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Afuera también esperan definiciones

OPINIÓN 24/06/2024 Claudio Jacquelin*
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Los argentinos no son los únicos que esperan precisiones sobre la segunda fase del gobierno de Javier Milei. Inversores, el FMI y gobiernos importantes socios comerciales de la Argentina tienen demasiadas preguntas y aguardan respuestas con cierta urgencia. 

La etapa que debería empezar tras la inminente sanción de la Ley Bases es el punto de partida que miran con curiosidad e incertidumbre para tomar decisiones.

La gestión y la sucesión de viajes presidenciales no ha disipado interrogantes y, en muchos, casos los han profundizado.

Los conflictos que Milei abre o disfruta de potenciar en sus discursos, entrevistas frecuentes con periodistas amigables y durante sus tours privados internacionales, signados por el credo ideológico que predica, se contraponen o relativizan las actividades oficiales o semioficiales que despliega en el país y en el exterior. Contra lo que se dice, el curso de acción no es lineal.

La visita a Alemania, con sus reuniones acotadas, después de otro ruidoso paso por Madrid, donde sus amigos de derecha volvieron a arroparlo y usufructuar de su popularidad, es un ejemplo que va camino de convertirse en un patrón. Esa diplomacia presidencial ha logrado mucha visibilidad e impacto pero hasta ahora no se ha traducido en beneficios palpables para el país. Aunque eso no se logra tan fácil y menos tras otro giro de 180 grados dado por un país que se caracteriza por los bandazos y la imprevisibilidad.

En este proceso es evidente, además, que el producto más promovido y mejor vendido en el exterior ha sido Javier Milei, como evangelizador libertario, primero, y como jefe de Estado, luego. Mucho más que la Argentina. No debería extrañar, entonces, que la ex-Fundación Exportar y la Marca País hayan salido de la Cancillería para pasar a la Secretaria General de la Presidencia, en manos de Karina Milei. ¿Será esta la traducción en los hechos de la máxima mileísta de que el intercambio comercial es una cuestión entre privados y no del Estado? Más interrogantes.

Las rígidas definiciones en el plano discursivo que alcanzan su clímax en el enrolamiento carnal con los Estados Unidos y el vínculo con los países democráticos de Occidente, así como la negativa a relacionarse con países autoritarios, ha mostrado varias flexibilizaciones en el transcurso del primer semestre de Gobierno. Especialmente, en la última parte de esta etapa.

Por un lado, sobresale la reciente decisión de viajar a China para cumplir con una condición impuesta o, simplemente, agradecerle a Xi Jinping, secretario general del partido comunista y presidente de la República Popular (en ese orden), la generosa renovación por dos años del préstamo por el equivalente a 5000 millones de dólares que había contraído Sergio Massa y que se vencía durante este mes y el próximo.

Al mismo tiempo, asoman las disputas abiertas con gobiernos democráticos europeos y el apoyo a partidos de la derecha radical y nacionalista de esos países, mientras la Cancillería intenta revitalizar las negociaciones por el siempre el postergado acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.

Sin embargo, no es el único plano en el que asoman disonancias entre lo que dice y hace el Presidente y lo que se propone e intenta hacer el Ministerio de Relaciones Exteriores, en manos de Diana Mondino, a quien Milei se ve obligado a darle respaldo verbal con tanta frecuencia como, en la práctica, le retacea funciones y participación en temas de su área.

“No hay conflicto, la Cancillería sigue el rumbo que marca el Presidente. Solo que a veces debe atemperar algunas situaciones, recomponer relaciones o restañar vínculos que el discurso presidencial a veces altera porque él tiene funciones y objetivos de distinto orden, tanto internos como externos. Eso es normal, aunque ahora puede verse más expuesto y agudizado”, explica con su mejor prosa diplomática un experimentado embajador que ocupa un cargo relevante en la actual gestión.

El esfuerzo retórico no logra, sin embargo, disimular las complicaciones e incertidumbres que debe sortear a diario la plana mayor del Ministerio de Relaciones Exteriores. De hecho, aunque en los pisos superiores del edificio de Esmeralda y Arenales relativizan la salida de la ex-Fundación Exportar y de Marca País, admiten que hay que esperar a ver qué pasa con algunas acciones y recursos históricamente vinculados a esas áreas para saber si la Cancillería salió perdiendo en este y otros temas. De ello dependerá en parte la pax lograda con el cuerpo diplomático, merced a la reducción de embajadores políticos y a la designación de diplomáticos de carrera en cargos superiores de “la casa”. Algunas luces de alarma están titilando.

Brasil, el enemigo íntimo

La Cancillería es también por estos días caja de resonancia y centro de inquietud creciente por la relación con Brasil, primer socio comercial de la Argentina. A la mala relación desde un comienzo entre Milei y Lula da Silva se han sumado dos hechos que ensombrecieron más el horizonte. Justo antes de una cita crucial que puede tener muchas consecuencias, como es la reunión de presidentes de los países del Mercosur, que se hará el próximo 4 de julio en Asunción, Paraguay.

La extrema distancia que deliberadamente se prodigaron el argentino y el brasileño en la Cumbre del G7 escenificó el estado del vínculo entre ambos, agravado por un hecho reciente, como es la presencia en la Argentina de 86 seguidores de Jair Bolsonaro requeridos por la Justicia de ese país.

Los prófugos están acusados de haber atacado las sedes de los tres poderes de Brasil en lo que se consideró un intento de golpe de Estado, el 8 de enero de 2023. Fue apenas una semana después de que Lula asumiera su tercer mandato presidencial, tras imponerse sobre el amigo ultraderechista de Milei en unas elecciones, cuyo resultado Bolsonaro intentó desconocer.

El gobierno argentino solo ha confirmado la presencia en el país de esos 86 ciudadanos brasileños, pero mantiene un ruidoso silencio respecto de si serán extraditados o se les concederá asilo. El caso encierra un dilema para un gobierno que acusó de “golpistas” y “terroristas” a los manifestantes que protagonizaron actos de violencia frente al Congreso durante el tratamiento de la Ley Bases en el Senado, mientras sus pares de la derecha internacional demandan la protección de los violentos seguidores de Bolsonaro.

Ese caso solo viene a sumar tensión a una reunión como la de Asunción, que ya venía cargada de prevenciones respecto de la dinámica del bloque. “El Gobierno pretende avanzar en acuerdos con otros bloques o países, con o sin el Mercosur. Aunque el reglamento del bloque establezca que solo se pueden hacer esos acuerdos por unanimidad, si Brasil insiste en oponerse va a quedar en minoría y veremos qué hace”, advierte un alto funcionario de la Cancillería que dice interpretar los deseos del Presidente, aunque no desconoce la necesidad del país de mantener su vital vínculo con el gigante continental.

Inversores con preguntas

La complejidad de las relaciones internacionales abre otro capítulo a la hora de evaluar el flujo de las inversiones que desvelan al Gobierno y, en particular, al equipo económico, por considerarla la palanca imprescindible para salir de la crisis.

Algunos inversores endulzaron hace unos los oídos del ministro Luis “Toto” Caputo al mencionarle las ventajas que tendría la Argentina por su adscripción a ultranza al libre mercado y al rigor fiscal, en contraposición con la consolidación de la deriva brasileña hacia una mayor laxitud en el gasto público y al estrechamiento de sus relaciones con China y el resto los países que integran el grupo de los Brics, al cual Milei desistió de sumar al país. Todo ello con el trasfondo de que las relaciones sino-estadounidenses atraviesan el momento más tenso e incierto de las últimas dos décadas.

“El cambio en la presidencia del banco central brasileño, por el fin del mandato del presidente que había puesto Bolsonaro y la asunción de un lulista, junto a la expansión del gasto público, aumenta el interés por la Argentina y abre más oportunidades. A eso se suma la situación de México, que en los últimos meses de la presidencia de Manuel López Obrador ha profundizado su derrotero populista, con un avance sobre las instituciones y un deterioro de las cuentas públicas para facilitar el triunfo de su candidata, Claudia Sheinbaum, cuyo gobierno es una gran incógnita”, le explicó a Caputo y su equipo un gran inversor argentino, radicado en Manhattan, con fuertes intereses en el país.

No obstante, la gente de negocios admite que todavía hay demasiados interrogantes por despejar. La sanción de la Ley Bases es aún alivio, aunque es una condición necesaria aunque no suficiente para quienes evalúan si “enterrar” o no acá fondos en inversiones de largo plazo. La seguridad jurídica, la sustentabilidad político-social del Gobierno y la política cambiaria conforman el triángulo mayor de las dudas externas.

“¿Cuándo van a levantar el cepo cambiario?” no solo es “la pregunta” que se hacen a sí mismos inversores y empresarios, sino que algunos titulares de fondos de inversión se la hicieron en persona hace unos días al equipo económico.

Lo que a varios de los argentinos presentes les pareció un gesto naif, por considerar obvio que no tendría respuesta en ese ámbito, para otros fue menos un interrogante que una demanda perentoria.

No poco de ellos coinciden con la mayoría de los economistas locales en que el Gobierno está ingresando en un callejón de difícil salida en la medida en que prolonga y se le complican las condiciones para ponerle fin al cepo. Numerosos conocedores del ministro de Economía entienden que el fracaso que protagonizó en la gestión de Mauricio Macri le dejó aprendizajes valiosos, pero también cicatrices que lo limitan. La audacia en algunos planos se contrapone con una prudencia extrema en otros. “Y ahora, para peor, siente la respiración del maximalista Federico Sturzenegger en la nuca”. Milei tiene la última palabra y Caputo lo sabe.

En este escenario cobran más relevancia las demandas del Fondo Monetario Internacional para levantar el cepo y terminar con el dólar preferencial para los exportadores (lo que encierra una devaluación más pronunciada), además de los renovados planteos sobre la calidad del ajuste, para darle sustentabilidad social y política.

La incomodidad que generó en el gobierno libertario la difusión del último reporte de los técnicos del FMI, aún endulzado con halagos a los resultados macroeconómicos, fue tal que llevó al ministro de Economía a negar airadamente una aceleración del ritmo devaluatorio y el Presidente se sintió obligado a expresar su apoyo a Caputo con los términos más soeces. Y eso es mucho decir.

Sin embargo, eso no fue todo: funcionarios del Gobierno y aún destacados economistas liberales parecieron por un momento haberse contagiado de kirchnerismo o trotskismo para gritar “FMI go home” y “no vengan a molestar”. Aunque parezca insólito, algunas circunstancias pueden hacer que la admiración de Milei por Manuel Belgrano no sea lo único que comparte con Cristina Kirchner. Delicias del arte de gobernar.

La pirotecnia verbal no impide que se sepa que el reclamo fondomonetarista para que se presente un plan de segunda generación ha sido escuchado.

“Toto sabe que el robot que armó para llegar hasta acá no lo va a llevar más adelante y está preparando un conjunto de medidas para la segunda fase. Es cierto que Kristalina [Georgieva, titular del FMI] le pide un programa para habilitar fondos frescos y es probable que él no lo tenga, pero es posible que alcance con lo que están elaborando para que les habiliten los ocho mil o diez mil millones de dólares que el Gobierno espera y necesita”, afirma un habitual interlocutor de las autoridades del organismo multilateral.

El FMI también necesita una narrativa para justificar su apoyo y asistencia a la Argentina.

Pero, en verdad, lo que demandan en el país y en el exterior son definiciones precisas sobre cómo abordará la segunda etapa el gobierno de Milei para llegar a una orilla que todavía queda lejos.

* Para La Nación

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