Fue amor

POLÍTICA 07 de noviembre de 2022 Por Agencia de Noticias del Interior
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A fin de cuentas, era solo Miguel Lifschitz quien conducía sin bullicio la relación entre el socialismo y el radicalismo en su conjunto: desde su fallecimiento, el vínculo entre el PS y la UCR, en especial el sector que conduce Maximiliano Pullaro, es de tironeo y capangueo permanente. El tema de cada enfrentamiento, como esta semana, es anecdótico, el problema es de estilos. El socialismo no mastica la forma de hacer política del exministro de Seguridad, no quiere verse llevado a la rastra; y el pullarismo apura definiciones y, si no las tiene, acicala un quiebre interno dentro del socialismo de cara al 23.

La excusa para confrontar, para llevar a la arena pública lo que hace rato se comenta por lo bajo, fue un supuesto “contubernio” entre el socialismo y el gobierno de Omar Perotti en la designación de jueces y juezas comunitarias. Al menos, así lo denunció la UCR.

Pero de fondo, y desde hace meses, las dificultades para construir un frente de frentes son el centro del problema. La UCR, sobre todo el sector de Pullaro, avanza a fondo en el armado. El PS, por su lógica interna, tiene otros tiempos y, ante la indefinición del calendario electoral, ahora quiere aguardar al menos hasta marzo para resolver su futuro

En el mientras tanto, el radicalismo acumula reuniones con el socialismo de los pueblos, el que no puede darse el lujo de dividirse porque se lo come el peronismo. Localidades sin tanto peso territorial, pero sin ganas de esperar, como sí hace la conducción provincial.

 

 
Es imposible escindir la denuncia del pullarismo de la ausencia del socialismo en el cónclave opositor que se realizó en la Universidad Nacional del Litoral (UNL). Pero también de los últimos movimientos de dicho sector de la UCR. Que Pullaro anuncie una alianza con el exintendente José Corral no hace más que generar ruido en el PS, sobre todo en el actual mandatario capitalino Emilio Jatón. Es tal el malestar del actual mandatario que, en un encuentro interno del socialismo, el periodista dijo sentirse orgulloso de haber pegado el faltazo. 

O sea, son varios los elementos que vienen dañando el vínculo entre el radicalismo y el socialismo. De ahí que el PS sospeche que a Pullaro ya no le interesa su ingreso al frente de frentes. El exministro imagina al intendente Pablo Javkin dentro del armado y con eso le alcanza. Eso cranea el socialismo por estas horas. El diputado lo niega y dice que se seguirá esforzando por aglutinar a toda la oposición.

 

La próxima prueba será a fin de mes, el 28 en Rosario, para hablar sobre justicia y seguridad. Mismo formato que el martes en Santa Fe. A esta altura, tres semanas es demasiado tiempo como para garantizar presencia absoluta en la convocatoria. Al menos la temática es de las que más interesa en el socialismo, ¿pero a qué costo? ¿Vetará el PS a las personalidades que quiera invitar el PRO?

 

Pliegos y cónclaves al margen, la relación quedó dañada entre los exsocios. Ahora hay que desensillar hasta que aclare. Hace rato que la UCR le perdió la paciencia al socialismo, pero al mismo tiempo dice que lo quiere dentro del armado. “El PS se está quebrando”, remarcó un operador radical después de la sesión del jueves.

 

Al socialismo no le sobra nada y tiene mucho por resolver. El escandalete también generó internismo, un ruido que había cesado unas semanas atrás. Y en cuanto a su futuro, Perotti lo perjudicó al pensar en atrasar el calendario electoral. Si finalmente las elecciones generales se realizarán en septiembre, bien pegadas a las nacionales, el socialismo va a quedar rengo. La contienda provincial se va a nacionalizar y el PS no tiene relato en ese plano. Viene vendiendo provincialismo y con calendarios pegados no va a tener margen para sostener eso. Puede ganar tiempo, cubrirse ante los embates de Pullaro y compañía, pero no le sobran las cartas.

 

Al día de hoy, Pullaro todavía tiene en su perfil de Whatsapp una foto de un abrazo con Lifschitz. “Hasta siempre querido amigo!!!!”, es la frase que acompaña la imagen. A fin de cuentas, el único que ordenaba el vínculo, personal y político, era el exgobernador.

 Por Pablo Fornero para Letra P

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