Peleas miserables en un país en crisis

OPINIÓN Por Cristina Pérez*
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La política es dinámica. Como la vida misma. No es una foto que se pueda congelar sino una película. Y el guionista de la película, suele ser bastante irónico. Si uno mira los dos espacios políticos mayoritarios de Argentina, puede decir de ambos, por distintos motivos, que cuando creían tener todas las respuestas la sociedad les cambió las preguntas. Hoy la crisis de unidad en el Frente de Todos tiene un espejo de las mismas proporciones, pero por distintos motivos en Juntos por el Cambio. Los primeros, que eran todos, cada vez son menos, y los segundos, que estaban juntos parecen más bien amontonados.

En el espacio oficialista, las divisiones internas surgieron sin prisa y sin pausa desde que volvieron al poder, de cara a dos cuestiones fundamentales. Para Cristina nunca hubo una relación de equivalencias, ella siempre se consideró la jefa del espacio y la jefa del Presidente. Qué es esto de que quien llamaron “okupa” busque autonomía. Entonces le disputó el poder desde el día uno, ocupando espacios, tomando decisiones o bloqueando decisiones. Hoy son virtualmente un gobierno que no gobierna y está bloqueado. Al mismo tiempo, transitan el tercer año de mandato en medio de una guerra total por el manejo de la caja que se evidencia en la presión por echar al ministro de economía. Ya no son segundas líneas las que lo atacan, sino que la embestida es frontal y la expresa el hijo de la vicepresidenta. El otro punto en que la coalición gobernante encontró un límite desde el primer momento es precisamente en ser un populismo sin plata, en llegar al poder sin recursos abundantes para repartir o extraer que es lo único que entienden como gobernar. Y ahora, más cerca de la salida del poder, más lucha encarnizada por las últimas monedas.

Del otro lado del río, Juntos por el Cambio, que como consecuencia de la crisis en el kirchnerismo podría volar plácidamente esperando su turno para ser gobierno, parece hacer todo lo contrario, y los pilotos decidieron agarrarse a piñas en la cabina generando turbulencias antes de tiempo que terminan abriendo riesgos sobre la llegada a destino. En el caso de los principales opositores la crisis es inentendible e inédita por varios motivos. Lo que hay que decir, es que son varios los factores que generaron los choques que los pusieron al borde de lo que luce como una peligrosa fractura.

Hasta hace no mucho, una novedosa tensión acaparaba el espacio: Horacio Rodríguez Larreta jugaba como caballo ganador del lado del Pro y el radicalismo decía vivir un renacimiento que le permitía disputar el poder dentro de la coalición y empezaba a pujar por ello. La aparición de nuevas figuras como Facundo Manes, Martín Tetaz o Carolina Losada eran signos de esa nueva energía. Lo que pasaba al mismo tiempo, tenía menos registro en la inercia interna hasta que los vientos de la sociedad dejaron en evidencia un cambio importante. Ya en las elecciones legislativas comenzaba a aflorar una fuerte presencia de sectores de centro derecha y un crecimiento de Patricia Bullrich como figura gravitacional. Luego la buena performance de Javier Milei desde las filas liberales terminó de reconfigurar la noticia ideológica del electorado opositor: se estaban corriendo hacia la centro-derecha. Eso cambió la tensión interna evidenciada en la ampliación del espacio al incluir a Republicanos Unidos con López Murphy, pero también con el regreso desde lo que muchos hubieran querido que fuera una jubilación definitiva, de Mauricio Macri. Los que lo habían jubilado, y creían que se iba a dedicar a jugar al bridge, no tienen ahora la estatura para disputar el liderazgo del ex presidente en el partido que él mismo fundó.

Los cambios en las demandas del electorado, son por su parte determinantes en los socios radicales que por un lado de sienten incómodos con la derechización, pero también por la pérdida de poder interno que esto podría implicar de avanzar esta tendencia, lo mismo que se percibe en la Coalición Cívica, donde la propia Elisa Carrió salió a la cancha para dar pelea.

La otra cuestión definitoria y mucho más compleja, tiene que ver con los que dentro de Juntos por el Cambio son funcionales al gobierno nacional. Eso es mucho más delicado. ¿Puede ni más ni menos que el presidente del radicalismo ser quien aparezca en dudas por haber pactado con el gobierno para asegurar una ley que le permitiría impunidad a Cristina? Aunque el comunicado haya pataleado contra los medios hablando de operación, internamente, muchos se preguntan si acaso Gerardo Morales, que coquetea permanentemente con Sergio Massa, no está buscando romper Juntos por el Cambio. Otros dicen que en realidad sólo busca disputar poder de cara a la interna y a la elección de los candidatos para las elecciones que vienen. Una de las piedras de toque, será cómo votan cuando se trate la ley de Consejo de la Magistratura que aprobó Cristina Kirchner en el Senado. Si el radicalismo sale a apoyarla será muy sospechoso.

Las llamadas piedras de toque, eran en la edad media unas piedras de color oscuro compuestas de cuarzo que permitían conocer la pureza de los materiales, especialmente el oro, que ya sabemos no es todo lo que brilla. La idea vale para los dos espacios. La unidad no se declama, se demuestra con acciones. En la tarde de ayer los movimientos sociales que mayormente responden al Presidente porque incluso tienen funcionarios dentro del gobierno reclamaban terminar con las internas. Del otro lado de la trinchera oficialista, el hijo de Cristina redoblaba los embates dejando claro que van por todo. Hasta los rumores sobre una llamada a Roberto Lavagna para proponerle el ministerio de Economía, hablan del nivel de inestabilidad del funcionario que parece el último muro de contención del Presidente. Hace sólo días Martín Guzmán salía a desafiar al kirchnerismo duro y quedó pedaleando en el vacío por un desaire más del propio Alberto Fernández que no se atreve a imponerse frente a sus socios.

En la vereda del frente fue la disputa anticipada por un eventual ingreso de Javier Milei al espacio lo que dejó en evidencia la ansiedad reinante. Sin necesidad para adelantar ese debate, con un comunicado vergonzoso que terminó con la insólita proscripción de quien no pidió entrar, no pudieron ni garantizar cinco minutos de paz. ¿Cómo seguirán adelante? ¿Cómo construirán una oferta creíble si no logran cohesión?

Mucho se ha hablado de la grieta. Si en las últimas dos décadas, la llamada grieta era lo que funcionaba como ordenador de la política argentina como suele plantear el politólogo Andrés Malamud, porque de alguna manera aseguraba que la oferta política se dividiera en dos espacios, hoy, se puede decir que la grieta ya no es el factor de estabilidad que solía ser. En el nuevo mapa predominan ahora las subgrietas internas de cada espacio y de las dificultades de ambos lados para ofrecer un plan de futuro sobre cómo encarar los problemas de fondo del país. Esa deuda, para la que la sociedad ya no admite postergaciones, es la que los pone en aprietos.

Está comprobado que no alcanza con unirse para ganar porque luego hay que gobernar. Pero también está más claro que nunca, que si no se esfuerzan por esa unidad conceptual con ideas claras, los votos propios se fugan. Hoy hay un nuevo campo magnético que los atrae en la figura de Javier Milei que captura a los indignados y a los que demandan cambios de fondo en el estado. Cuidado, porque su crecimiento va abriéndose espacio para ser un jugador que puede llegar al ballotage y que acaba de dejar flotando una duda muy inquietante: ¿está jugando para Cristina?

Si el libertario le dijo los peores insultos imaginables a Horacio Rodríguez Larreta pero no puede afirmar que Cristina Kirchner es corrupta, a pesar de la montaña de causas judiciales y evidencias en su contra ¿dónde está parado en materia de impunidad?

Lo que no hay que olvidar en este riesgoso juego es que mientras algunos son funcionales a otros, Cristina siempre es funcional a ella misma, y los frentes abiertos que estúpidamente deje la oposición, ella más que nadie sabrá aprovecharlos. Y ya se sabe qué piensa de la Republica.

Todo ocurre en un país en crisis que necesita líderes a la altura de los graves problemas que padece y ve en cambio, peleas miserables que se desatan ante sus ojos. Cada cosa que hagan de ahora en más, para dirimir poder, será piedra de toque de la calidad de lo que ofrecen. Ya no hay margen para simulaciones.

* Para www.infobae.com

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