Relaciones peligrosas

OPINIÓN 30 de abril de 2022 Por Mónica Gutiérrez*
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“La hechicera no está de acuerdo”, suele responder Mauricio Macri a quién le pregunta si en el 2023 irá por la Presidencia. No se trata de ninguna de las brujas, pitonisas ni coach ontológicas a las que suele recurrir cuando busca re encauzar sus ideas y emociones.

La hechicera es Juliana Awada, su legítima esposa y glamorosa ex primera dama. No es solo un comentario para salir del paso.

Para desentrañar lo que tiene en la cabeza Mauricio Macri hay que recorrer el camino de sus percepciones y emociones, mucho más allá de la lógica política.

“Yo trabajo duro para que no me pase el poder por encima”, se lo escuchó decir antes, durante y después de su pública y encendida reaparición de los últimos días.

Mauricio Macri asegura no tener aún una decisión tomada. No todos le creen. Por el momento, no obstante, se lo ve cómodo y relajado en este rol de referente, de elector, de ex Presidente que va y viene por el mundo. Se autopercibe empoderado.

“Yo nací con poder”, es una frase recurrente con la que suele definirse.

Los que acceden a su intimidad, los que lo conocen bien, aseguran que no tiene decisión tomada. Lo está pensando. Tiene un fuerte debate interior en el que pesan mucho sus deseos y pulsiones más personales. Le gusta el poder pero también la libertad y pondera su calidad de vida.

“Ya lo viví… sé lo extraordinariamente difícil y complejo que es estar ahí”, dice cuando le preguntan si le gustaría volver a Olivos.

“Tengo que sentirlo”, murmura mientras se toca, respirando profundo, la parte alta del tórax. “Por el momento no está ocurriendo”, confía a sus allegados. Puede que, sobre la fecha electoral, las encuestas le ayuden a decidir.

Por fuera del factor estrictamente personal y humano. Mauricio Macri expresa su preocupación por el estado en el que el Gobierno que asuma en 2023 recibirá el país. Sabe que las cosas se pondrán muy difíciles y él ya no goza de la inconsciencia con la que arribó a lo más alto del poder al hacerse cargo de la Presidencia. Los años no vienen solos.

“Yo dejé un edificio de cinco pisos, después de prometer una torre, y ahora en caso de volver, tendría que arrancar de un séptimo subsuelo”, repite a modo de letanía. Hace autocrítica pero también reivindica aspectos de su gestión.

Por el momento se manifiesta concentrado en dos objetivos: sostener la unidad de la Juntos por el Cambio y empezar a dar cuerpo y volumen al “para qué”.

El desaguisado que explotó esta semana al interior de la coalición opositora complica severamente el alcance de esos desafíos y amenaza desalojarlo de esa precaria zona de confort.

El efecto Milei comenzó a producir daños muy difíciles de revertir y Macri aparece en esta escena como parte del problema más que de la solución. Demasiados errores no forzados.

Los coqueteos no tan sutiles con los que el ex Presidente y el disruptivo libertario calentaron mutuamente las pantallas precipitaron la explosión de las tensiones y diferencias que combustionan en la principal fuerza de la oposición.

Tan mediático como provocador, Javier Milei sacó provecho de los amorosos escarceos con los halcones de la oposición, para solazarse metiendo cizaña entre los cambiemitas.

No tuvo contemplaciones con los referentes de la moderación a los que calificó de ser “tibias palomitas” responsables del fracaso. La tensión llegó a un punto insoportable.

El martes Elisa Carrió salió con los tapones de punta. Dijo que no le caben dudas de que Mauricio Macri presentará su candidatura a la Presidencia pero que ella aún “no sabe si lo votaría… Tiene demasiadas coincidencias con Javier Milei” a quién Lilita define como un “inestable”.

La devolución de atenciones no se hizo esperar. “Es parte de la casta, alguien que nunca laburó, tiene el CUIL invicto”, le replicó el inefable libertario.

Preocupados por el impacto que el arrastre de votos que el economista puede ocasionar en la oposición salieron a cortarle el paso de manera tan burda y atropellada que no sólo pusieron en riesgo la unidad sino que le sumaron puntos de rating al diputado de Libertad Avanza.

“Hay actores de la vida política que buscan el quiebre de Juntos por el Cambio, entre ellos Javier Milei, que no forma parte e intenta quebrar nuestra unidad siendo funcional al oficialismo”.

No se sabe con certeza quién puso el nombre de Milei sobre la mesa pero Mauricio Macri acompañó hasta ahí sin oponerse de manera rotunda. “Él ya ha dicho que no quiere estar…cuando dos no quieren las cosas no salen”. ¿Por qué le vamos a cerrar la puerta a alguien que no quiere estar con nosotros? Esa fue su posición pero firmó.

El curioso comunicado con el que salieron a trabarle la puerta de entrada a Milei implosionó en cuestión de horas cuando la mismísima Patricia Bullrich salió a patear el tablero.

La presidente del PRO se desmarcó de la nota que ella contribuyó a redactar calificando la decisión de nombrar a Milei como “un error total y una metodología poco transparente”. Dejó en claro que la movida podría complicar acercamientos ya acordados en varias provincias y dió a entender que se lo necesita para construir mayorías parlamentarias.

El estropicio no tardó en generar nefastas repercusiones.

Milei trató de fascistas y fracasados a los firmantes del documento. Elisa Carrió no se hizo esperar. “Muchos con igual discurso generaron terribles dictaduras en Europa…tengo miedo al huevo de la serpiente”, se despachó.

Si Patricia Bullrich actuó por cuenta propia o también expresó a Mauricio Macri no queda del todo claro. Macri reaccionó más tarde que temprano enojado contra todos los suyos en general y probablemente contra sí mismo en particular. Solo después de trascender el revoleo de quien fuera su Ministro de Seguridad trascendió su creciente fastidio con el embrollo que se armó.

El ex Presidente había partido sin emitir palabra hacia el Sur para compartir un encuentro con el “círculo rojo, rojísimo” convocado en torno al Foro LLao Llao. Un meeting a puertas cerradas que reúne a los más poderosos empresarios del país.

En la misma jornada los hombres de negocios escucharon a puertas cerradas a Mauricio Macri, a Horacio Rodríguez Larreta y a Javier Milei. Eso sí, todos por separado y esquivando la foto.

Puede que el escándalo en torno a la situación de Milei haya amortiguado los ruidos que rodearon la revelación periodística de un supuesto pacto entre el Presidente del radicalismo Gerardo Morales y el Presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, para destrabar la designación de los representantes parlamentarios para el Consejo de la magistratura.

Morales denunció una opereta en su contra, mientras miraba fijo a Mauricio Macri. El ingeniero le respondió con ironía “eso te pasa por ser amigo de Masa…no te enredes”

El asunto quedó ahí. El gobernador de Jujuy dijo que se trató de una fake news pensada para perjudicarlo y los integrantes de la mesa dicen haber hecho lugar a su versión. Ahora pocos creen que efectivamente se le haya creído. El daño está hecho.

Empeñado en mantener la unidad de la coalición opositora Macri enfrenta algunas dificultades. Necesita encontrar una narrativa poderosa que unifique los argumentos con los cuales convencer a los votantes. Una misión complicadísima, Milei introduce un ruido insoslayable.

Horacio Rodríguez Larreta está decidido a presentarse en 2023. De ahí no lo baja nadie aseguran en los círculos larretistas. Macri lo acompañó este miércoles en una reunión de gabinete. “La Ciudad está en buenas manos”, dijo al salir. Una cosa es la Ciudad y otra el país.

El ingeniero tiene en alta estima al Jefe de Gobierno de la Ciudad. En la mesa chica de Macri se dice que tiene probada capacidad de gestión pero que no expresa el proyecto de cambio con suficiente convicción y vehemencia. Sostienen que está en la recta final pero no que con lo que lo trajo hasta aquí no le alcanza.

“Con Larreta no voy ni a la esquina”, le dedicó el controvertido economista, profeta de la libertad. De paso, cañazo.

El caso de Patricia Bullrich es distinto. Ella sí representa de manera recargada la idea del cambio tal cual parece entenderla Mauricio Macri. No tiene capacidad de gestión probada pero le pone el cuerpo a las balas.

Por el momento ni Horacio Rodríguez Larreta ni Patricia Bullrich estarían, no obstante, completando las expectativas macristas en orden a ceder el paso para el anunciado “segundo tiempo”.

Macri cree que para lanzarse a la Presidencia se necesita el respaldo y el firme convencimiento de ir adelante con un severo ajuste de la economía. Lo que significa en la hoja de ruta macrista terminar de cuajo con los subsidios, congelamiento de tarifas, leyes especiales y otros privilegios que distorsionan la macro. Todos parecen estar de acuerdo con el déficit 0, pero a la hora del “caso por caso”, de listar y tachar, empiezan las diferencias. Y en estos asuntos parece estar más cerca del controvertido Milei que de muchos de los propios.

Mientras todos estos cimbronazos sacuden a la coalición opositora, en el oficialismo la fractura interior suma dramatismo.

Martín Guzmán resiste. Sobre el final de una semana pavorosa, en la que enfrentó un virtual pelotón de fusilamiento, el Ministro de Economía permanece de pie.

La ofensiva kirchnerista encarnada por Andrés “el Cuervo” Larroque, hombre fuerte de La Cámpora, fue implacable y expuso con absoluta crudeza las irreconciliables diferencias.

“No puede pasar que el jefe de la coalición sea el Ministro de Economía. Es bastante extraño. La coalición no puede ser rehén de alguien que objetivamente no tiene representatividad”, dijo Larroque.

“A Guzmán no lo votó nadie… la unidad no puede ser una trampa, una emboscada al sector que representa Cristina”. “Hay gente que vino sin nada y quiere imponer todo a todos”, fueron algunas de las definiciones que bajó el Jefe de la Cámpora en un tiro por elevación al Presidente de la Nación.

La embestida contra el Ministro de Economía fue demoledora y dejó en claro que no se trata solo de un cambio de nombres sino de un abierto cuestionamiento al rumbo económico y los compromisos contraídos con el FMI.

Una diferencia de fondo está anclada en el tema de la distribución o al menos así acordaron expresarla. “El Ministro no distribuyó nada”, le descerrajó la Senadora cristinista Juliana Di Tullio.

Sin perder el tono zen que lo caracteriza, Guzmán dedicó la semana a un verdadero raid con empresarios.

“Mi función es dedicarme cien por ciento a la gestión y no inmiscuirme en disputas de poder”. Las declaraciones hechas por Guzmán en un foro organizado por el Diario de Río Negro son kerosene sobre el fuego en la interna del oficialismo

El Ministro admitió que no hay margen alguno para modificar las metas del acuerdo con el FMI. “No alcanza con distribuir, necesitamos crecer y agregar valor”

“La credibilidad de un programa es fundamental” dijo. Algo que está siendo saboteado a diario desde adentro mismo del oficialismo.

El viernes lo encontró cerrando en el emblemático Hotel Llao Llao en encuentro que nuclea una vez al año a los empresarios más poderosos de la Argentina. Defendió el proyecto de impuesto sobre la “renta inesperada” y los llamó a construir colectivamente.

“Tenemos que construir colectivamente una sociedad que sea más justa, que tenga una distribución donde el crecimiento se comparta al mismo tiempo en el que se alienta a la inversión”.

Es poco probable que esta apelación, que puede interpretarse como un guiño hacia quienes lo hostigan desde el kirchnerismo, contribuya a aliviar su situación en el frente interno. Lo suyo es ya cosa juzgada.

* Para www.infobae.com

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