Biden exige al Senado que prohíba las armas de asalto

INTERNACIONALES 04 de junio de 2022 Por Iker SEISDEDOS
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Por tercera vez en menos de tres semanas, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, compareció ante sus compatriotas para hablar de la epidemia de la violencia armada, que no da respiro al país. El jueves tomó la palabra en horario de máxima audiencia para dirigirse a la nación en un discurso escenificado con dramatismo en la Casa Blanca y anunciado pocas horas antes. El objetivo era presionar al Congreso para que apruebe “leyes regidas por el sentido común” que sirvan para atajar el problema. Medidas como “la prohibición de las armas de asalto y de los cartuchos de gran capacidad”. Y si eso no es posible políticamente en un Capitolio fracturado, pidió que al menos se suba la edad para comprar armas de 18 a 21 años. “Por el amor de Dios, ¿cuántas matanzas más estamos dispuestos a tolerar?”, se preguntó, flanqueado por dos filas de velas encendidas en memoria de las últimas víctimas.

“Es hora de que el Senado haga algo”, sentenció Biden. “Ya es suficiente, suficiente, suficiente. Si no actúa, sé que esta vez será distinto, y que los ciudadanos tomarán nota y votarán para echar a esos políticos de sus puestos”. El presidente, que también abogó por acabar con la inmunidad de los fabricantes, repasó algunos nombres de infausta memoria, topónimos que encienden el recuerdo de la tragedia en la imaginación estadounidense. “Después de Columbine, de Sandy Hook, de Charleston, de Las Vegas, de Parkland, nada se hizo”, recordó. “La Segunda Enmienda [que regula la excepcional e íntima relación de este país con sus armas] no es absoluta. Ningún derecho lo es”.

El discurso de Biden se televisó mientras un reducido grupo de legisladores de ambos partidos explora en reuniones la posibilidad de un improbable acuerdo, y solo un día después de que un tipo llamado Michael Louis irrumpiera armado con un rifle tipo AR-15 en la segunda planta del hospital Saint Francis de Tulsa (Estado de Oklahoma) y asesinara al doctor Preston Phillips y a otras tres personas que estaban en su consulta. Luego se suicidó. Culpaba al médico, que lo había operado de la espalda, de un dolor que no lo abandonaba desde la intervención. Pocas horas antes, Louis había comprado el arma semiautomática con el que perpetró el tiroteo masivo, el número 233 en lo que va de año en Estados Unidos.

Biden recibió el informe de los hechos el miércoles por la tarde, poco después de producirse, mientras estaba en Washington. La semana anterior, cuando volaba a bordo del Air Force 1 de vuelta de su primer viaje a Asia como presidente, le dieron la noticia de la matanza de 19 niños de entre 8 y 11 años y dos de sus profesoras en la escuela primaria Robb, en Uvalde (Texas), a manos de un chico de 18 años, de nombre Salvador Ramos y armado también con un fusil de esas características. Biden compareció según aterrizó en Estados Unidos y dijo: “Los fabricantes se han pasado dos décadas comercializando armas de asalto agresivamente, que son las que mayores beneficios les reportan”. Después añadió: “Por el amor de Dios, ¿cuándo vamos a enfrentarnos al lobby de las armas?”.

Diez días antes, el presidente se hallaba pasando el fin de semana en su ciudad, Wilmington (Delaware), cuando saltó la noticia de que otro muchacho de 18 años, Payton Gendron, había matado a 10 afroamericanos en un popular supermercado de la zona este de la ciudad de Búfalo, en el Estado de Nueva York, mayoritariamente negra. El tipo buscó expresamente ese distrito para sembrar el terror, alentado por la teoría del gran reemplazo, conspiranoia que sostiene que los blancos están siendo sustituidos por personas de otras etnias como parte de un plan maestro para desposeerlos del lugar privilegiado que han disfrutado durante siglos. Biden viajó al martes siguiente a Búfalo para consolar a las víctimas y sentenciar que “el supremacismo blanco es un veneno”.

Según han informado sus colaboradores, el presidente estadounidense ya tenía pensada la comparecencia del jueves antes de conocerse la tragedia de Tulsa. El miércoles, se mostró poco optimista con la perspectiva de que el Congreso acuerde una nueva legislación que aumente el control sobre el comercio de armas. Con el Senado partido literalmente por la mitad, parece lejos la posibilidad de que los demócratas junten los 60 votos necesarios en virtud del filibusterismo, que exige mayorías cualificadas para los asuntos de mayor calado.

“Serví en el Congreso durante 36 años. Nunca estoy totalmente seguro”, respondió Biden cuando se le preguntó si creía que los legisladores lograrían un acuerdo esta vez. “No he estado en las negociaciones que están desarrollándose en estos momentos”.

Poco antes de la comparecencia de Biden del jueves, la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, prometió que someterá a votación la próxima semana varios proyectos de ley de control de armas, incluido uno que elevaría de 18 a 21 años la edad legal para comprar un rifle de asalto. Ella misma reconocía en la carta que envió a sus correligionarios las escasas posibilidades de que esas iniciativas sobrevivan en el Senado.

Fuente: El País

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