En los últimos 8 años, la deuda creció dos veces y media más rápido que las exportaciones y complicó la capacidad de repago del país

ECONOMÍA Por Gustavo Alzirac
Un informe de la consultora Invecq asegura que las medidas impositivas, comerciales y cambiarias del gobierno tienen un “sesgo antiexportador” que compromete la sustentabilidad de la deuda
DEUDA

La sustentabilidad de la deuda estaría comprometida en el mediano y largo plazo debido a que en los últimos ocho años su incremento fue muy superior al de las exportaciones, de donde podrían obtenerse los dólares comerciales en tiempos de dificultades de acceso a los mercados financieros, y también porque las medidas impositivas, cambiarias y de comercio exterior del presidente Alberto Fernández “muestran un sesgo antiexportador” que podría agravar la situación.

“Si consensuamos que es más conducente monitorear la capacidad para repagar la deuda observando la relación con las exportaciones, deberíamos consensuar también que las políticas económicas no deberían desincentivar las exportaciones”, planteó la consultora Invecq, en alusión al aumento de las retenciones, las modificaciones en la administración del comercio exterior y el mantenimiento de las restricciones cambiarias aplicadas por la anterior conducción del Banco Central inmediatamente después del triunfo electoral del Frente de Todos.

La advertencia de la consultora se da a conocer poco después de la sanción de la ley de Sustentabilidad de la Deuda y horas antes del arribo a Buenos Aires de una misión del Fondo Monetario Internacional (FMI) en el marco de las gestiones previas a la presentación de la propuesta de renegociación de los compromisos financieros.

El análisis de Invecq comprobó que desde 2012, cuando la deuda equivalía a 1,5 veces las exportaciones, se sucedieron dos procesos diferenciados pero con resultados coincidentes, ya que los dos incrementaron la ratio deuda/exportaciones hasta llevarla a 4,1 veces en 2018, con un leve descenso a 3,8 veces en el tercer trimestre de 2019.

El primero de los dos procesos señalados por la consultora presidida por Esteban Domecq abarca los tres últimos años de la Presidencia de Cristina Fernández de Kirchner, con la implantación de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), las restricciones al mercado de cambios y la ampliación de la brecha entre el dólar oficial y el paralelo.

Después de alcanzar un nivel récord de USD 80.000 millones, “las exportaciones argentinas entraron en un fuerte proceso contractivo que las llevó a caer 35% en cuatro años hasta un valor anual cercano a los USD 55.000 millones”, señaló Invecq, que atribuyó la caída a “una combinación de menores precios internacionales (fenómeno global) y de menores cantidades producidas (fenómeno local)”.

En consecuencia, “la relación entre deuda externa y exportaciones pasó de 1,5 en 2012 a 2,6 en 2015”, cuando se dio inicio a la segunda etapa, en la que si bien se impulsaron las exportaciones (aumentaron unos USD 10.000 millones en cuatro años contra un descenso de USD 25.000 millones en los tres años previos). el endeudamiento creció a un ritmo mayor.

De esa forma, sostiene Invecq, “el ratio de deuda en relación a las exportaciones continúa creciendo” y pasa de 2,6 veces en 2015 a 4,1 veces en 2018, para bajar a 3,8 veces en 2019 “como consecuencia de la cancelación de deuda y el incremento de exportaciones”.

“Esto significa que con el cambio de gobierno en 2016 se comenzó un proceso de mayor generación de divisas vía exportaciones pero que, sin embargo, no tuvo la magnitud y el ritmo necesario para estabilizar el nivel de endeudamiento”, añade, al tiempo que reconoce que “es cierto” lo que dice el ministro de Economía, Martín Guzmán, “que no se generaron los dólares suficientes para hacer frente a los compromisos de deuda asumidos”, aunque aclara que eso ocurrió “no porque las exportaciones no hayan crecido sino porque no lo hicieron a la velocidad necesaria”.

Asimismo, advierte que la relación podría haber sido mayor si no se hubiesen interrumpido los desincentivos a la exportación vigentes entre 2012 y 2015 y llegado a 5,6 veces, aunque aclaró que se trata de un “ejercicio hipotético” que “no puede ser tomado en consideración de forma directa”.

En su último informe, la entidad advierte que la habitual relación que se hace entre la deuda y el PBI “puede estar brindando información equivocada” ya que al medirse un stock de deuda en dólares con un flujo en pesos como el del producto, “los vaivenes del tipo de cambio real pueden generar importantes distorsiones al inflar artificialmente la valuación del PBI en moneda extranjera”, en caso de apreciación cambiaria.

Por tal razón, recomienda la comparación con las exportaciones que, si bien “no son ‘propiedad’ del gobierno”, si este cuenta con los recursos en pesos necesarios “podrá adquirir los dólares en el mercado con mayor facilidad y menor impacto si la oferta de dólares crece”.

Para contar con la cantidad de pesos requerida, el Gobierno “debería continuar con el sendero de corrección fiscal de los últimos años hasta poder llegar a un superávit primario suficiente para hacer frente al pago de los intereses”, señaló.

Pero al mismo tiempo, advirtió que "la nueva configuración de precios relativos, incentivos, política comercial, entre otros, no debería interrumpir la lenta recuperación de las exportaciones que se observa desde 2016”.

“Lamentablemente las primeras medidas en este sentido no parecen estar evitando esta contradicción”, cuestionó, por entender que “la corrección fiscal se basa en gran medida en el aumento de la presión tributaria sobre el sector transable, las primeras medidas para moderar la inflación se basan en controlar el tipo de cambio y el precio de exportables (tarifas), y los primeros cambios en cuanto a la administración del comercio exterior también muestran un sesgo antiexportador”.

Con información de www.infobae.com

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