Entrevista al papa Francisco: Borges, Messi, Buenos Aires y San Lorenzo

CIUDADANOS 01 de septiembre de 2021 Por Marian SANZOTTI
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El papa Francisco le concedió una extensa entrevista a Radio Cope, de España, en donde abordó una amplia agenda de temas y descartó especialmente los rumores que indicaban que tenía pensado renunciar.

De hecho, responsabilizó por la versión de una supuesta salida del Vaticano a su Patria, la Argentina, donde mucha veces -entiende- se realizan interpretaciones de sus expresiones que no son correctas. “Yo me callo, porque aclarar es peor”, argumenta con cierta resignación.


El periodista Carlos Herrera indagó además por la relación que mantuvo el joven Jorge Bergoglio con Jorge Luis Borges; pidió detalles sobre su entorno familiar y le preguntó por algunas de las debilidades del Santo Padre: Buenos Aires y San Lorenzo.

En esta nota, se reproducen fragmentos del reportaje realizado por la emisora española y republicado por Vatican News.


- ¿Por qué le hacía tanto caso a ese jesuita?

- Yo no sé por qué. Yo me acerqué a él porque era muy amigo de su secretaria. Y después una simpatía... Yo no era cura cuando lo conocí. Tendría 25 o 26 años cuando le conocí, y enseñaba en Santa Fe como jesuita, en esos tres años que enseñamos en colegio los jesuitas, y le invité a venir a hablar a mis alumnos de Literatura. Y vino, y tuvo su curso… Yo no sé por qué. Pero era un hombre muy bueno. Muy bueno.

- Le hemos oído mucho hablar de su abuela paterna, de la abuela Rosa, pero le hemos escuchado menos hablar de su madre, o quizás directamente no le hemos escuchado...

Ahí lo que sucede son dos factores. Somos cinco hermanos muy abueleros todos. Dios nos ha conservado los abuelos hasta grandes. El primer abuelo, el más lejos de todos, yo lo perdí cuando tenía 16 años y la última abuela cuando yo era provincial de los jesuitas. O sea que los abuelos nos acompañaron. En casa había además una costumbre, las vacaciones las pasábamos los cuatro mayores, porque la menor vino seis años después, las vacaciones las pasábamos con los abuelos, así papá y mamá descansaban un poco. Era divertido. Hay mucho de esa cosa abuelera. De la abuela Rosa lo que yo cuento son las mismas anécdotas de siempre, algunas son muy divertidas. De la otra abuela también cuento anécdotas, como la lección que me dio el día de la muerte de Prokófiev, sobre el esfuerzo en la vida. Cuando yo le pregunté a ella cómo habrá hecho ese hombre para llegar. Yo era un adolescente. Y de mamá sí, también recuerdo muchas cosas que también las digo. Pero por ahí llama la atención más lo de la abuela porque me repito con algunas cosas curiosas de la abuela, algunas irrepetibles por carta, por programas de radio… algunos dichos que nos enseñaron mucho. Pero, aparte de que éramos muy abueleros, los domingos a casa de los abuelos y después a la cancha a ver al San Lorenzo. Pero los abuelos incidieron mucho en nuestra vida.

- No ha vuelto a ver San Lorenzo porque no quiere ver la televisión desde hace años...

Sí. Yo hice una promesa el 16 de julio de 1990. Sentí que el Señor me pedía eso, porque estábamos en comunidad viendo una cosa que terminó chabacana, desagradable, mal. Yo quedé mal. Era un 15 de julio a la noche. Y al día siguiente, en la oración, le prometí al Señor no verla. Evidentemente, cuando asume un presidente lo veo, cuando hay un accidente aéreo, lo veo, esas cosas… pero no soy adicto a ello.

- No ha visto la Copa América, por ejemplo.

No. Para nada.


- ¿Cómo combate la nostalgia el Papa francisco, quién le cocina los palitos de anís o lo que desayunaba siempre en La Puerto Rico?

La nostalgia mía trato que no sea de tipo melancólico, otoñal, aunque una cosa linda del otoño argentino, de Buenos Aires, eran los días nublados, de mucha niebla, donde no se veía a diez metros desde la ventana, y yo escuchando a Piazzola. Eso sí un poco lo extraño, pero Roma tiene sus días de niebla también. Nostalgia, no. Ganas de ir de una parroquia a otra caminando, sí; pero nostalgia, no.

- ¿Se acabó la etapa de dolores de cabeza por palabras que se le iban de más o que le atribuían que se le iban de más y que tenían consecuencias con cosas que usted no contaba?

El peligro siempre está. Una palabra puede ser interpretada de un lado o de otro, ¿no es cierto? Eso son cosas que suceden. Y qué sé yo… ¡Yo no sé de dónde han sacado la semana pasada que yo iba a presentar mi renuncia! ¿Qué palabra habrán tomado en mi patria? De ahí salió la noticia. Y dicen que fue un revuelo, cuando a mí ni se me pasó por la cabeza. Delante de interpretaciones que nacen un poco distorsionadas de alguna palabra mía yo me callo, porque aclarar es peor.

¿Se habla mucho de fútbol aquí en Santa Marta?

Sí, del fútbol italiano. Estoy aprendiendo a conocer un poco las cosas. Se habla mucho de fútbol, sí.

¿Qué tal jugador de fútbol era usted, Santidad?

Yo era un palo. Me llamaban ‘el pata dura’, por eso me metían siempre al arco, ahí me defendía más o menos bien.

- Nuestro programa ‘Tiempo de juego’, nuestros compañeros, cuando les decía que iba a venir a ver al Papa, “por favor, que te diga el papa qué piensa del fichaje de Messi, se ha ido a Francia”. ¿Qué se le antoja de todo el mundo de fútbol, lo sigue de cerca?

Yo escribí una pastoral sobre el deporte. Una pastoral que no era una pastoral. En dos pasos. Primero fue el artículo que publicó la Gazzetta dello Sport el 2 de enero de este año y en base a eso se hizo después –lo corregí yo-- la pastoral. Un artículo entrevista. Yo digo solo esto: para ser un buen futbolista hay que tener dos cosas: saber trabajar en equipo y no ser como decimos en Buenos Aires en nuestro argot, uno que se ‘morfa’ la pelota, sino siempre en equipo. Y segundo, no perder el espíritu amateur. Cuando en el deporte se pierde ese espíritu de amateur se empieza a comercializar demasiado. Y hay hombres que han sabido no dejarse manchar por esto y derivar sus ganancias y todo para obras de bien y fundaciones. Pero trabajar en equipo, que es una escuela de equipo el deporte, y no perder el espíritu de amateur.

Fuente: Infobae

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