¿Por qué hay personas que creen que fue un montaje?

POLÍTICA 03 de septiembre de 2022 Por Diego Marconetti*
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Para mí, esto es un montaje”. Ese mensaje, con diferente tenor, formó parte de lo que circuló en redes sociales y grupos de Whatsapp. La idea de que el atentado contra la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner estuvo armado en pos de favorecerla políticamente se multiplicó, basadas en ideas conspirativas: el arma que no funcionó, la seguridad que falló, que la expresidenta se agacha justo...

¿Cuál es el contexto que lleva a sostener ese posicionamiento? El psicólogo Diego Tachella, especialista en ciberpsicología y medios de comunicación, considera que hay “huecos” en la información que hay sobre el hecho, producto de las imágenes que circulan y de toda la emoción que hay que procesar.

“No hay quién me de un relato más allá de los oficiales: del kirchnerismo o de la oposición. Y uno tiene que construir su propia versión del relato. La versión oficialista dice que fue un intento de magnicidio, de otro lado se plantea hecho individual. Si tengo una polarización o afinidad, voy en esa dirección con la identificación”, explica el especialista.

Y agrega: “Pero si estoy al medio, no hay un relato. Entonces se construye el propio relato, relleno con lo que encuentro. Salen estas otras dudas, me encuentro con varios que piensan como yo en las redes, que son una cámara de eco que reconfirman lo que creo. Las redes me dan la posibilidad de tener ese relato que afirma ese sesgo”.

La consultora política Ana Paola Zuban sostiene que el hecho objetivo es que los argentinos vieron visto imágenes de un arma apuntando a la cabeza de la vicepresidenta. “El resto es pura subjetividad de quien lo interpreta. Los pseudo acontecimientos son construcciones que han existido siempre, pero nunca como ahora responden a los sesgos de confirmación de cada uno”, apunta.

 
 
Zuban dice que toda la narrativa circulante confirma lo que cada uno “quiere creer” que esta sucediendo.

Con esas condiciones, “el sistema democrático sale lastimado desde todo punto de vista porque inhibe la participación política, sea cual fuere el trasfondo, porque el debate político no solo está deteriorado, sino que está roto, y porque aparecen expresiones que lesionan la convivencia democrática”.

 
Sobre el sesgo cognitivo, el investigador y especialista en Neurociencias Fabricio Ballarini remarca que nuestro cerebro funciona con sesgo. Incluso es parte de nuestra cultura, que explica por qué todos buscan relacionarse con personas a través de la afinidad de las ideas.

Acerca de este hecho en particular, recuerda que es un fenómeno que se viene estudiando en temáticas que generan polarizaciones, como el aborto, la eutanasia o el cambio climático.

 
 
“Se planteó una estrategia que intenta acercar esos polos, ver cómo reaccionan ante la evidencia que destruye los argumentos de uno u otro lado. Y luego evalúan si le creyeron o están más convencidos. En ambos casos, no salen de sus ideas, por más de evidencia contundente”, detalla. Por eso, considera que es necesario que desde la educación, el pensamiento crítico sea un elemento fundante.

La politóloga Valera Brusco opina que detrás de estas situaciones “hay un proceso de desencanto, alejamiento y frustración creciente” de parte de una parte de la sociedad. “Y es un campo fértil para ideas conspirativas, de odio. Y la frustración no es psicológica, sino porque hay malos resultados en términos económicos. En Argentina, esto se agravó después de la pandemia, y como fueron aprovechadas por sectores como libertarios”, afirma.

Para la socióloga y consultora Graciela Römer, la explicación es la sospecha generalizada sobre las estrategias que utilizan los políticos en general. “Esta situación no escapa a la percepción de descrédito del discurso político”, remarca.

“El descreimiento a la política, de una porción importante de la sociedad contraria al partido de gobierno, se suma a una duda generalizada sobre las instituciones, dentro de la cual está la policía y la Justicia”, acota.

Sobre el atentado, Römer pide separar lo que es un magnicidio y la violencia política, con lo sucedido ayer: “No hay datos fuertes de la responsabilidad ideológica de ese hecho. Hay que tener un poco de calma, someter al juicio de la calma y la verdad a la Justicia, no a la política”.

La socióloga lamentó que lejos de un acuerdo transversal, un llamado a la calma, “lo que se observa es una incentivación de la grieta”.

“AGENDAS SEPARADAS”
El politólogo Federico Zapata explica que se está produciendo un proceso de autonomización de la política en relación a la agenda de la sociedad, más allá de lo trágico del atentado. “Esta creciente autonomía de la política en relación a la sociedad, con su propia agenda, va creando un desapego afectivo. Esa dinámica puede estar un poco en la raíz de estos razonamientos que piensan en el montaje. Los que vivimos en la política, estamos consternados. El resto, se queja por no ir a trabajar”, describe.

Y profundiza: “La política fue construyendo un hiato, independiente a la agenda de la sociedad. Y la sociedad se fue distanciando”.

Ante esa situación, Zapara considera que el discurso del presidente, Alberto Fernández, en lugar de tomar el atentado para hacer una vuelta de página, “de hablarle a un país, le habló a una facción”.

“Las dos fuerzas políticas principales le hablan a facciones. Perdieron la capacidad de pensar la Argentina como un todo. Es un pedazo, u otro pedazo. Una sociedad sale como un país, si se quedaron sin poder interpelar a una soceidad como un todo, estamos en una situación trágica”, lamenta el politólogo.

“Es como si Nelson Mandela, al salir de la cárcel, hubiera llamado a una revancha. Este clivaje de conflicto, está produciendo un clivaje muchísimo peor que es la sociedad contra toda la política. Y Argentina, tiene un sistema de coaliciones estables. En Chile se llevó puesto al sistema. Ni siquiera en un contexto regional complicado, la política analiza estas consecuencias”, cierra.

*Para La Voz del Interior

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