Ideología o pragmatismo: el plan de Sergio Massa pone a prueba los límites del kirchnerismo

POLÍTICA 05 de agosto de 2022 Por Facundo CHAVES
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Las medidas anunciadas por el ministro de Economía, Sergio Massa, pusieron a prueba los límites que Cristina Kirchner y sus seguidores están dispuestos a tolerar con tal de evitar un colapso, con consecuencias imprevisibles, del gobierno nacional. La reconfiguración de la coalición oficialista ocurre en simultáneo con el avance del juicio por corrupción contra la vicepresidenta.

El bosquejo de plan económico, que incluyó un giro incipiente a la ortodoxia y el diálogo con viejos y nuevos adversarios, tuvo la peculiaridad de ser elogiado por la combativa Hebe de Bonafini y criticado por Juntos por el Cambio y un hiperactivo Mauricio Macri.

 
Con las primeras horas de Massa al frente del Palacio de Hacienda se cristalizó la redistribución interna del poder en el Frente de Todos y la irrupción de una nueva narrativa para explicar los fundamentos y objetivos de medidas, algunas necesarias pero impopulares. Massa sacó del inmovilismo y la actitud defensiva en la que estaba sumida la gestión y empezó a dar sus primeros pasos, osados desde lo político y en simultáneo ortodoxos desde lo económico.

Sabe que, más allá de la precaria y forzada tregua, Alberto Fernández y Cristina Kirchner le desconfían, por lo que tiene la necesidad de revertir esos recelos y la incomodidad que sus primeras medidas les generan en términos simbólicos y prácticos a los socios de la coalición de gobierno. Los cambios en la Secretaría de Energía, los aumentos de tarifas más duros que los de Martín Guzmán, el fin de la emisión descontrolada y la negociación con las patronales -sobre todo las del campo- son bocados para el manual kirchnerista de difícil digestión.

En ese equilibrio precario entre los vértices del FDT empezaron a tallar con mayor intensidad actores que hasta esta crisis habían tenido un recoleto segundo plano: los gobernadores. El primus inter pares de ese sector, el jefe de Gabinete y mandatario en uso de licencia de Tucumán, Juan Manzur, es el referente que representa a los líderes provinciales en la nueva mesa de poder. Más debilitado -hasta en la gestualidad- el primer mandatario parece dispuesto a resistir su declinación, mediante el fortalecimiento de esa cabeza de playa, con la designación como vicejefe de Gabinete del albertista Juan Manuel Olmos.

De todos modos, Massa ya envió hacia allí señales de que no habrá un ajuste doloroso en las partidas que administran los caciques provinciales, que fueron actores centrales para precipitar su llegada al gobierno.

En la constelación de la coalición de gobierno, además del cristinismo y los gobernadores, se vienen reordenando en el escenario, con mayor o menor ruido, gremios, movimientos sociales y las organizaciones de derechos humanos.

La CGT viene sopesando cuáles pueden ser los argumentos menos indecorosos para desactivar la marcha del 17 de agosto, una decisión condicionada a sus perpetuos reclamos de más fondos para las obras sociales. Al final, de la misma manta tiran todos. La central obrera -que coincide en este tema con la UIA y otras cámaras patronales- logró que se postergara el anuncio del pago de una suma fija para los sueldos públicos y privados más golpeados por la inflación de los últimos meses. Según pudo saber Infobae, en el Consejo del Salario Mínimo se definirá en los próximos días un aumento que impactará de manera inmediata en los haberes de agosto.

El Movimiento Evita de Emilio Pérsico emite señales ambivalentes. Envió a su “canciller”, la intendenta de Moreno, Mariel Fernández -con llegada por igual a Máximo Kirchner y a Alberto Fernández-, a la jura de Massa, pero este jueves se mostró con Juan Grabois, el dirigente social que amaga con una ruptura y presiona por más subsidios, es decir, más gasto público.

Y desde los organismos de derechos humanos, inesperado, el paso al frente lo dio Hebe de Bonafini. La titular de Madres de Plaza de Mayo dejó por un momento de insultar al presidente para manifestar lo siguiente: “Massa presentó muchos proyectos muy interesantes. Lo escuchamos detenidamente. Lo único que puedo pedir y desear es que cada vez que ofrecen algo que nos va a favorecer o que parece que es muy serio es que se cumpla. Lo que más nos interesa en este momento es que ese plan muy interesante que nos va a beneficiar es que se cumpla, que se cumpla y que se cumpla, por la Patria, que somos todos nosotros”. Clarito.

Esa frase puede tener, quizás, una explicación. Para Gustavo Córdoba, analista político y director de la encuestadora Zuban Córdoba y Asociados, el ingreso de Massa implicó en el escenario “una pérdida de poder relativo de los sectores duros”, no sólo de la coalición de gobierno, sino también de la oposición. “En el gobierno nacional hubo un giro pragmático que sin el apoyo de Cristina Kirchner hubiera sido imposible. Es un cambio que se da por la falta de recursos y la necesidad de llegar al 2023 con aire”, interpretó.

Esa plasticidad que se refleja en el arco oficialista la ejecuta también Massa cuando dialoga con la Sociedad Rural para establecer algún acuerdo que le permita al gobierno nacional contar con el ingreso de más dólares. Es un giro que empezó con el cambio de lugar de protesta que piqueteros con despacho oficial habían anunciado a la sede de Palermo y terminaron haciendo frente al Congreso. Enemigos viejos, adversarios nuevos.

Nuevos y viejos adversarios

La nueva etapa requiere de un fuerte apoyo externo que el ministro Massa, ya desde antes de su llegada al Palacio de Hacienda, empezó a gestionar con actores clave del mundo financiero norteamericano. La conversación que reveló ayer por Twitter con el titular del BID, Mauricio Claver-Carone, fue la explicitación de contactos más reservados previos. Este funcionario, que llegó al cargo impulsado por Donald Trump, estaba hasta ahora en la primera fila de los adversarios del kirchnerismo.

El norteamericano que preside la banca interamericana -que identificaba al renunciado Gustavo Beliz detrás de las insidias en su contra- tiene previsto destrabar los créditos que había “pisado” bajo el argumento de que la Argentina “no era solvente”. Massa le informó detalles de las medidas que pondrá en marcha para contener el gasto y aumentar los ingresos, argumentos que le resultan un “insumo crítico” para moderar el costo político que tendrá el cambio de opinión ante los directores americanos y europeos que integran el board.

Otro grifo de dólares que el ministro de Economía espera abrir para fortalecer las extenuadas arcas del Banco Central es la Corporación Andina de Fomento. En ese organismo, el argentino Christian Asinelli ejerce la vicepresidencia de Programación Estratégica, un cargo clave para la definición de los planes de asistencia financiera.

Los inversores privados, desde Wall Street, enviaron señales mixtas. Hubo dos reportes positivos, de Bank of America y de Barclays, mientras que BTG Pactual planteó incógnitas y JP Morgan y Goldman Sachs fueron críticos. En el equipo del ministro difundían ayer, claro, sólo los que lo favorecían. Pero en todos los casos, hay una coincidencia en que el punto de partida es peor que malo y que la nueva etapa dependerá, sobre todo, de la política.

“Neurosis de destino”

Massa llegó al Ministerio con la misión, además de frenar la caída libre de las variables concretas, de revertir expectativas, ese difuso factor que insufla de energía -positiva o negativa- a cualquier economía. Es un paisaje dominado por las exageraciones, los pronósticos irracionales, en definitiva, el pánico.

Son sentimientos que pueden medirse. Una encuesta del Observatorio de Psicología Social Aplicada (OPSA) de la Universidad de Buenos Aires que se elaboró entre el 14 y el 18 de julio registró esa histeria colectiva en la que había entrado la sociedad por el descalabro posterior a la renuncia de Guzmán. Pronósticos de dólar a más de 400 pesos para fin de año, inflación pisando el 90%, imagen negativa del Presidente de más de 80% y más del 76% pensando que la situación iba a seguir empeorando entre “mucho o algo”.

Como en todos los sondeos, la inflación sigue liderando, por lejos las preocupaciones de los argentinos. Sobre eso, aún, la gestión de Massa no anunció ninguna medida concreta. Más allá de la designación de Matías Tombolini, un economista reconocido y que ya anticipó que buscará consensos, no hay medidas específicas destinadas a frenar la escalada de precios.

Aunque algunos se esperanzaban con que el retroceso de 50 pesos después del pico tuviera una traducción equivalente en las góndolas. “Por acá no se ve eso”, decían fuentes del sector comercial ante la consulta de Infobae sobre si se había registrado alguna reversión, aunque fuera puntual, de las remarcaciones de las últimas semanas.

Este es el telón de fondo sobre el que actúa la política. ”Hoy, los argentinos estamos muy desorientados (dominados por la incertidumbre), angustiados, ansiosos, impotentes, temerosos, paralizados por un presente tan cambiante que nos empuja a la vera del camino de nuestras vidas. Estamos encerrados en una encrucijada patológica: el presente es un terremoto y el futuro absolutamente incierto”, estableció en sus conclusiones el estudio.

“Lo que agrava esta situación y le da una dimensión inédita, singular (muy argentina) es que cada crisis constituye el retorno de viejos problemas, que por su constante repetición se perciben como irresolubles para la mayoría de los argentinos. Parecería que el país tuviera una “neurosis de destino” y que no podemos o sabemos salir del laberinto. Cómo hace unos días reflexionó, Santiago Kovadloff, una nación evoluciona cuando la calidad de sus problemas se modifican. Nosotros tenemos problemas reiterados porque estamos empantanados en un tiempo sin futuro”.

La oposición y el factor Macri

Mientras el mundo de las finanzas internacionales envía señales al gobierno en la nueva etapa y los sectores que integran el Frente de Todos se reacomodan, Juntos por el Cambio reforzó su perfil crítico y tomó distancia de las últimas medidas anunciadas por Massa. Emitió un duro comunicado que subrayó: “Estamos frente a un Gobierno que continúa con divisiones, peleas y anarquía y es el primero en salir a oponerse a los pocos anuncios que él mismo realiza”.

El comunicado fue firmado por los presidentes de todos los partidos que integran la coalición opositora, en el que advirtió que “estamos frente a un Gobierno que no ha cumplido ni las metas, ni los anuncios, ni las promesas ni los compromisos que realizaron durante su gestión”. Ese perfil crítico también lo expresó Mauricio Macri, quien desplegó esta semana una sorpresiva hiperactividad pública.

Empezó en el inicio de la semana con una reunión con Horacio Rodríguez Larreta, que fue reservada pero pudo confirmarla Infobae, luego encuentros con un grupo de tuiteros y militantes que apoyan a Juntos por el Cambio, y dirigentes que van desde el porteño Roberto García Moritán -a quien elogió por su “crecimiento político” en la Ciudad- hasta el cordobés Gustavo Santos o el bonaerense Martín Yeza.

Durante la tarde, el embajador de Alemania en Argentina, Ulrich Sante, publicó una foto del almuerzo que Mauricio Macri compartió ayer con los embajadores del G7, en la sede diplomática germana. “Los representantes del G7 en Argentina compartieron un almuerzo hoy con Mauricio Macri. (Estuvieron) analizando la actualidad mundial, el lugar que tiene Argentina en el mundo actualmente y los desafíos que enfrenta el país para reconectarse con la economía global”, fue la descripción que publicó del encuentro.

Estuvieron junto al anfitrión y Macri, los embajadores Marc R. Stanley, de Estados Unidos; Christine Hayes, por el Reino Unido, Claudia Scherer-Effosse, de Francia; el italiano Fabrizio Lucentini, el canadiense Reid Douglas Sirrs, y Kenji Shimada, ministro consejero de la embajada de Japón.

“Es verdad que se está mostrando más, pero en las últimas semanas está más activo. Habla con todos y recibe muchos pedidos de audiencia”, revelaron a Infobae desde su entorno que evitaron dar detalles del contenido de las charlas.

Fuente: Infobae

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