Visitas raras, empresas dudosas, el mundo hot, negociados y en el medio Agustín Rossi

POLÍTICA 06 de agosto de 2021 Por Agencia de Noticias del Interior
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"El Chivo Rossi cometió dos errores de fe: uno, creer que el que decidía sobre las listas era Alberto. Dos, creer que el amor de Cristina es para siempre”. Lo dice una fuente que conoce cada recoveco del laberinto de la política santafesina. 

El ministro de Defensa saltó empujado por el Presidente para presentar una alternativa en las PASO de Santa Fe, justo cuando el gobernador Perotti arreglaba con Cristina Kirchner, ponía a una senadora de clara identificación K (María de los Ángeles Sacnun) como segunda en la lista que él apoya, y se quedaba con el sello de lista “oficial” bendecida por el Instituto Patria.

Desde ese momento, también, por el Presidente.

Cuando a Rossi le dijeron que debía recular ya era tarde. Perotti lo ninguneó feo y le mojó la oreja, Rossi se enojó y siguió adelante y luego se enteró por TV que el Presidente lo renunciaba desde Lima: nadie que sea candidato puede seguir siendo ministro, dijo Alberto Fernández.

Y el ministro de Defensa quedó pedaleando en el aire. Sin Ministerio; ni defensa.

Ahora tiene que ir a una interna contra el gobernador, a quien enfrentará aliado a la vicegobernadora Alejandra Rodenas. Así son de extrañas las cosas en Santa Fe. El problema del Chivo es la reputación de los socios que lo apoyan y le armaron la lista.

Su hermano Alejandro Rossi -conocido en la provincia como “Fratacho”- tejió la alianza definitiva para el lanzamiento del ministro saliente con Armando “Pipi” Traferri, un senador provincial a quien le pidieron el desafuero tras ser denunciado por un fiscal como el “padrino” de las mafias del juego ilegal en la provincia.

El fiscal que lo señaló, junto con otro, está preso: protegía a esas mafias, cayó y declaró contra Traferri como “arrepentido”.

La batalla contra Traferri y sus supuestos negocios multimillonarios en el departamento San Lorenzo -al que pertenece el puerto exportador más importante del país- es la piedra angular de la interna santafesina: el gobernador Perotti alentó las investigaciones contra Traferri, que denunciaba una persecución.

Traferri nunca pudo ser indagado porque se amparó en sus fueros, pero está citado para el 23 de agosto: lo imputarán formalmente por corrupción.

Es quien negoció y cerró la fórmula de Rossi junto a la vicegobernadora, una ex jueza que entró a la política provincial de su mano.

Pese a la sustanciosa investigación judicial en su contra -los fiscales ya difundieron escuchas y testimonios contundentes-, Traferri estuvo en el Ministerio de Defensa el día en que se cerraban las listas.

“Fue a la Casa Rosada, pero Wado De Pedro no lo recibió. En cambio, en Defensa se sacó una foto con el ministro Rossi”, cuentan en Rosario. La foto circula en las redes sociales.

Rossi queda entonces sin Ministerio, enredado en una interna que el Gobierno no bendice y asociado al senador sospechado de corrupción.

Y llega a una situación inesperada: kirchnerista de la primera hora, va a enfrentar en las PASO a la lista que apoya Cristina.

Saltó al vacío empujado por el Presidente y, en pleno descenso, le sacaron el paracaídas.

Rossi deja el Ministerio mientras se confirma que el Ejército tiene contratos con Apache Solutions, la empresa de tecnología en seguridad propiedad de Chien Chia Hong, pareja de la modelo y asesora de Presidencia Sofía Pacchi y uno de los que entró a Olivos para ver al Presidente y su mujer en 2020, en plena cuarentena.

Las licitaciones del Ejército Argentino fueron ganadas por el empresario taiwanés ese mismo año. El comandante en jefe de las Fuerzas Armadas es Alberto Fernández.

El frío de la soledad es más inclemente que el del invierno. Únicamente Leandro Santoro, candidato kirchnerista en la ciudad, salió a apoyar a Rossi en la mala: “Estoy para lo que necesite... le dio mucho a nuestra causa”, dijo.

Muchos otros se quedaron mirando de reojo y en silencio.

Rossi intenta ahora defender una identidad que sus jefes ya no le certifican en público: “Perotti me dijo que era inconveniente que yo participe por ser kirchnerista”, dice, jugando a la lealtad incondicional.

Difícil que conmueva a los corazones pétreos que lo empujaron escaleras abajo y sólo sacan cuentas electorales. 

Fuente: Clarín sobre una nota de Héctor Gambini

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