Entre la sarasa y la guitarreada

OPINIÓN 28 de mayo de 2022 Por Mónica Gutiérrez*
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La semana de Mayo pasó con más pena que gloria. Alberto Fernández llamó a regar la planta de la esperanza mientras se va secando la que los suyos depositaron en él.

En la mañana del lunes algunos se comieron la curva. A Roberto Feletti no lo renunció el Presidente. El Secretario de Comercio se fue solito tras recibir una sugerencia que no pudo desoír, la de la jefa de su espacio político. “Salí de ahí, Maravilla”, parece haber sido la directiva.

En cualquier caso él lo venía advirtiendo. “No soy mago… el control de la inflación es responsabilidad del Ministro de Economía”, había declarado. Esta vez pasó del dicho al hecho. Saltó del barco. Se fue, se despegó. Que se arregle Guzmán. Lo que ocurra de aquí en más es responsabilidad de Martín Guzmán. Que Alberto Fernández cargue con este muerto.

Frente al convencimiento de la lideresa K de que el rumbo de la economía nos lleva directo al impactar contra el iceberg parece haberse decidido que los que se encuentran en el área de economía abandonen el puente de mando. Esto no significa que se vayan todos, mucho menos los que controlan cajas.

El paso al costado de Feletti parece inaugurar una nueva fase en la feroz interna que afecta al oficialismo: la del vaciamiento. Los funcionarios K de las áreas en las que se impone tomar decisiones económicas difíciles se van retirando. Como quien juega con Alberto Fernández a la mancha venenosa está en marcha el Operativo Despegue.

No dispuestos a convalidar medidas impopulares, se retiran. No estamos ante una señal de respeto a la decisión presidencial (”el que no esté dispuesto a acompañar, tendrá que irse”). Se trata más bien de una decisión estratégica, dejarlo solo.

Alberto Fernández se manifestó fastidiado por la “obstrucción” al Gobierno. Lo hizo durante su gira europea. “No me preocupa el debate, sino la obstrucción”, dijo ante un periodista español. No estaba hablando de la oposición sino de la interna. Los que obstruyen son los propios.

Que se vayan los que no están dispuestos a acompañar no significa que dejen de obstruir. Guzmán luce empoderado pero no la tiene fácil. Está entre dos fuegos. Tiene que cumplir con las metas que le impuso el FMI pero “con la gente primero”. Complicado.

La anunciada “guerra contra la inflación” no estaría registrando avances.

La consigna presentada al calor de la fanfarria del 25 es precisa #Lagenteprimero encuadra en un concepto irreprochable. “Gobernamos por y para la gente”. En cuanto discurso se escucha, los unos y los otros sostienen que hay que “redistribuir” y que “no hay crecimiento sin inclusión (entiéndase redistribución).

El hashtag de la Rosada remite a una frase que sonó a reproche en otra fecha sacrosanta, la del 24 de marzo. La pronunció Máximo Kirchner. “Con la gente adentro”, dijo.

Está claro que no hay inclusión posible sin antes aplacar el impuesto inflacionario. Tampoco hay mucho para distribuir en tanto y en cuanto no se liberen las fuerzas de la producción.

Mientras Martín Guzmán cree que logrará contener el precio de los alimentos con medidas fiscales e inflacionarias, el kirchnerismo, por su parte, apuesta al control militar en las góndolas y listados.

Abanderado en Jefe de esta última estrategia, Feletti fracasó. Si el resiliente Guzmán no alcanza a exhibir resultados en un plazo razonable la marea se lo llevará puesto.

La refriega interna entre la Rosada y el Instituto Patria tiene un impacto directo sobre la economía. Al menos eso es lo que piensa Guzmán.

La dificultad está en la política más que en la economía, según la mirada del Ministro. Sin certidumbre no hay confianza y sin confianza no hay nada. Todos los intentos de acercar posiciones entre el Presidente y su Vice resultan vanos. Hace tres meses que no se dirigen la palabra. No hay manera. La situación se ha vuelto irreductible.

El Presidente no parece dispuesto a aflojar. Desoye todas las recomendaciones de retomar el vínculo. Sabe que cualquier contacto con su genitora política supondrá una entrega incondicional. Sumisión y final. Tampoco está abierto a armar una mesa de decisiones con el Frente de Todos. No cree en una conducción colegiada. Es probable que conociendo el paño sepa que perderá toda capacidad de definir un rumbo, en el supuesto caso que sepa para dónde tomar.

El volantazo K incluye un giro discursivo. La disputa está puesta ahora en ver quien es capaz de generar y presentar buenas noticias.

El tema del adelantamiento del piso imponible del impuesto a las ganancias es parte de esa escalada. Ocurrió algo parecido con la decisión de acelerar el incremento del salario mínimo.

El anuncio se hizo en la explanada de Casa de Gobierno. Sin la presencia del Presidente. Con el acompañamiento de los referentes de la CGT. Habló Guzmán y cerró Sergio Massa.

Quedó claro que el impulsor del beneficio fue el tigrense, quién también se dedica ahora a la comunicación epistolar. Por carta pidió acelerar los tiempos para llegar con la iniciativa antes del cobro del medio aguinaldo.

El jueves la portavoz presidencial había minimizado la cuestión asegurando que la actualización no contemplaba el sueldo anual complementario. Horas después se confirmó la buena nueva. El anuncio se hizo desde el Ministerio de Economía, pero como en el Juego de la Oca, fue Sergio Massa el que avanzó varios casilleros.

Otro aporte a la confusión general es el relativo a las retenciones agropecuarias. El Presidente insiste en considerar la necesidad de su instrumentación, un guiño a los radicalizados, el ministro Julián Domínguez, por su parte, asegura a los productores que no se implementará aumento alguno.

Martín Guzmán está en tiempo de descuento. Solo dispone de escasos noventa días. Hasta la próxima revisión del FMI. En el interín tiene que lidiar con la reestructuración de las tarifas de electricidad, gas y transportes. Un frente de tormenta que solo promete tempestades.

El Presidente de la Nación tiene su destino atado a la gestión del vapuleado jefe de la cartera de economía. Lo sienta a su lado en los sucesivos encuentros con empresarios que ha venido manteniendo en las últimas semanas.

Las fuentes empresariales consultadas aseguran que el Presidente escucha y hace lugar a los reclamos pero dudan que luego disponga en consecuencia. Alberto Fernández replica con ellos el “modus operandi” con el que se maneja a nivel internacional. Le dice a cada uno lo que quiere escuchar. No se hace cargo de la incertidumbre y desconfianza que generan sus contradicciones.

En el círculo rojo no descartan que si la situación económica no remonta, CFK pretenda ir por todo, o sea, quedarse con la conducción de la economía.

Empeñado en mostrarse como “un hombre común” y no conforme con concurrir al Tedeum despojado de los atributos de mando. Banda y bastón son parte del estricto ceremonial de la fecha patria, este miércoles al Jefe de Estado le dió por guitarrear. Lo suyo no es el folklore sino el rock nacional. Nada de “Zamba de mi esperanza”. Esta vez la emprendió con “Solo se trata de vivir” de Litto Nebbia.

Una letra desafortunada para el momento momento complejo.

“Creo que nadie puede dar una respuesta, ni decir que puerta hay que tocar…creo que a pesar de tanta melancolía. Tanta pena y tanta herida solo se trata de vivir”. Cantó a viva voz.

Nadie lo cuida un poco, nadie lo ayuda a elegir el repertorio ni lo disuade de cortarse solo. “Color esperanza”, hubiera sonado mejor.

Primero en la fila de los que hacen cola para pegarle al Presidente, el inefable Ministro de Seguridad de la provincia de Buenos Aires trascendió la grieta.

“El que trajo al borracho que se lo lleve”, dijo Sergio Berni, no sin antes aclarar que lo hacía como el debido respeto a la investidura presidencial. La erró con el lenguaje inclusivo.

“La que lo trajo que se lo lleve”. Si uno lo toma al pie de la letra el reclamo de Berni se tienen que ir los dos. Verdad o consecuencia.

Desde el lejano sur CFK acompañó vía Twitter en el Día de la Patria. Cómo quien mira la realidad desde un púlpito definió este tiempo como “aún en momentos tan difíciles para nuestro pueblo”. Sin mayores detalles ni precisiones la balconea. No aparenta estar dispuesta a llevarse al que trajo. Muy por el contrario parece estar esperando que se vaya o que se caiga solo.

* Para www.infobae.com

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