sustentable?

_ Yo veo cierto consenso sobre lo que habría que hacer para estabilizar la economía y volver a crecer. Creo que hay cautela sobre las recomendaciones específicas de política económica para 2023 porque mucho de lo que habrá que hacer y se podrá hacer dependerá de las condiciones macro que existan hacia diciembre de ese año. Para lo cual falta una eternidad en términos de las dinámicas macro desequilibradas que hoy tenemos.

Tan importante como tener un plan es contar con un equipo, y un equipo no se arma de un día para otro. Es el resultado del trabajo previo y del debate previo y, en ese sentido, me parece muy importante lo que están haciendo los dos o tres equipos que están trabajando pensando en qué hacer con la economía argentina en un próximo gobierno.

_ ¿Ve necesario e irreversible un cambio de régimen monetario, como paso previo o simultáneo al impulso de reformas estructurales con respaldo legislativo en los frentes tributario, laboral, cambiario, apertura de la economía y reforma del Estado, incluyendo el régimen de coparticipación y giros discrecionales a las provincias?

_ Un programa de cambio de régimen económico requiere abordar todos esos frentes. Pero no hay atajos. No hay ningún régimen monetario/cambiario que por sí solo pueda estabilizar la economía. El equilibrio fiscal es una condición necesaria irrenunciable para poder tener una moneda sana y un régimen cambiario sustentable; en otras palabras, erradicar la dominancia fiscal sobre la política monetaria es imprescindible. No se ha inventado ningún sistema que resulte invulnerable a la irresponsabilidad fiscal de los gobiernos. Y eso es mucho más notorio en la Argentina dada la forma en la que se abandonó un régimen monetario bastante extremo como el de la Convertibilidad. Recordemos que, en sus momentos finales, convivían en la Argentina el peso y otras once cuasi-monedas cuyo fin último era financiar déficits fiscales infinanciables.

_ Un giro de esa naturaleza ¿Qué costo inicial tendría para los sectores más vulnerables de la sociedad, trabajadores y empresas?

_ Los costos de no hacer lo que hay que hacer se hacen cada día más evidentes y más gravosos. No está de más repetir, una vez más, que no hay política social capaz de compensar las consecuencias de malas políticas económicas. Seguir haciendo lo mismo y no darnos la posibilidad de probar con algo diametralmente distinto sería un nuevo error que terminarán pagando nuevamente esos sectores más vulnerables de la sociedad.

_ ¿Una reflexión final?

_ Me encantaría, y seguro que estará de acuerdo conmigo, que alguna vez podamos hablar sobre otros problemas y otros desafíos en una Argentina estable y en crecimiento. Lamentablemente me temo que no será en ninguna de las próximas entrevistas.

* Para www.infobae.com

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