Javier Milei en el camino "disruptivo" de los que ganaron las presidenciales

POLÍTICA Por Agencia de Noticias del Interior
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En la política argentina cualquier novedad parece nueva, valga la redundancia. Pero ahora el "fenómeno Milei", como antes fueron María Eugenia Vidal, Mauricio Macri, Carlos Menem pero, sobre todo, quien se inició como "fenómeno", el primer presidente desde la recuperación de la democracia, Raúl Alfonsín. Más allá en el tiempo, hasta Juan Domingo Perón, si bien era funcionario de la junta militar de aquel entonces, llegó como el "antisistema". 

Javier Milei es la moda de un momento muy particular, donde la desazón de tantísimos años de frustración, donde los dirigentes solo trabajan para su gente afín y terminan dándole la razón a un economista histriónico que encontró un término tan potente y distintivo como hace una década fue La Grieta. La palabra del momento es "casta". 

Con eso identifica todo lo que para la nueva generación es parte del problema, el atraso y el estancamiento. En un país que no crece desde hace más de medio siglo, y donde los únicos que mejoran su calidad de vida son los políticos, gremialistas y los que participan de ese "circo", es lógico que la gente que no ve mejoría alguna en sus vidas piensen en Milei. Es más, aquellos que determinan sus ingresos y políticas terminaron generando millones de planes sociales y los ingresos de los trabajadores blanqueados no alcanzan para cubrir la canasta básica.

Sin más compromisos que ser "distinto y original", Milei crece con un discurso anti sistema e inorgánico, que propone soluciones, por lo menos, poco ortodoxas. La "locura" le sirve para no atender cuestiones que lo incomoden y su hermana Karina, una verdadera organizadora de su día a día, sirve para mantener distancia y funciona como un excelente filtro.

Cualquiera que no tenga que dar explicaciones más que a su propio entorno, que necesita de su beneplácito para actuar, puede crecer sin exponer sus pensamientos más que a una opinión pública descreída de todos los que vienen prometiéndole soluciones tan fáciles como las que él expone, como "bajar la inflación es lo más fácil que hay", o "con la plata de las Lelics les vamos a pagar a los jubilados". Ni hablar de llenar la heladera con el asado del domingo... 

"Síganme, no los voy a defraudar" fue una campaña política también disruptiva. Elíptica, prometía la "Revolución Productiva" que terminó con más de la mitad de las vías férreas en desuso, una brutal caída de la producción nacional y una paz inflacionaria que explotó cuando terminó la convertibilidad. 

Ese Menem le ganó al "establishment" representado por el primer Cafiero, Antonio, el gobernador de la Provincia de Buenos Aires, autor de la Renovación Peronista y dueño del entonces "aparato peronista". Antes que él, Raúl Alfonsín había hecho algo parecido.

Primero conquistó a la juventud de su partido. Luego le ganó a los antiguos jefes de la Línea Nacional y terminó ganándole al favorito Ítalo Argentino Lúder, representante del Partido Justicialista. Alfonsín, también el original, había ganado prometiendo que con "la Democracia se Cura, se Come y se Educa" y recitaba el preámbulo de la Constitución Nacional tras la peor dictadura militar que sufrió latinoamérica. 

Tanto Alfonsín como Menem eran "disruptivos" dentro de sus propios partidos. Pero tenían partido, a diferencia de Milei, cuyas explicaciones debe dárselas a un puñado de personas de confianza. 

Tiempo después, fue Néstor Kirchner el que pudo armar la "transversalidad" de la Concertación Plural tras la crisis del 2001. Si bien para que él tuviera paz hubo un proceso encarado por la "política tradicional" encabezada por Eduardo Duhalde, cuya figura más notable fue Remes Lenicov, primero, y Roberto Lavagna, después. 

Por eso Kirchner consiguió el apoyo de los radicales como Julio Cobos, Gustavo Posse y Alfredo Cornejo, entre otros. Muchísimo tiempo después, cuando ya Cristina Fernández había heredado su discurso, se sumaron Leopoldo Moreau, Alberto Fernández y Ricardo Alfonsín, Para estos tiempos, ninguno de los tres originales están en ese espacio que armó la victoria de 2007 con "Cristina, Cobos y vos".

Mauricio Macri es otro de los que pueden ser caracterizado como un "outsider", que encontró su lugar en el mundo con su presidencia exitosa en Boca Juniors. Hasta ese momento, nadie, ningún consultor y mucho menos la dirigencia política pensaba que podía llegar hasta la Presidencia de la Nación. La Familia Macri no tenía una imagen ni popular ni cristalina. 

El gobierno de la Ciudad hizo mucho para generar una nueva imagen para Macri y el PRO. En ese equipo, su vice, María Eugenia Vidal, tuvo la enorme suerte de competir contra Aníbal Fernández en el peor momento del kirchnerismo cristinista. Le duró lo mismo que su éxito electoral. Cuando terminó, se desangeló o cometió el gran error de dejar de ser "orgullosamente bonaerense".

Con sus estilos y en sus épocas, todos los máximos dirigentes del país terminaron siendo disruptivos, originales y ganadores ante la "casta preexistente". Sin embargo, las maneras en las que llegaron los hacían tener límites, tanto sean partidarios como humanos. Nada de eso parece tener Milei, aunque su soledad, hasta ahora, no le preocupa a nadie. 

Por eso el radicalismo le da difusión a su figura más parecida, Facundo Manes. Lejos de la política tradicional, tuvo el primer aporte a la vida democrática al incorporarse a un partido como la Unión Cívica Radical. Sin embargo, hasta ahora demostró una autonomía que pone nerviosos a varios de sus aliados, empezando por el más tradicional Gerardo Morales.

En cuanto al PRO presenta a Patricia Bullrich, la más experimentada de todos los candidatos a presidente que tiene hoy la grilla. Nacida en la Juventud Peronista de los '70, transitó por el peronismo tradicional, se codeó con el menemismo, fue parte de la Alianza y terminó rodeada por Elisa Carrió y arropada por el propio Macri en el PRO. A pesar de todo eso, la gente cree que es diferente. 

¿Milei es un nuevo fenómeno o un oportunista que se codeó con un gran consultor?... El tiempo demostrará para qué está. Lo que queda claro es que lo que hace no es nada original.

Fuente: MDZ, sobre una nota de ALEJANDRO CANCELARE

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