Xi advierte a Biden de que no juegue con fuego en Taiwán ante la posible visita de Pelosi

INTERNACIONALES 29 de julio de 2022 Por Iker SEISDEDOS |Inma BONET BAILÉN
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La quinta llamada en los últimos 18 meses entre Joe Biden y Xi Jinping ha durado dos horas y 17 minutos, según la Casa Blanca. Los asuntos pendientes entre los dos hombres más poderosos del mundo son muchos, después de todo: la tensión por la invasión de Ucrania y el apoyo de Pekín a Moscú, la agresiva actitud de China en la región del Pacífico y la guerra fría económica entre ambas potencias. A la lista se ha sumado en las últimas semanas una inesperada invitada: Nancy Pelosi. La intención de la presidenta de la Cámara de Representantes de parar en Taiwán en agosto, como parte de una gira asiática que emprenderá aprovechando el parón del Capitolio, ha soliviantado a Pekín y ha provocado movimientos en la sombra de miembros de la Administración de Biden, preocupados por su seguridad y por la salud de las relaciones bilaterales, para tratar de persuadir a una política con fama de ingobernable de que no viaje. El propio Biden ha dicho que el Pentágono opina que “no es una buena idea”.

Xi no se ha andado con rodeos. Según la agencia estatal de noticias china Xinhua, el líder chino ha advertido a Biden de que “si uno juega con fuego se puede quemar”, en referencia a Taiwán y empleando una retórica inusualmente dura. Después de recalcar que “la comunidad internacional espera que China y Estados Unidos desempeñen un papel de liderazgo para mantener la paz y seguridad mundial”, Xi enfatizó que “la historia relativa a Taiwán es clara”, así como que “ambos lados del Estrecho [que separa el continente de la isla] pertenecen a una sola China”. El líder del gigante asiático reiteró que su país se opone firmemente al “separatismo” y a la “interferencia de fuerzas externas” y exigió coherencia entre las palabras y las acciones de la parte estadounidense.

La Casa Blanca ha sido más lenta en compartir los detalles de la charla, que enmarca en “los esfuerzos para mantener y profundizar las líneas de comunicación” abiertas, y para “manejar responsablemente” las diferencias. “Los dos presidentes discutieron una variedad de temas importantes para la relación bilateral, así como otros asuntos regionales y globales”, según el resumen de la conversación compartido por Washington. “Sobre Taiwán, el presidente Biden subrayó que la política de Estados Unidos no ha cambiado y que Estados Unidos se opone enérgicamente a los esfuerzos unilaterales para cambiar el statu quo o socavar la paz y la estabilidad en el Estrecho de Taiwán”, continúa el comunicado.

Un alto funcionario de la Administración estadounidense, que habló después con la prensa protegido por el anonimato, se negó en varias ocasiones a entrar en detalles de lo hablado entre Biden y Xi sobre el posible viaje de Pelosi. “Es una decisión que corresponde tomar a la presidenta de la Cámara de Representantes, y solo a ella. En Estados Unidos creemos en la independencia del poder ejecutivo del legislativo”, zanjó. A la pregunta de si ambos líderes habían tratado la idea de fijar un precio tope al petróleo ruso para castigar a Moscú por su invasión en Ucrania, como ya la planteó este mes la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, a sus homólogos chinos, el funcionario añadió que “no es algo que se discutiera con detalle durante la conversación.

 

Ambigüedad de la Administración de Biden

La política de la Administración Biden hacia Taiwán ha estado gobernada hasta ahora por la ambigüedad: sí, pero no. Si Pekín invade la isla, Estados Unidos se compromete a defenderla. Al mismo tiempo, mantiene su adhesión al principio, que rige los lazos diplomáticos del gigante asiático con el resto de países, de “una sola China”. La expresión implica exactamente eso: que China no hay más que una, y esta incluye Taiwán, donde se refugiaron en 1949 las tropas nacionalistas derrotadas por el ejército comunista en la guerra civil.

La cautelosa posición de Washington, cimentada durante décadas, ha quedado en entredicho en varias ocasiones por declaraciones del propio Biden, que en noviembre calificó la isla como “independiente”. Y los intercambios y la cooperación militares con Taipéi, que en el pasado se mantuvieron en secreto, ahora se hacen públicos. En mitad de tan tenso panorama, Xi se prepara para ser reelegido a finales de otoño para un tercer mandato (otros cinco años más), sin precedentes desde Mao Zedong. El secretario general del Partido Comunista Chino, a punto de celebrar su vigésimo congreso, sospecha que Estados Unidos está a punto de dejar definitivamente atrás su diletantismo con respecto a Taiwán, por lo que este no parece el momento para permitirse el lujo de aparentar debilidad.

Así que la visita de Pelosi a Taiwán, que aún no se ha hecho oficial y llega tras un intento en abril que impidió la covid, es lo que en inglés se conoce como una catch 22, expresión que el habla popular tomó prestada del novelista Joseph Heller, quien la acuñó en su magistral Trampa 22 para definir una situación sin escapatoria. Si la demócrata visita la isla, malo. Si no, peor.

China ha prometido que no titubeará llegado el momento: “Tomará medidas contundentes” si la presidenta de la Cámara de Representantes viaja en agosto a la isla autogobernada democráticamente. Las palabras escogidas deliberadamente en mandarín por el Gobierno chino —que no acostumbra a dejar nada al azar— sugieren que la respuesta del gigante asiático será más enérgica que en otras ocasiones.

Desde el Ministerio de Exteriores han advertido que la visita de la delegación “impactaría seriamente la base sobre la que se cimentan las relaciones bilaterales” y “socavaría la soberanía e integridad territorial de China”, un lenguaje que eleva el tono con respecto a las declaraciones realizadas cuando otros legisladores norteamericanos de menor rango visitaron Taiwán. El Ministerio de Defensa, por su parte, ha alertado de que “el Ejército no se quedará de brazos cruzados y tomará cartas en el asunto con el fin de frustrar cualquier interferencia de fuerzas externas o intento secesionista”.

La visita de Pelosi irrita especialmente a China porque es la segunda en la línea de sucesión presidencial, tras la vicepresidenta Kamala Harris. Además, sería la legisladora estadounidense de mayor rango en poner un pie en la isla desde la visita de Newt Gingrich en 1997 (entonces, el gigante asiático, en pleno proceso de dar la bienvenida de vuelta a Hong Kong, optó por tragarse su enfado). Mucho han cambiado las cosas en estos 25 años: Pekín es más rico, está más fuertemente armado y demuestra menos paciencia con Taiwán, que, en su modo de ver las cosas, no tiene derecho a cultivar sus propias relaciones exteriores. Durante la última llamada entre ambos mandatarios el pasado marzo, Xi ya alertó a Biden que “si la cuestión de Taiwán no se gestiona apropiadamente, supondría un punto de inflexión para las relaciones bilaterales”. Pekín considera que cualquier viaje de un alto funcionario estadounidense a Taipéi compromete esa convención geopolítica, pues se interpreta como una muestra de apoyo a su independencia.

La otra diferencia es que Gingrich, entonces presidente republicano de la Cámara de Representantes, viajó bajo la administración del demócrata Bill Clinton, y molestar a su oponente Clinton era uno de sus pasatiempos favoritos, mientras que Pelosi es demócrata como Biden. En otras palabras: de nuevo, los problemas crecen en casa para el líder estadounidense. Acosado por la inflación galopante por los altos precios de la gasolina y con la economía, desde este jueves, en recesión técnica, Biden bate récords negativos de aceptación por parte del pueblo estadounidense (sus ratios están estancados en un muy poco halagador 30%), y la mayoría de sus votantes preferiría, según una encuesta reciente, que se presentara otro, cualquier otro, a las elecciones de 2024. Los suyos dudan de su capacidad para aceptar un cargo entre sospechas por su estado de salud y ante la certeza de que cuando llegue la cita en las urnas estará a punto de cumplir 83 años.

Según algunos analistas, el lenguaje más frontal desplegado en los últimos tiempos por Pekín no implica que vaya a desencadenarse una crisis de seguridad en el estrecho de Formosa en estos momentos. Desde el think tank Eurasia Group opinan que Xi probablemente abordará el asunto de manera similar a como lo ha hecho hasta ahora: con un aumento de los ejercicios militares en las proximidades de Taiwán y con más incursiones de sus cazas y bombarderos en el espacio aéreo de defensa de la isla. Añaden que China también podría responder con sanciones contra Pelosi e, incluso, con unidades del Ejército Popular de Liberación volando cerca de su avión.

Para Taiwán, la visita de Pelosi es enormemente valiosa, pues supondría recibir el apoyo de una personalidad de alto rango político tan solo un par de semanas después de perder a otro de sus grandes valedores en la escena internacional: el ex primer ministro de Japón, Shinzo Abe, asesinado mientras ofrecía un mitin y autor de la frase “una contingencia en Taiwán es una contingencia en Japón”. Abe siempre asoció la paz en la isla con la estabilidad en la región.

Fuente: El País

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