Por qué el bono de fin de año arranca con serios problemas para el relanzamiento de Alberto 2023

POLÍTICA Por Claudio Mardones*
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Alberto Fernández se tomó su tiempo para definir qué paliativo iba a utilizar ante el impacto de la inflación antes de fin de año. Antes de inclinarse por un bono, escuchó planteos de la CGT sobre la necesidad de ajustar todo mediante la continuidad de paritarias libres y también recibió los reclamos de los movimientos sociales sobre la urgencia de algún instrumento que permitiera evitar la corrosión inflacionaria sobre los 6.000.000 de trabajadores y trabajadoras de la economía informal.

La decisión final se la veía venir pero se mantuvo en reserva hasta el miércoles. Este 15 de diciembre fue el día que eligió el Presidente para conmemorar sus tres años de gestión y arrancar el último que le queda de mandato. Fue una semana después de anuncio que hizo la vicepresidenta Cristina Fernández de Kirchner.

Dijo que no se presentará "a nada" en las elecciones del año que viene y generó una conmoción dentro del panperonismo que adelantó el calendario electoral de 2023.

El acto que encabezó Fernández este miércoles pareció agarrar ese guante, al menos desde la necesidad política de evitar que su poder se siga deshilachando en el último tramo de su mandato.

"Muchos dicen que soy un Presidente timorato, que no ejerce el liderazgo. Pero yo creo que el liderazgo no se ejerce ni gritando ni golpeando la mesa, sino convenciendo a todos", lanzó.

"Me voy a poner al frente para que el que asuma en 2023 sea uno de nosotros", insistió en otro gesto que fue leído como el intento de mantenerse en competencia y jugar su reelección el año que viene.

Bono de fin de año: por qué arranca con serios problemas

Detrás del discurso también hubo intrigas sobre los presentes y los ausentes, como el ministro de Economía, Sergio Massa y su par de Interior, Eduardo "Wado" de Pedro.

Fue el germen de una interna que volvió a azotar desde el interior de la Casa Rosada, porque luego se ventiló el malestar presidencial por la tardanza del jefe del Palacio de Hacienda, aunque ambos almorzaron después, y por el faltazo del titular de la cartera de Interior.

Sin embargo el punto más álgido de la interna se concretó por la tarde de ese miércoles, cuando Fernández finalmente terminó con los enigmas y anunció el pago de un bono no remunerativo de 24.000 pesos para las trabajadoras y trabajadores asalariados  y otro de dos cuotas de 6.750 pesos para quienes reciben el Plan Potenciar Trabajo, que paga mensualmente el 50% del Salario Mínimo Vital y Móvil y complementa el ingreso de miles de trabajadoras y trabajadores de la economía popular que forman parte de cooperativas y emprendimientos productivos.

De esa presentación se dispararon los malestares que se siguen cocinando a fuego fuerte durante este fin de semana.

La expectativa de los movimientos sociales era que el bono para las beneficiarias y beneficiarios del Plan Potenciar Trabajo incluyera una cuota de 13.000 pesos y otra posterior de 7.000 pesos.

La respuesta desató la bronca de las organizaciones que son aliadas del Gobierno y también las opositoras.

Organizaciones sociales: aumentan las quejas

"Me parecen una burla los montos. Ni (Mauricio) Macri se animó a tanto. Si el Gobierno otorga un bono de fin de año de 6.500 pesos y encima lo anuncia, tenemos un problema y también de reacción social, también con los asalariados. Naturalizar que no alcance es naturalizar ser el cuarto mundo", se quejó Juan Grabois, dirigente de la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, que se movilizó contra la medida.

Lo mismo sucedió este viernes con el Polo Obrero, uno de los agrupamientos opositores al Gobierno que coinciden en la crítica sobre la exigua cifra del bono.

"Es una miseria pagada con miles de bajas de los planes", dijo Eduardo Belliboni, de ese espacio, mientras que otra dirigente aliada al Frente de Todos, como es el caso de Silvia Saravia, de Barrios de Pie, consideró que el bono "parece más una provocación que una ayuda porque el año pasado se pagó aguinaldo completo y ahora se va a pagar medio aguinaldo en dos cuotas. Es vergonzoso porque la situación está muy mal y estalla la bronca".

Los testimonios revelan la desazón que generó la medida que Fernández decidió anunciar el mismo día que buscó anunciar que buscará pelear la reelección. Para algunos fue un gesto que no mide el termómetro del impacto de la inflación y otros creen que se trata de la única medida posible en un momento donde el ajuste fiscal no le deja otro margen que articular paliativos.

La primera cuota de 6.500 pesos se pagará el 21 de diciembre y las organizaciones sociales de todo pelaje apuestan a aumentar ese monto. Sigue abierta la herida que generó la investigación judicial que impulsó el fiscal Guillermo Marijuán sobre presuntas irregularidades en la entrega de esos planes que implicó la baja de 24.000 beneficiarios y la suspensión de pagos que finalmente se destrabaron cuando la Justicia aceptó las explicaciones del Ministerio de Desarrollo Social para postergar los controles hasta marzo.

La cartera está ahora en manos de la ex diputada nacional Victoria Tolosa Paz, amiga del Presidente y destinataria de la bronca de las organizaciones. El duelo está en pleno desarrollo y promete que el tono de la discusión se profundice antes de navidad, porque Grabois directamente cuestionó a la funcionaria hasta por su salario.

Quejas de las cámaras empresariales

Las cámaras empresarias también complicaron el frente que Fernández pretendía aliviar. La Unión Industrial Argentina, que ya viene de tener tironeos con Massa, sacó un comunicado para plantear "su preocupación por el impacto que tendrá en el sector productivo la modalidad bajo la que se implementará el otorgamiento de un bono para trabajadores privados", porque "actualmente, la industria cuenta con más de 800 convenios colectivos en plena vigencia, acuerdos que son fruto del consenso entre trabajadores y empresarios".

Desde esa perspectiva el bono debería haber dependido de las negociaciones salariales y no con un bono igual para todas las escalas. Por eso la UIA reivindicó que "durante 2022, las negociaciones paritarias se han reabierto y han funcionado como un mecanismo eficaz para dar respuesta al problema de la inflación".

Las pequeñas y medianas industrias metalúrgicas, reunidas en CAMIMA, remarcaron que "las cámaras metalúrgicas firmamos paritarias contemplando las proyecciones de inflación a futuro. Dar dinero sin prestación a cambio es un regalo y nuestras pymes están muy castigadas para regalar en una época donde debemos hacer previsiones de aguinaldo y vacaciones". Por fuera del cuestionamiento hay un anticipo: que distintas empresas no pagarán el bono o buscarán absorberlo al pago del medio aguinaldo.

En el Gobierno aseguran que es clave retomar la iniciativa antes de cerrar el año, aunque eso implique jugar medidas que no alcancen a contener las demandas sociales. Una lectura útil para transitar diciembre, pero insuficiente para articular una oferta competitiva el año que viene.

* Para www.iprofesional.com

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