Facundo Moyano: “El peronismo tiene que estar preocupado por debatir un proyecto de país y no un proyecto electoral”

POLÍTICA 21 de agosto de 2022 Por Ricardo Carpena*
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Parece un librepensador en un espacio como el peronismo, demasiado flexible en sus políticas, pero muy duro contra quienes opinan en forma distinta del líder de turno. Facundo Moyano transmite esa misma sensación como parte activa del sindicalismo, otra corporación tan rígida que castiga las disidencias y alienta el disciplinamiento absoluto. Por eso en los últimos días volvió a llamar la atención cuando el secretario adjunto del Sindicato de Trabajadores del Peaje se diferenció de sus colegas de la CGT y se animó a criticar a los dirigentes que no le apuntan al Gobierno por el alza de la inflación.

No tuvo mucho acompañamiento de sus pares. Quedó en un estado de soledad similar cuando, desde su banca de diputado nacional y cargo de secretario general del gremio, presentó un proyecto de ley que impulsaba la democratización sindical. Sucedió lo mismo cuando, en una entrevista con Infobae realizada en 2020, propuso debatir “modificaciones” en la legislación laboral para combatir el trabajo en negro, además de aportes patronales diferenciados y un régimen indemnizatorio distinto.

Ese pensamiento autónomo lo llevó a decisiones muy inusuales para la clase dirigente argentina: abandonó la jefatura del Sindicato de Peajes en marzo de 2017 para aplicar lo mismo que había predicado, la limitación de los mandatos gremiales, y hace un año renunció a su banca legislativa, cansado del esquema de obediencia exigido por Máximo Kirchner. “Mi ideal es una Argentina con pymes, comercios e industrias que generen empleo y hoy considero que puedo contribuir mejor a eso fuera del Congreso”, dijo en la carta donde fundamentó su decisión de dejar el Frente de Todos.

Otra rareza: volvió al sindicato en octubre de 2021 como secretario adjunto de Florencia Cañabate, una de las pocas mujeres que llegó a conducir un gremio en el país. Ahora, en la entrevista con Infobae, Facundo Moyano cuestionó a los sindicalistas de la CGT que se resisten a criticar al Gobierno pese a los malos resultados económicos: “Un dirigente sindical no puede no reclamar ante esta situación. Es inaudito. No tiene el derecho a reclamar, tiene la obligación de reclamar”.

Más extraño aún, no planteó una oposición cerrada al ajuste económico: “Hay cosas en las que tenemos que ser claros y que van más allá de la ideología y van más allá de la historia: son cosas que hay que hacer -dijo-. Lo primero que tiene hacer la política y el sindicalismo es sincerarse. A partir de que nos sinceremos y digamos “che, hay que hacer estos ajustes”, no lo dibujemos de otra manera”.

Además, reiteró y amplió la propuesta de discutir la legislación laboral para proteger a más trabajadores y se mostró implacable al analizar a su partido: “El peronismo tiene que estar preocupado por debatir un proyecto de país y no un proyecto electoral”.

— Usted marcó diferencias ante la marcha de la CGT. ¿Por qué?

— El mensaje que pensó la CGT fue un poco difuso. Me siento un dirigente sindical más allá de que no encabece la organización a la cual pertenezco, que es el Sindicato de Peajes, pero sí encuadrado dentro del frente sindical que encabeza uno de los secretarios generales de la CGT que es Pablo Moyano. Y hay algo que también se lo he transmitido a él, que es la consigna difusa contra los formadores de precios. ¿Quiénes son los formadores? ¿Los dueños de las cadenas de los supermercados? Porque hay que personalizar. Primero, intentando claridad para el trabajador que es convocado a esa marcha y para el conjunto de la sociedad que, en definitiva, ve como un hecho político una marcha que no solamente tiene que estar supeditada al trabajador que concurre sino al conjunto de la sociedad.

— ¿Qué quiere decir?

— No estoy diciendo que no haya responsables directos, pero hay un Estado que tiene herramientas para controlar un fenómeno como la inflación, que es multicausal, que empezó a ser un problema hace 20 años y que se transformó cada vez en un problema mayor cuando fue erosionando el poder adquisitivo del salario. Por eso no hay un gobierno responsable de la inflación con formadores de precios y especuladores y otro gobierno que no lo es y que está amenazado por esos especuladores y formadores de precios. ¿Wal-Mart sería una cadena formadora de precios? El dueño de Wal-Mart estaba en la asunción del nuevo ministro de Economía. Con esto no quiero decir que la responsabilidad total sea de Sergio Massa, con quien tengo una muy buena relación. Está encargado de resolver un problema que se ha profundizado lamentablemente con este gobierno por un montón de circunstancias sobre las cuales tenemos que poner un foco y un análisis, pero la realidad es que esas circunstancias existen a nivel mundial, como la guerra, la pandemia, y en casi ningún país la inflación es del 100%. De hecho, la guerra fue en Ucrania y ahí hay una inflación interanual de julio a julio de 22%. El Gobierno tiene gran responsabilidad en el control de la inflación.

— ¿Por qué le cuesta tanto a la dirigencia de la CGT criticar al Gobierno por la inflación?

— No puedo hablar en nombre de la CGT. Puedo intentar un análisis. Lo charlé con varios dirigentes: no les cuesta la crítica (contra el Gobierno) a los propios integrantes del Frente de Todos y le cuesta a la CGT. Por lo menos, expresarla en forma clara. Muchos dirigentes han cuestionado al Presidente, inclusive Pablo Moyano. La realidad es que todo el Gobierno es responsable y que otros gobiernos también fueron responsables de este fenómeno multicausal que afecta el bolsillo de los que menos tienen. Ahora, ¿cuando había inflación en el gobierno de Macri el responsable era el presidente y ahora no hay una cuota de responsabilidad por parte del Gobierno? Si muchos integrantes del Frente de Todos, empezando por la Vicepresidenta que fue quien eligió a Alberto Fernández, lo cuestiona y le exige que use la lapicera, no tiene reparos en hacer una crítica a su propio gobierno, ¿cómo los puede tener la CGT si los sindicatos son organizaciones libres del pueblo? Ahí es donde creo que los dirigentes sindicales tenemos que tener una contundencia y una claridad mayor. Lo primero que hay que hacer para aportar a la solución de un problema es reconocerlo.

— Si sos un dirigente en contacto con las bases te da mayor legitimidad criticar sin anteojeras partidarias ni ideológicas. ¿No es un facilismo criticar sólo a los formadores de precios?

— Los formadores de precios existen siempre. Los especuladores existen siempre. Ahora, primero tenemos que identificarlos, está claro quiénes son. No es el almacenero que tiene que subir los precios porque le tiene que pagar a los empleados que no llegan a cubrir la canasta básica. No es el comercio que tiene 10 empleados que también tiene obligatoriamente una remarcación de precios porque todo esto viene de una cadena, hay oligopolios, hay monopolios de determinados insumos o productos primarios que establecen precios. Eso está clarísimo. Pero hay un Estado con estadísticas, con herramientas. Inclusive hasta para poner presión o límite a esta especulación. Que es un poco donde pone acento Pablo Moyano cuando dice: “Pongan límite donde tienen que ponerlo”. Vamos a estar peleando por no llegar a los tres dígitos de inflación en el año 2022 y esto realmente es un problema que no se le puede endilgar a un enemigo invisible. ¿Dónde está el enemigo? Bueno, para eso se vota un gobierno, para que resuelva estos problemas. Este mes se cumple un año de mi renuncia al Frente de Todos: esperaba que realmente se volviera al gobierno para ser mejores, pero lamentablemente no fue así. Tenemos una deuda pública altísima, de 65.000 millones de dólares. Más allá de la deuda que dejó el gobierno de Macri, del que fui ultracrítico y me opuse a la mayor parte de las medidas que quiso imponer como la reforma laboral, que finalmente no fue así.

— De todas formas, usted considera que hay que hacer una reforma laboral.

— Cuando analizamos el mapa del mundo laboral vemos una dificultad que antes no existía: que el trabajador esté dentro del sistema laboral registrado no le garantiza estar por fuera de la pobreza. Hay innumerable cantidad de trabajadores registrados que tienen un salario de bolsillo que está por debajo de la canasta básica alimentaria, que es de 111.000 pesos. Una familia tipo para no ser pobre tiene que estar por encima de 111.000 pesos. Es decir, la Ley de Contrato de Trabajo que está redactada por el peronismo y es del año 74 no contiene al trabajador dentro de la dignidad que merece el trabajador en un gobierno peronista. Entonces lo que hay que plantear primero es qué modelo de trabajo quiere el peronismo. No está ese debate. Porque, por un lado, está la exigencia del salario básico universal, que banco conceptualmente, lo puedo compartir y más teniendo en cuenta un mundo que cambia paradigmas. Nosotros, como sindicalistas, como políticos, tenemos que pensar de qué manera nos adaptamos a esa cuarta revolución industrial. La realidad es que el mapa laboral de hoy nos obliga a pensar en que los sistemas de trabajo, como mínimo, se tienen que discutir. Y no estoy hablando a favor de una reforma laboral liberal. Pero la reforma laboral la hace el mercado y la hace también el Estado. Lo he hablado con Emilio Pérsico, que es funcionario del Ministerio de Desarrollo Social y en el año 2020 tenía gente con contratos precarios de trabajo que cobraba, con horas extras y todo, 35.000 pesos. Ahora estará cobrando 50 lucas. La canasta básica alimentaria es de 110 lucas. O sea, personas trabajando 6 u 8 horas en el Estado, en el Ministerio de Trabajo inclusive, o en el INDEC, cobrando por debajo de la canasta básica con sistemas de trabajo precarizados. Después tenemos lo que está pasando, por ejemplo, en la recolección de residuos. Distritos peronistas como Moreno, Avellaneda o Quilmes, ante el elevado costo laboral que tienen cooperativizan o municipalizan. Es un fenómeno que está pasando y va a seguir pasando. Por eso la reforma laboral que no se hace en favor del trabajador la termina haciendo el mercado con un Estado que mira para otro lado.

— Sí, y se hace sin controles ni garantías para el mismo trabajador.

— Hoy hay precarización laboral en el Estado. Hay precarización laboral de trabajadores sindicalizados dentro de la Ley de Contrato de Trabajo. Esta discusión, en un gobierno peronista, nos obliga a repensar qué modelo laboral queremos.

— ¿Por qué el Estado precariza el trabajo en lugar de combatirlo?

— Te hago una pregunta: ¿cómo el Ministerio de Trabajo, que tiene trabajadores precarizados por debajo de la canasta básica e inspectores que están con contratos de fraude laboral, va a inspeccionar a un trabajador que está por fuera de la ley? Eso lo sabemos y es una cuestión estructural, no es sólo de este gobierno. El ministro de Trabajo se encontró con esa realidad. Lo puede cambiar. ¿Se puede blanquear a trabajadores? Sí, con voluntad política y alianzas con los sindicatos se puede trabajar sobre una registración general. Y eso contribuye a fortalecer el sistema previsional e impositivo.

— Usted habló de la necesidad de discutir la legislación laboral en una entrevista que le hice hace dos años. Nada cambió desde entonces. ¿Por qué sus colegas sindicalistas no respaldan esta posición, pese a los malos resultados que hay en el mercado laboral? ¿Hay dogmatismo?

— Hay dogmatismo y también una cuestión generacional. Acá sí voy a utilizar un rótulo: si no repensamos la cuestión laboral y no incluimos a trabajadores con más derechos, vienen los que piensan de otra manera, la derecha, el neoliberalismo, como quieran llamarlo, y van por todo, por los que están afuera y los que están adentro. Tenemos que incluir a los que están afuera.

— Más allá de que es muy relativo hablar de izquierda y derecha en este contexto de un peronismo que desprotege a trabajadores, si usted se refiere a Juntos por el Cambio, sus dirigentes dicen que no hay ningún plan que contemple a afectar los derechos adquiridos sino en apuntar a una legislación que facilite la contratación de nuevos empleados.

— Sí, pero la reforma laboral que intentó el macrismo, que tenía muchos aspectos negativos y cosas que había que discutir, pero no de la manera que lo planteó, hay que hacerla con las organizaciones sindicales. Es imposible pensar algún tipo de cambio en beneficio del trabajador sin el acompañamiento del mundo sindical.

— ¿Realmente cree que sus colegas del sindicalismo se van a sentar en una mesa a debatir una reforma laboral si Juntos por el Cambio vuelve al gobierno?

— Yo esperaría que los convoque un gobierno peronista.

— No se ha dado, hasta ahora.

— El problema es que hay que definir qué es el gobierno peronista.

— O qué es el peronismo, en realidad.

— Qué es el peronismo. Nosotros, o muchos dentro del Frente de Todos, hablan de la derecha. El tema es repensar qué somos nosotros. Es decir, si hablamos de la derecha, seríamos la izquierda, la nueva izquierda, el peronismo...

— Pero si no representás los intereses de los trabajadores, ¿sos de izquierda o de centroizquierda? ¿Podés decir que sos peronista, en todo caso?

— ¿Vos sabés cuántas veces perdió el peronismo de Perón? Nunca. Estaba legitimado por el pueblo. Inclusive hasta cuando había enfrentamientos dentro del movimiento, ganó con un 61,85% de los votos el 25 de septiembre de 1973. El peronismo estuvo acompañado por el pueblo trabajador fundamentalmente en un contexto histórico diferente. Ahora, en este nuevo peronismo con muchos interrogantes hemos perdido muchas veces. Y cuando el pueblo no te vota quiere decir que algún error estás cometiendo. Después de la derrota electoral del año 2021, que fue la peor derrota del peronismo unificado en la historia, se intentó decir que perdimos por poco. No, perdimos y hay que hacerse cargo. Como con el sistema laboral. Y creo que es una demanda que le hace la sociedad a la política. Hay que sincerarse. Hay una población económicamente activa de 22 millones de trabajadores y los trabajadores privados del sector privado son más de 6 millones. No llegan a ser el 30% de la población económicamente activa total. ¿Qué significa esto? Que tenemos un mercado de trabajo del sector privado que está un poco por encima de lo que había en los 70. La diferencia es que en los 70 había menos de la mitad de población. Hoy tenemos 47 millones de argentinos, en ese momento había la mitad. Lo primero que hay que hacer para partir de una discusión sobre si hay que hacer algún cambio es reconocer la realidad. Y para el peronismo reconocer la realidad es decir: “Che, ¿por qué no nos está votando la gente? Tal vez porque no le decimos qué modelo de trabajo queremos. ¿Queremos un modelo de planes o queremos un modelo de movilidad social ascendente donde el que labura con la ley amparándolo no esté por debajo de la canasta básica y se pueda ir de vacaciones y darle una buena educación a sus hijos? ¿Cuál es el modelo de salud que queremos? ¿Cuál es el modelo educativo que queremos? ¿Un modelo educativo donde se eduquen los chicos o uno donde los chicos vayan a la escuela para que los cuide la maestra?

— Parece difícil responder desde el peronismo de un gobierno que tiene estos resultados.

— Hablo del peronismo sin estar dentro del Frente de Todos, pero tenemos que redefinir y reconfigurar qué es realmente el proyecto que tenemos. Si vos me preguntabas el año pasado, antes de que renunciara a la Cámara de Diputados, qué proyecto se está debatiendo, yo te decía “ninguno”. Si me preguntás hoy, te digo lo mismo: ninguno. No se está debatiendo ningún proyecto. La Argentina hace años que se debate en términos concretos, más allá de las batallas seudoideológicas, entre administrar el tipo de cambio y tratar de parar la inflación. Llegamos al punto de tener más inflación que Venezuela en el mes de julio. Y no quiero ponerme pesimista, pero seguramente vamos a tener inflación de tres dígitos y posiblemente también estemos por encima de Venezuela.

— Hay algo raro en el hecho de que Sergio Massa esté aplicando medidas que proponía Martín Guzmán, pero ahora hay mayor consenso o tolerancia dentro del Frente de Todos. ¿Por qué sucede esto?

— Ahí es donde tenemos que desideologizar un poco la cosa. Te doy un ejemplo concreto: en AUBASA que es una empresa de la provincia de Buenos Aires, donde no hay especuladores porque el dueño es el gobierno de la provincia, el último aumento de tarifa había sido del 25% en abril de 2019. Ahora hubo otro aumento de tarifa este mes de un 40%. La realidad es que hay un retraso tarifario de 267%. O sea, por no querer quedar pegado al tarifazo que tanto se criticó, que todos criticamos por supuesto porque fue un daño impresionante al bolsillo del trabajador, ahora hay que hacer lo mismo. Pero ¿qué pasa? No se condice con el relato o con la ideología que uno quiere sostener muchas veces desde peleas abstractas. Entonces la realidad es que cuesta mucho porque lo que no está pagando la persona que pasa con el auto por esa autopista lo está pagando un tipo que nunca la usó. La está pagando el Estado de los Ingresos Brutos, de los impuestos. Lo está pagando el bonaerense. Ahí hay un tema a rever. Porque no es que el gobierno genera inflación. Es cierto lo que dijo Malena Galmarini: hay como un sinceramiento de subsidios, como lo quieras llamar. Cada uno puede ponerle el nombre que quiera, pero la realidad es que eso impacta sobre el bolsillo, es inflación y es ajuste. El tema es quién lo hace. Ante esta situación, ¿un gobierno progresista no lo puede hacer? Hay cosas que hay que hacer. Porque cuando se le tuvo que pagar al Club de París en el año 2014 se le pagó. Y se le pagó con creces. Cuando se le tuvo que pagar a Repsol, más allá de la pirotecnia discursiva que había, se le pagó también. Me parece que hay cosas en las que tenemos que ser claros y que van más allá de la ideología y van más allá de la historia: son cosas que hay que hacer.

— Usted lo conoce mucho a Massa. ¿Cómo analiza estas primeras semanas de gestión?

— Coincido con lo que dijo Massa respecto a que él no era un salvador ni un súper ministro. Tiene que hacer lo mismo que iba a hacer Guzmán con el sinceramiento de las tarifas, cumplir con la meta del Fondo Monetario Internacional del déficit fiscal del 2,5%, ordenar la cuestión de los planes sociales. Ahora, no esperemos que la inflación baje a un 10%. No va a pasar. Sí creo que por su capacidad, por sus conexiones y por los respaldos que tiene, Massa puede estabilizar la crisis. No va a dejar de ser crisis, va a estar estable. Tiene una tarea muy difícil, resolver problemas que él no generó, pero sí su gobierno. Y nadie que sea parte del Gobierno se puede hacer el distraído con respecto a esto.

— La duda es qué va a hacer Cristina Kirchner. Si la dueña de la franquicia del Frente de Todos va a apoyar un ajuste como el que está en marcha, que también atenta contra las posibilidades electorales del propio oficialismo. ¿Qué postura adoptará finalmente?

— La verdad que no lo sé. La propia Vicepresidenta fue la que dijo que un bastón y una banda no eran poder. Bueno, veremos qué hace con el poder que claramente tiene y cómo contribuye a mejorar la situación del país. A mí lo que me preocupa es eso, la devaluación, la administración del tiempo de cambio, la distorsión que existe. Que los laburantes no lleguen a fin de mes. Que tengamos este mapa laboral. Que los argentinos de 15 a 29 años estén en un 44,2% en la pobreza. Que los de hasta 15 años estén en un 50% de pobreza. Que haya casi un 40% de pobreza. Que la canasta básica sea de 111.000 pesos y que haya muchos trabajadores que están por debajo de esa canasta básica aun teniendo derechos. O sea, tienen derechos laborales, pero no tienen derecho a no ser pobres.

— ¿Le preocupa la derrota electoral del Frente de Todos?

— Desde el peronismo tenemos que estar más preocupados por debatir un proyecto de país que un proyecto electoral. Porque en el 2019 se ganó y la consigna fue “volvimos para ser mejores” y los resultados están a la vista.

— ¿Qué opina sobre Alberto Fernández, que quedó muy desdibujado porque parece que el presidente de la Nación en realidad fuera Sergio Massa?

— Alberto empezó este gobierno con mucha expectativa por parte de la sociedad. Esa expectativa fue bajando y cuando vi que para tomar una medida que correspondía al área donde estoy había que hacer un tour de ministros y después no sabías cuál era la decisión, dije: “Esto se va a complicar”. En ese momento, antes de mi renuncia al Frente de Todos, ganábamos la elección en la provincia de Buenos Aires. Yo dije: “Me voy ahora porque si me voy después de la victoria o de la derrota van a decir que tuvo que ver con el resultado”. Tenía que ser sincero conmigo. No estaba cómodo. No se estaba debatiendo ningún proyecto. Alcancé a ver con claridad que todo era “hacemos lo que podemos”.

— ¿Estaba incómodo con La Cámpora?

— Estaba incómodo con una postura de crítica permanente al Gobierno y a la figura del Presidente.

— Se refiere al kirchnerismo.

— Obviamente. Se ve el desgaste que ha sufrido Alberto. Ahora bajó un poco. La presencia de Sergio Massa significa también achicar esos márgenes para jugar. Porque nadie se quiere hacer cargo del ajuste. Por eso también discutí adentro de la CGT: “Se despegan los que están adentro y nosotros que estamos afuera no nos animamos a hacer un reclamo”. Ni uno. Por eso que lo primero que tiene hacer la política y el sindicalismo es sincerarse. A partir de que nos sinceremos y digamos “che, hay que hacer estos ajustes”, no lo dibujemos de otra manera. No digamos reparación. Cuando se cambió la fórmula de los jubilados significó una pérdida de poder adquisitivo para los jubilados. No digamos que es una reparación histórica. No le pongamos ese título. Digamos “che, estas son las cosas que hay que hacer porque se hicieron mal en el gobierno anterior”. Ponele que sea así. Pero me parece que la política y el peronismo en particular tienen que empezar a sincerarse. Si perdimos, perdimos. Y perdimos porque hicimos mal las cosas. A todos nos toca perder y ganar en la política y en la vida.

— ¿No siente que haya habido autocrítica hasta ahora por parte del peronismo?

— No, hay peleas. Hablé con dirigentes hace unos meses: “¿Cuándo vamos a decir algo? Vos no estás de acuerdo con esto, yo no estoy de acuerdo con esto, aquel tampoco está de acuerdo con esto”. “En agosto”, me decían. ¿Y por qué en agosto? “No, ahora no es el momento”. ¿Y cuándo es el momento?

— ¿Cree que en el peronismo le tienen miedo a Cristina Kirchner?

— No sé.

— Ya se ha demostrado que no es imbatible desde el punto de vista electoral ni político porque ha cometido muchos errores y, sin embargo, en el peronismo nadie la critica ni se anima a discutirle y todos siguen mansamente sus dictados. ¿Por qué?

— Gran parte del sistema político se ordena con el poder. Hay muchos dirigentes políticos, no digo todos, que son muy valiosos. Yo rescato a los tipos que han sabido enfrentar al poder, habiendo pagado costos y perdido. Eso se llama embarrarse.

— ¿A quiénes?

— A Massa lo respeto. Muchos lo critican porque dijo esto, dijo lo otro, pero en la política muchas veces se dicen cosas y después se hacen otras. A De la Sota lo respeté mucho. A Hugo Moyano lo respeto. Se ha plantado con todos los gobiernos.

— ¿Y a Cristina Kirchner?

— Cristina es una dirigente muy importante del peronismo, del kirchnerismo… El kirchnerismo no entra dentro del peronismo. Está en una postura en donde la construcción de consignas tal vez muchas veces la haga negar que hay cosas que van más allá de las posturas ideológicas o de las construcciones mentales que se pueden hacer para dar debates políticos. O sea, es satisfacción de necesidades, no son consignas. Y hoy la realidad es que Cristina es parte de un gobierno, del cual yo no soy parte, que tiene un 50% de pobreza entre los jóvenes. Me cuesta decir que es un gobierno peronista. Es algo que hay que replantear. No estoy poniendo el “peronómetro en ningún dirigente”. Lo que sí estoy diciendo es que hay un 50% de pobreza entre los jóvenes. Después podés tener excusas de que “la pandemia, la guerra, Macri, el endeudamiento”, todo lo que quieras, pero gobiernan desde hace tres años. Hay quienes se despegan desde adentro del Frente de Todos, pero yo estoy afuera y lo mínimo que puedo hacer es ser crítico. Si pretendemos ser parte de un gobierno popular tenemos que replantearnos qué proyecto queremos para darle soluciones a la sociedad argentina.

— No me contestó si cree que le tienen miedo a Cristina Kirchner.

— A mí no me inspira miedo.

— ¿Y al resto de la dirigencia?

— No sé, tendrías que preguntarles a los demás.

— Igual es cierto que el peronismo en general está en discusión.

— Hasta la marca peronismo está desgastada. Por eso a los que estamos afuera del Frente de Todos, inclusive teniendo responsabilidad y sentido de pertenencia a una doctrina, nos cuesta intentar contribuir a que esto se ordene. Bancar la gobernabilidad y también ser critico y reclamar no es fácil, pero hay que hacerlo. Un dirigente sindical no puede no reclamar ante esta situación. Es inaudito. No tiene el derecho a reclamar, tiene la obligación de reclamar. Y el peronismo tiene la obligación de replantearse no un proyecto electoral sino un proyecto de país.

— Usted tiene una postura distinta de la dirigencia promedio en muchos temas: ¿coincide con la postura de su hermano Pablo de demonizar al empresariado?

— No. Demonizarlo sería eliminar al empresariado. No tiene sentido.

— ¿Y esto lo habla con su hermano y su papá?

— Hay actitudes empresarias malas como actitudes sindicales malas. Otra cosa es decir que el empresario es malo. Eso sería una locura. Eso no se puede permitir. Aparte no está dentro de la alianza policlasista de la que hablaba Néstor Kirchner. La Argentina es mucho más que empresarios y trabajadores. Hay un montón de otras franjas y de otras expresiones sociales que tienen que estar confluyendo en un proyecto común. Tiene que ser una comunidad organizada con un Estado que dé respuestas a las demandas de todos los sectores. Tenemos que empezar a buscar soluciones, pasar de la posición de crítica a la posición de propuesta. Eso es dar el salto a la política. El otro día me hicieron una entrevista y me preguntaron por qué la CGT no tiene un proyecto político y solamente exige. ¿No tiene un proyecto político el Gobierno y se lo pedís a la CGT? Más allá de lo que se pueda discutir hacia adentro del sindicalismo, hay que construir un proyecto político para el país.

— Usted se quedó solo cuando propuso rediscutir la legislación laboral. También cuando fue diputado y presentó un proyecto de democratización sindical. ¿No fue comprendido?

— Muchos me criticaron no porque decían que debilita el modelo sindical. No, lo fortalece. Lo que debilita al modelo sindical es la falta de democracia sindical. Porque es lo que hace que al no haber democracia te armen otro gremio por allá, otro gremio por acá y ahí es donde está el dirigente que se aleja cada vez más de los trabajadores. Estoy a favor de que haya un recambio porque oxigena la organización de los trabajadores. Ahora, la realidad es que si seguimos avalando estatutos tan restrictivos van a empezar a nacer los conflictos y va a empezar a proliferar mucho más el ámbito sindical. Como está pasando. Estuve el otro día con delegados de Mar del Plata de la UTA. Tienen todos los delegados. Les pregunto: “Che, ¿ganan? “Sí, en Mar del Plata ganamos, pero como es lista sábana se puede perder la elección nacional porque el estatuto exige condiciones incumplibles; es más difícil ser secretario general de la UTA que presidente de la Nación”. Así por supuesto que va a haber tipos de 90 años al frente de los gremios y trabajadores que están por debajo de la canasta básica.

— ¿Su papá y su hermano no le criticaron esta postura? Porque ellos también son beneficiarios de este sistema que impone la reelección perpetua en los sindicatos.

— La diferencia que hay, respecto no a la perpetuidad, pero sí a la legitimidad, es que hay un voto directo y que los salarios de los camioneros son peleados siempre por sus dirigentes. Eso es algo para reivindicar. Por supuesto que después hay miradas que tienen que ver con el contexto, con la cuestión generacional, pero creo que son discusiones que en algún momento se van a tener que dar.

— ¿Cómo se procesan las diferencias políticas en su familia? Porque Hugo Moyano apoya a Alberto Fernández, Pablo es más cercano a Cristina Kirchner y usted mantiene una postura autónoma. Deben ser difíciles las comidas familiares, ¿no?

— Cada uno tiene su decisión. Eso mismo explica el desorden político que hay. Uno está a favor de Cristina, el otro de Alberto… ¿Pero cómo, si Cristina eligió a Alberto y son parte del mismo gobierno? Ese es el desorden político que tal vez lleva al desorden sindical. Cuando tuvimos un gobierno con autoridad presidencial que ordenaba la política, hubo una CGT lineal. Con Néstor Kirchner, por ejemplo. Conducía claramente el peronismo, inclusive en la derrota electoral, y la CGT siempre estuvo unificada con un solo secretario general. Más allá de algunos años en que hubo pérdida de poder adquisitivo, como en 2010, después siempre se recuperó el salario. El desorden político hace que también haya un desorden sindical Hoy es muy difícil hasta acordar una consigna en una marcha de la CGT.

* Para www.infobae.com

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