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Las huellas de la AMIA en el gobierno de Javier Milei

OPINIÓN Marcelo Falak*
milei-amia

El trigésimo aniversario del impune atentado a la sede de la AMIA, episodio nefario de la historia argentina recordado este jueves, es una fábrica de paradojas y fogonazos de déjà vu. Poco después de que se conociera una amenaza oficiosa del régimen iraní contra la Argentina por el giro proisraelí de Javier Milei, el Presidente asistió al acto conmemorativo oficial y, en medio de las palabras crudas del titular de la mutual, Amos Linetzky, se mostró íntimamente tocado en medio de la muchedumbre. Si la causa evidentemente lo sensibiliza, ¿ por qué trae a la vieja-nueva SIDE que hoy pergeña a elementos vinculados con una investigación tan cuestionada como sesgada en sus motivaciones?

AMIA, indignación según rangos de fechas

Linetzky expresó la justa y generalizada indignación al señalar que "parece mentira que hayan pasado 30 años desde aquella fría mañana del 18 de julio de 1994, 30 años sin una sola persona respondiendo por este ataque, en los que el Estado argentino ha mirado para otro lado, colmado de falencias, demoras y errores, tal como fuera remarcado recientemente por la Corte IDH".

La referencia correspondió a la condena emitida el mes pasado por la Corte Interamericana de Derechos Humanos contra el Estado argentino en una causa promovida por la agrupación Memoria Activa, que realizó –como siempre– su acto al margen del cuestionado establishment político de la comunidad judía. En el fallo, el tribunal "concluye que el Estado incurrió en una falta grave a su deber de investigar uno de los mayores atentados terroristas en la historia de la región. Estas faltas a la debida diligencia implicaron, por una parte, un mal manejo del material probatorio y la escena del hecho y, por otra parte, una conducción deficiente del desarrollo de la investigación. Además, se comprobaron una serie de maniobras realizadas por agentes estatales con el fin de obstaculizar la investigación y encubrir a los verdaderos autores, los cuales, a la fecha, no han podido ser identificados, juzgados y eventualmente sancionados".


Asimismo, entre otras consideraciones, el titular de la AMIA cuestionó "la pobre actuación de una fiscalía dedicada exclusivamente a la causa AMIA, con la mayor cantidad de empleados del país trabajando en un solo caso, pero que no ha generado avances significativos en los últimos diez años". La referencia es interesante: Linetzky reprochó 30 años de mala investigación –período que incluye lo hecho por Alberto Nisman desde 2004–, pero introdujo hábilmente un matiz al hablar de falta de avances en "los últimos diez", lo que dejaría al mencionado –muerto el 18 de enero de 2015– fuera del reparto de culpas.

No hay nada que hacerle: la causa AMIA es y será un berenjenal hecho de incompetencia, complicidades, alineamientos institucionales con gobiernos extranjeros –algo ampliamente presente este jueves en parte de los dichos de Linetzky, ajenos a la fecha– e intereses internacionales que exceden enormemente a la frágil Argentina.

Duelen las 85 víctimas y sus deudos sin reparación.

Los compromisos de Javier Milei

Abajo, mezclado entre la multitud, el presidente Milei escuchaba y mostraba su congoja, tanto por sentido humanitario como, seguramente, por su inacabado tránsito espiritual hacia el judaísmo.

¿Qué hace, en concreto, el jefe de Estado a favor de la causa AMIA?

Por un lado, su gobierno y sectores de la oposición avanzan en una reforma legal que permita realizar juicios en ausencia a los jerarcas iraníes señalados en la causa. Para sus impulsores, eso permitiría hacer justicia; sin embargo, sólo implicaría un simulacro de proceso, sin los acusados ni sus alegatos, con abogados defensores que no tendrían contacto con los mismos y, finalmente, con condenas testimoniales que nadie cumpliría jamás.

Mejor tarde que nunca, en segundo lugar promulgó finalmente la ley que declara al 18 de julio como Día de Duelo Nacional en homenaje a las víctimas, proyecto que, durante su tratamiento, contó con dos y solo dos votos en contra: el suyo propio y de Victoria Villarruel, entonces diputados. En aquel momento, la Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas (DAIA) les reprochó amargamente tal conducta.

En tercer lugar, el dato más saliente es la refundación del aparato nacional de inteligencia, al que regresan, de la mano del asesor presidencial Santiago Caputo, factores de poder de la vieja estructura y, en especial, hombres vinculados a Jaime Stiuso.

¿Cómo se concilia eso con la sensibilidad hecha lágrima por la impunidad que rodea el caso?

El regreso de la SIDE y su vieja guardia

Como contó Pablo Lapuente en Letra P, Milei decidió a través de los decretos de necesidad y urgencia (DNU) 614/2024 y 615/2024 la disolución de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) y la reforma de su estructura, que volverá a adoptar el mal afamado nombre de Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE).

La SIDE dependerá directamente del presidente de la Nación y tendrá nuevo organigrama.

Tras la escandalosa salida de Nicolás Posse de la Jefatura de Gabinete, en medio de acusaciones de espionaje ilegal propaladas desde el propio Gobierno, el poderoso asesor Santiago Caputo se hizo con esa área sensible, al frente de la cual puso a Sergio Neiffert.

Este es un hombre cuyo expertise conocido se vincula más a la cartelería callejera, a la participación en consejos escolares y a cargos menores a nivel municipal que a la inteligencia. Esto parece hacerlo especialmente dependiente de la estructura que se le arme abajo.

"Para el rediseño de la SIDE, Caputo estuvo en contacto con Jaime Stiuso, que hizo carrera entre los espías entre 1972 y 2014, y de ahí habría sacado el nombre de dos consejeros clave para la creación del decreto. Uno de ellos es Lucas Nejamkis, a quienes muchos señalan como la mano derecha del exagente y otros incluso lo mencionan como su socio directo; y el otro es José Luis Vila, exfuncionario en el Ministerio de Defensa en las gestiones de Julio Martínez y de Oscar Aguad, que denunció durante el macrismo cuatro hechos de amenazas contra su persona, que terminaron con la colocación de una bomba sin activar en su casa", detalló Lapuente.

En medio de esas y otras influencias, la nueva SIDE se parece llamativamente a la vieja. Al sottogoverno –"gobierno subterráneo"– descripto por el politólogo italiano Norberto Bobbio, según quien "el poder en su forma más auténtica siempre ha sido concebido a imagen y semejanza de Dios, que es omnipotente precisamente por poder verlo todo sin ser visto".

El atentado y la construcción de "Jaime"

La trama del encubrimiento de los autores y cómplices del atentado, montada en tiempos de Carlos Menem –hombre curiosamente admirado por Milei–, comenzó desde el mismo inicio de la investigación, en julio de 1994, tal como lo determinó en abril un fallo definitivo de la Sala II de la Cámara Federal de Casación Penal. La misma, cabe recordar, tuvo como ejes al entonces juez Juan José Galeano y a quien revistaba como jefe de la SIDE, Hugo Anzorreguy, condenados por haber sobornado con fondos reservados al reducidor de autos Carlos Telleldín –finalmente absuelto– para inculpar a un grupo de policías bonaerenses que terminaron demandando al Estado y cobrando una indemnización.

Stiuso, que en la época comenzaba a disputar el poder dentro del aparato de inteligencia con el ala de la llamada "sala Patria", fue ajeno a esos delitos políticos, judiciales y de inteligencia, y hasta se le atribuye haber filtrado la información que los destapó. En base a ese y otros antecedentes se ganó la confianza de Néstor Kirchner y en 2004 le vendió a este la idea de colocar a a Nisman, entonces un fiscal del caso, al frente de la poderosa fiscalía especial cuestionada por Linetzky.

Para entonces, Stiuso ya era el "dueño" de la SIDE y trabó una relación de enorme cercanía con la estadounidense Agencia Central de Inteligencia (CIA) y con el Mosad, el servicio de inteligencia exterior de Israel.

La llegada de Nisman

La sociedad Stiuso-Nisman llevó la investigación hacia una de las pistas surgidas desde el primer momento: la iraní. Mucho se ha hablado de la "pista siria", pero dado el alineamiento del régimen de la familia Al Asad con la teocracia persa, la diferencia conceptual no es demasiado clara.

En efecto, Irán era y es un sospechoso plausible; sus servicios de inteligencia y la rama de operaciones en el exterior de su milicia aliada en el Líbano, Hizbulá (Partido de Dios), tienen amplios antecedentes de acciones terroristas en diversos lugares del mundo. Sin embargo, la investigación de Nisman está llena de información de inteligencia que no siempre fue debidamente convertida en prueba judicial, lo que la ha hecho blanco de acusaciones de funcionalidad al interés de Israel de confrontar con Irán, enemigo desde la revolución chiita de 1979 y, especialmente, en relación con el progreso de un programa nuclear declarado por el Estado judío como "una amenaza existencial".

El autor de estas líneas conversó detalladamente sobre esas falencias con el propio Nisman en una reunión celebrada en 2014 en la sede de la UFI-AMIA.

En la misma, por ejemplo, le cuestionó la inclusión en la causa del testimonio de Nicolasa Romero, una testigo que declaró haber visto cómo una camioneta Trafic se estrelló contra el frente de la AMIA y, gracias a un instantáneo golpe de vista, ayudó a armar el identikit del presunto terrorista suicida. Debido a ese testimonio y a datos –siempre de inteligencia, recabados en la Triple Frontera–, el fiscal llegó a la identidad del libanés Ibrahim Husein Berro, cuya foto fue reconocida por Romero en sede judicial. Tiempo después, esta dijo en una entrevista periodística que, en realidad, no estaba segura de que esa persona haya sido el terrorista que vio. "No importa, está en el expediente", respondió Nisman en aquel diálogo. "¿Y qué hacemos con la verdad?", le insistió este periodista. "Me guío solamente por lo que consta en el expediente", insistió aquel.

Testimonios de familiares de Berro impidieron ubicar a este en Buenos Aires el 18 de julio de 1994 y la contrastación de ADN encontrado en el sitio del ataque y atribuido al terrorista suicida fue comparado con el de uno de sus hermanos, residente en Chicago. La prueba dio negativa.

Los sesgos del sottogoverno

Si el direccionamiento de la investigación hecho por Stiuso y Nisman hacia la pista iraní presenta severas debilidades respecto de la judicialización de piezas de inteligencia –fundamentalmente israelí y estadounidense–, cabe levantar otro reparo: que la misma nada haya aportado respecto de una eventual "conexión local" del atentado, entendida esta como redes de apoyo, logística, liberación de zonas por parte de efectivos de seguridad y otros servicios. ¿La hubo? Los ataques vinculados al yihadismo no las han tenido en algunos casos –el 11-S, por ejemplo–, pero sí en otros, como en varios ocurridos en Europa, específicamente en núcleos islamistas radicalizados. Aquí ese asunto es un agujero negro.

Cabe insistir: decir que Irán y Hizbulá pudieron haber planeado el golpe –y el de 1992 contra la embajada de Israel– es apuntar a sospechosos plausibles, acaso obvios; sin embargo, esa obsesión funcional a cierta geopolítica dejó en las sombras a quiénes pudieron haber facilitado aquí ese hecho, gente peligrosa que, de haber existido, nunca dejó de caminar entre nosotros.

Igual que los encubridores originales, el sottogoverno que se impuso en la primera década del siglo tampoco se interesó jamás por la posible existencia de una "conexión local".

Se debe mencionar, finalmente, el nunca esclarecido rol de Stiuso en torno a la muerte de Nisman: el aporte de presuntas pruebas de complicidad contra el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner por la firma del Memorándum de Entendimiento con Irán; que estas nunca hayan aparecido o que hayan sido las zonceras conocidas; los reiterados llamados del fiscal a su amigo y la actitud deliberada de este de jamás responderle. Hasta el tiro que sentenció su final.

Esto es lo que regresa a la nueva-vieja SIDE de Milei y Santiago Caputo, alguien tan poderoso que al menos merecería un cargo superior al de "asesor".

Fuentes conocedoras del paño estimaron, en diálogo con este medio, que lo que la vieja guardia de los servicios viene a aportar es alguna suerte de arreglo de gobernabilidad para una administración flaca en ese ítem. La alianza oficial con esta, por otra parte, es perfectamente compatible con el alineamiento internacional del Gobierno con la ultraderecha que manda en Israel y con la que lo haría en Estados Unidos si Donald Trumptriunfara en noviembre. Esto parece cada vez más probable en vista de la aparentemente inevitable salida de la carrera de Joe Biden, la crisis del Partido Demócrata y la dificultad que este encontraría para construir un candidato o candidata en tiempo récord.

El país tiembla como una hojita en medio de un huracán, pero lo importante, parece, es que tiene un presidente que se conmueve al recordar a esas víctimas sin redención.

* Para www.letrap.com.ar

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