Están jugando con fuego

OPINIÓN Por Mónica Gutiérrez*
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Entramos de lleno a una nueva anormalidad. Una situación que no debemos naturalizar. A la que no debemos acostumbrarnos porque nada tiene de normal.

No hay dos gobiernos. Hay solo uno. Hay un Presidente y su Vice. Hay un Presidente y sus ministros.

Ocurre que la Vice, que es quién eligió a su compañero de fórmula sin consultar nada con nadie, hoy lo puso al Jefe de Estado bajo su mira. Lo descalifica, lo sabotea, lo vacía de poder y lo humilla.

Ocurre también que los ministerios están loteados y los ministros son contrariados por sus secretarios y subsecretarios. Esto está pasando en casi todas las carteras.

Presupuestos que no se ejecutan, órdenes que no se acatan, decisiones que se cuestionan. Descalificaciones que se viralizan. Así llegamos hasta aquí. No fue magia.

Las disputas son cada vez más feroces y tramitan a cielo abierto. Cartas intimidatorias y/o extorsivas. Advertencias apocalípticas. Temerarios pases de factura. Nadie quiere ser menos que nadie. Todos apuestan a diferenciarse, a salvar la piel, a despegarse.

Son parte del problema pero no quieren hacerse cargo de las durísimas consecuencias que acarrea la solución.

El kirchnerismo echa mano a sus peores mañas. Hacia adentro también la culpa es de otro. Hay especuladores políticos en todos los pliegues del Frente que nos gobiernan.

Hay demonios conspirando para que todo se pudra y pronto. No acechan solo en las góndolas. Se agazapan travestidos en los púlpitos del oficialismo, en las redes sociales de la discordia, en los vertiginosos algoritmos que llevan y traen memes y carpetazos.

Es todo muy raro. El Frente de Todos es ahora el Frente de Nadie. Los que nos trajeron hasta aquí miran todos para otro lado. “Yo señor? No señor. Pero entonces, ¿quién lo puso?

La Vice festeja las humillaciones al Presidente. Es notable. Se deleita comiendo su propia cría. Suena horrible, aberrante.

Con sus chicanas y displicencias ella habilita una furibunda embestida contra el albertismo. Ella y los suyos están arrastrando la autoridad presidencial.

Esta semana terminó de consolidarse la fractura. Nada que haga o diga Alberto Fernández hará cambiar la ponderación que el núcleo duro K tiene de él. No lo quieren.

No la une el amor, pero tampoco el espanto. Están jugando con fuego.

El regalito de cumpleaños, un libro que Alberto Fernández ya dijo que no necesita leer, porque vivió de cerca la dramática “temporada en el quinto piso”, fue una provocación de la que no hay retorno. Lo dejó pataleando el aire, de cara a un precipicio.

Entretanto el peronismo se realinea. Huelen dónde está el poder y se acomodan.

El Presidente que prometió unir a los argentinos no logra mantener ni siquiera cohesionada la fórmula que lo parió.

Máximo Kirchner emerge desafiante. “Yo no quiero ni juego a las divisiones pero tampoco soy de los que piensa que hay que amontonarse por amontonarse”. El heredero K busca hacer pie en la Provincia de Buenos Aires con un discurso absolutamente confrontativo.

“Hay que dejar de quejarse si cortan una calle… hay que hacerse cargo de la gestión. Hay que cortarla con las pendejadas de la televisión”. Teléfono para Juanchi Zabaleta, el Ministro de Desarrollo Social de la Nación, un hombre del albertismo que no despierta los mejores sentimientos entre los K.

En su diatriba del jueves, Máximo apañó los cortes y piquetes reforzando suspicacias. ¿Estuvo La Cámpora detrás del acampe de la semana pasada cuya autoría se atribuyó la Unidad Piquetera, un colectivo que tensiona con las organizaciones sociales que responden al Ejecutivo?

Máximo no dejó margen para dudas. No hay unidad posible. Alberto puede desgañitarse invocando la unidad. No hay caso.

“No creo que un trabajador quiera unidad para no llegar a fin de mes”. Es la línea discursiva que sostiene el jefe de La Cámpora.

Ninguna de las tantas palabras bonitas que Alberto le dedicó al heredero de los dos presidentes alcanzan para aplacar su beligerancia. Cuestión de piel.

Tampoco “Axelito” le tiene piedad. “No hay que tener miedo de confrontar con intereses”, le dedicó luego de asegurar que en el conurbano está todo mal, que la situación no da para más. “No tenemos que tener miedo de enfrentar intereses de ciertos sectores”, dijo el Gobernador, quien este viernes se volvió a mostrar con Máximo Kirchner. Un claro mensaje a Alberto Fernández.

Massa entretanto pide “no hacer leña del árbol caído”. El árbol caído viene a ser Alberto. Si hubo buena intención no se notó.

El Presidente de la Cámara Baja y, líder del Frente Renovador que forma parte de la coalición que nos gobierna, ha hecho saber que si la fórmula presidencial no recompone su relación puede levantar sus juguetes e irse del Frente. Los trascendidos y sus declaraciones alimentan una caldera en peligroso punto de ebullición.

Todos juegan con fuego. Entramos en una dinámica temeraria.

Los precios de los alimentos galopan. La energía se encarece y escasea. Tal vez sean esas las urgencias más apremiantes. La inflación es hoy un problema del mundo, pero, como ocurrió con la pandemia, a nosotros nos encuentra en estado de extrema precariedad.

El Secretario de Comercio admite su impotencia. El hombre que no logra domar a las góndolas acusa a Guzmán por la embestida inflacionaria. Pide retenciones móviles.

Roberto Feletti, comisionado por CFK para contener, sin lograrlo, el alza de los precios hace su aporte a la desazón generalizada: “Esto se va a poner feo…bajar la inflación es tarea de la macroeconomía, responsabilidad del Ministro de Economía”.

“Pensar que la Secretaría con cuatro canastas y dos fideicomisos para trigo y aceite puede frenar un contexto de impacto internacional con los insumos y los productos exportables sobre los precios es, efectivamente, pedir un milagro”. Echale la culpa a Putin.

En un momento en el que el mundo demanda alimentos y el precio de los commodities vuela nosotros apenas si podemos pensar estrategias para alimentar a los nuestros.

Extraviado por quién sabe dónde, el Ministro de Desarrollo Territorial y Hábitat de la Nación dijo que “todos los indicadores macroeconómicos están dando fabulosos”. En una suerte de revival menemista del “estamos mal pero vamos bien”.

Jorge Ferraresi, quién también se sueña candidato para 2023, pierde de vista que no es la oposición sino el poderoso frente interno el que está alimentando el más potente de los combustibles inflacionarios: las expectativas negativas.

Otro papable, Juan Manzur, a quién los suyos llaman Juan XXIII, hizo votos públicos para que las diferencias entre Alberto y Cristina se resuelvan “a la brevedad”.

El Gobernador tucumano en uso de licencia, que agarró la papa caliente de la Jefatura de Gabinete tras las elecciones de medio término, descartó de plano un llamado a la Asamblea Legislativa. No habrá adelantamiento de las elecciones nacionales. No se está pensando en eso, aseguró.

La vocera presidencial dijo que el Gobierno “no considera que sea un problema” que Alberto Fernández y Cristina Kirchner no se hablen. También dijo este jueves que “no hay ningún riesgo de hiperinflación”.

“El silencio es salud”, rezaba la consigna de una campaña sanitaria que bien podría extrapolarse a estos tiempos de la política.

El Presidente no tiene que responder a los agravios y concentrarse en la gestión. Eso esperan los que los rodean, los que creen que hay vida para el albertismo no nato después del 2023.

Analistas muy agudos dicen que el Presidente irá llevando relato y hechos, en un intento de sostener la gobernabilidad que día a día se torna más frágil.

Ella en cambio se concentrará en el relato. Es su especialidad. Algunos consideran que no está tan incómoda después de todo. Sin acuerdo todo sería mucho peor. Flota en la ilusión de que se puede estar adentro y afuera al mismo tiempo. Solo se trata de ir inventando situaciones para mantener la narrativa que la sostiene como dueña y señora en el pauperizado corredor sur del conurbano bonaerense.

El proyecto de cargar con impuestos los activos externos no declarados va en esa línea. Es un delirio pero sostiene la conversación y alimenta el mito: sacarle a los ricos para dar a los pobres.

Todos están para anotarse en esa foto. Garpa.

Un blanqueo encubierto dicen los especialistas. Un proyecto a la medida de corruptos y lavadores. ¿Por qué no atrapar a los evasores y aplicarles los correctivos que prevé la ley? De premiar con cash la delación mejor ni hablar: a algunos los aterra y a otros les produce vergüenza ajena.

No es cierto como dice Alberto que el acuerdo no supone un ajuste. El tema es quién lo paga. La inflación que no da tregua. Se espera un índice cercano al 6% para marzo. Un número aterrador.

La Canasta Básica Total aumentó un 9%, llegando a $83.807 cuando el ingreso promedio de los trabajadores registrados es según el Ministerio de Trabajo de la Nación de $89.931.

Los últimos datos oficiales de pobreza que dan cuenta de 17 millones de pobres sin registrar el brutal incremento del precio de los alimentos y combustibles del último trimestre.

Si lo que lo que buscan los que juegan a la oposición sin dejar sus lugares en el oficialismo es cambiar el rumbo económico, interviniendo en las decisiones, o solo intentan resguardar el relato está por verse. La bomba de tiempo de la pobreza es muy difícil de desactivar. El riesgo de una espiralización de la inflación acecha.

Sin Cristina no se puede y con Cristina sola no alcanza. Esa fue la convicción que inspiró la fórmula gubernamental contra natura que votamos en 2019. Resta saber qué pasará con CFK jugando abiertamente en contra de su propio gobierno.

* Para www.infobae.com

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